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Entra y siéntete en casa...

domingo, 28 de junio de 2015

A barlovento




Cuantas veces pasé por su lado, como ausente, perdida entre la multitud anónima, mirando el paisaje y sus gentes como el nómada que no pretende quedarse.

Él tenía nombre de Rey aunque sólo reinaba en su pequeño mundo de piedras y energías. Sonreía con facilidad y te contaba historias, de lo que fue y a las tormentas que se enfrentó hasta que  decidió ir  contra el viento, en contra de todo lo que imaginó sería su vida, antes de que perdiera su casa, su familia y su dignidad como ciudadano. 
Ahora era nómada de las costas, regalaba sonrisas y miradas de ensueño.  Tenia la ternura torpe de quien nunca ha sido amado y debe improvisar.

Cuantas veces pasé por su lado sin poder evitar parar  para saludarle y comentar cualquier cosa solo para que me contara alguna historieta de las que siempre terminaban en risas. 
Traía tanta luz que iluminó cada esquina de mis días. No sentí ningún dolor, yo creía que era el ruido de un río arrastrándonos. Tenía tanto amor encerrado en el pecho  que por si no nos fuéramos a ver más me guardé su mirada en el  bolsillo.

Ya no temo a las mareas que vienen y van porque siempre he sabido navegar a barlovento. 
Siempre he sido como el naufrago que planea salir de su naufragio.
Siempre me he sentido como el nómada que no pretende quedarse.




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Barlovento:  Un término marino que indica el sentido contrario al que siguen los vientos dominantes, dicho de otra manera, la dirección desde la cual llega el viento.




jueves, 25 de junio de 2015

Gentes






Encontrarás muchos tipos de personas en tu vida…
Gente buena que te dará felicidad, gente mala que te dará lecciones, 
gente maravillosa que te dará recuerdos y gente auténtica, de esas que tienen su punto de locura, buen corazón, su toque de rebeldía y sus infiernos. 
Esas personas con sus demonios, te darán los mejores momentos…



martes, 23 de junio de 2015

Abrazo, disculpa y lo siento



Que no se nos olvide que equivocarse es de humanos, que cometer errores forma parte del viaje que es la vida, que es normal en determinados momentos dejarse dominar por la rabia, por la ira…
 Perder los nervios en algún instante donde todo nos desborda, decir cosas y después arrepentirse o pensar que podrías haberlo hecho de otro modo… 
Nadie en este mundo está exento de cagarla alguna vez. Así que no hay que atormentarse por los errores, simplemente aprender para no volver a cometerlos de nuevo, por lo menos no los mismos. 
Eso sí cuando un@ se equivoca, hay que tomar las medicinas para los errores y tormentos, se llaman…
 Abrazo, disculpa y lo siento. 

sábado, 20 de junio de 2015

CereZos en flor


Tenía que marcharme sin ti.
Tomé un camino desconocido  aquella mañana  de cuervos negros,  el whisky de la noche anterior aún corría por mis venas, metí todas mis pertenencias en la vieja mochila y arranqué el Volkswagen que te regalé en navidad.
Sentía con alivio como la carretera me alejaba de tu lengua de arpía,  de tu belleza de sirena y tus malignos planes de devorar mi alma de hombre.
Después de varias horas, de un tiempo sin reloj,  decidí desviarme por los caminos comarcales. Esos que se adentran por los más bonitos rincones del territorio nacional.
Algo me hizo parar junto a ese puente, bajé del coche, cansado y entumido por las horas de conducción.  Pasee por la orilla de un afluente desconocido. Una tarde sin viento  y un paisaje de postal, sólo se podía escuchar el rumor del agua y el crujir de mis pisadas en el suelo. Recordé a Eva, mi hermana, le encantaba  pasear entre los cerezos en flor en el pueblo de padres. Mientras cruzaba el puente de madera, pude recordarla aquella última primavera, ya enferma y agotada, paseando entre el malva de las flores tan efímeras como su delicada y débil existencia.
La puerta carcomida que esperaba al final del puente estaba encajada y mi curiosidad hizo que la empujara para ver más allá...

Una muchacha enclenque, con el pelo rizado hasta cubrir sus prominentes pechos me sorprendió, terminó de abrir ella la puerta, y me miró con sus grandes ojos rojos.   Fue entonces cuando tuve que dar un par de pasos atrás, volteé mi mirada y descubrí petrificado que no había nada más allá de ese jodido puente, ni campos, ni carreteras, ni tan siquiera mi  flamante Volkswagen.
 Volví a mirar a la mujer que me esperaba aún tras el umbral de la puerta, la reconocía perfectamente, ella por su expresión de satisfacción también debía reconocerme.

"Bienvenido a casa"  Esbozó con voz pausada.

Era ella, la última vez que la vi fue en aquel hostal de mierda, rebosada de whisky y pastillas,  la emborraché lo suficiente y un poco más para que no recordara al día siguiente las cosas que iba a aprender aquella noche.
Ahora estaba allí, en un lugar indeterminado en mitad de la nada.

Una ráfaga de aire hizo que los árboles se agitaran y las flores fueran arrastradas por el viento, como una lluvia de recuerdos, los únicos que tenía con sentimientos nobles y amorosos. Miré por última vez los cerezos en flor, que se  desvanecían como el recuerdo de mi hermana, de padres y de ciruela - mi perro a los 8 años- . Atravesé aquella puerta... un alma seca,  llena de tretas, odio y cuervos negros.  Atravesé la puerta masticando azufre y gruñendo el nombre de quien me había arrastrado a los infiernos.

Tomé un camino desconocido  aquella mañana  de cuervos negros,  el whisky de la noche anterior aún corría por mis venas... este viaje se hace solo, así que...
Tenía que marcharme sin ti.




* a M. Vera
Gracias por el reto*


miércoles, 17 de junio de 2015

etapas y perdones



El reloj marcaba un poco más de las seis de la tarde.  Una repentina e inesperada tormenta de primavera la había sorprendido a la salida del trabajo. Tomó el bus a pocos metros de la oficina y fue directa a casa.

Eduardo estaba sentado en el sofá leyendo un libro acompañado de su segundo café de la tarde.  La escuchó llegar. Sintió sus pasos presurosos, como si llegara huyendo de algún peligro inminente,  llegó al salón  y se paró un instante en la entrada, empapada de la lluvia, agitada y temblado por la falta de costumbre de correr. Él la miró desconcertado, ella asustada como una niña pequeña se sentó en el suelo y se abrazó a sus rodillas.   "Pero, que te pasa mi niña"
" Hoy ha sido un día largo, he pensado en ti constantemente, no quería llamarte e interrumpirte en tu trabajo, sólo quería escucharte, tenía que contarte tantas cosas, ahora cuando estoy a tu lado, todo vuelve a la calma y nada parece difícil ni complicado, seré buena chica y no habrá más reproches,  ni de tu pasado, ni de tus mujeres, ni de nada que se salga de nuestro presente y de tú y yo. Haremos ese  viaje que deseas tanto juntos, no sé lo que me pasa, me he dado cuenta hoy, mientras  desayunaba en la cafetería del trabajo, que soy demasiado fría e independiente, que no te di un beso al marcharme esta mañana,  y eso me hizo que me doliera en el alma porque te quiero,  y quiero quererte, y quiero estar contigo, y  quiero morir, así en tus brazos"

"No seas tan melodramática, yo también quiero estar contigo, si estoy aquí es porque te elegí, porque te quiero a ti y a ninguna otra, compréndelo.  No me gusta que me recuerdes con tu sarcasmo irónico mi vida con otras mujeres, porque hoy mi mujer eres tu.  Y yo no quiero morir... ni siquiera en tus brazos.  Quiero vivir, con alegría y con cierta locura. 
Anda vamos, levántate y  sécate, cogerás una pulmonía"

La mujer se fue al dormitorio donde se quitó toda la ropa empapada, Eduardo le acercó una toalla, "me apetece ducharme con agua caliente"

Eduardo puso toda la ropa sucia en la cesta para lavar, La muchacha recorrió desnuda buena parte del pasillo en penumbras.
Él se sentó unos minutos en los pies de la cama escuchando como caía el agua de la ducha. Meditó un momento, no demasiado, siempre tuvo las ideas muy claras...

Entró en la ducha, desnudo, al mirarla le sonrió. Ella se quedó un tanto parada. "Hacemos entonces las paces" dijo a la vez que cerraba la puerta de la ducha. "Claro que si"


Siempre es difícil aceptar la vida pasada de las nuevas parejas, es fácil reprochar lo que se piensa se hizo una vez y no se hace ahora. Todos vivimos varias vidas, varias etapas en nuestra propia evolución a lo largo de los años. Con seguridad, muchas de las cosas y errores que cometimos en algún momento seríamos incapaces de realizarlos hoy. Tenemos que pensar y vivir en presente, y valorar a las personas por quien son hoy, no por lo que fueron ni por lo que serán. Con seguridad serán/seremos personas totalmente distintas, con valores y pensamientos tan opuestos, que si meditamos un poco nos costaría reconocernos a nosotros mismos.
Con el tiempo se aprende que no hay que ilusionarte con unas palabras bonitas, un te quiero, un me gustas, ni con la belleza de sirenas ni de adonis... en cierta etapa de la vida, ya no significan nada.






domingo, 14 de junio de 2015

Mi marea



Eres la marea que sube, la ola que sorprende,
que invade, que me llenas de tu sal infinita.
Trepas en mí sin permiso,
conquistas mi orilla,
te escurres por mis recovecos y me atiborras con viejos recuerdos abstractos.
Eres la marea que sube,
y en este caos de conquista vikinga y delirio emocional,
me descubro masticando tu nombre como si me supieras a sal,
a conquista, a luz de un horizonte inalcanzable,
a agua clara de tu manantial.


jueves, 11 de junio de 2015

Amantes


Como en un bosque de helechos donde los rayos del sol se filtran por los árboles gigantes. Como en un vergel cálido y húmedo...
Como enredaderas nos enredamos, las piernas se abrazan, los brazos acarician con suavidad,  inmóviles sin intensión de más nos miramos, desnudos entre las sábanas blancas con perfume a lavanda.  Imperceptibles movimientos, como las hojas de los árboles en una tarde sin brisa, cálido aliento, suave beso que derrite nuestro pudor como azúcar en nuestras húmedas lenguas de fuego. Déjame acomodarme en tu tórax palpitante, refrescarme con tu sonrisa  mi ilusión, delinea lentamente el borde de mi cuerpo, y reposa sereno en la desnudez de mi alma. Besos sigilosos, sin prisas, frescos como las tardes de primavera. Guardarme entre tus manos como cosa bonita que encontraste en el camino.  Atrapados en nuestros brazos de enredaderas, mecidos por las caricias, alimentados por los besos.
Como en un bosque de helechos donde los rayos del sol se filtran por los árboles gigantes. Como en un vergel cálido y húmedo... 






lunes, 8 de junio de 2015

Punto de inflexión II






Era finales de primavera cuando aparcó su motocicleta triumph bajo el techado de los viejos aparcamientos.
Entró con la sensación de volver a sus pensamientos nocturnos, como si estuviera en ese sueño que le había acompañado durante tantos años.

Se sentó en la barra, una jovencita pelirroja le atendió después de un par de minutos.  Preguntó  por Rodrigo -el dueño-, la muchacha lo llamó y salió con  expresión de expectación.

"Dios te bendiga amigo"  
Se acercó a Ernerto y se dieron un abrazo de lo más masculino, dándose unas palmadas en la espalda. Aunque Ernesto siempre moderaba su efusividad y fuerza.

Hablaron un poco del tiempo que había pasado y de todos los acontecimientos, de los paises en los que había trabajado. Siempre había querido  volver, se había pedido un año libre, había ahorrado lo suficiente para ello.
Bebió el último trago de la birra helada que le puso la pelirroja. Rodrigo le puso otra de seguido. 

" Y Carolina?"
"Ya no está con nosotros"

Ernesto frunció el ceño... era demasiado tarde.  Había esperado demasiado tiempo para volver, nadie en su sano juicio espera  seis años a alguien que no le da esperanzas de volver.

"Pero no te apures Ernesto, Ven.... "  dio una palmada en el hombro de Ernersto para que se levantara y le siguiera... Llegaron a la puerta de la cafetería. "No se ha ido muy lejos" Terminó de explicar justo en la esquina de la cafetería. "Ves aquella puerta? la de madera... ahora es enfermera en el centro de salud"
"Está bien? "  Ernesto tuvo en ese momento miedo a la respuesta.
"Si, bueno ha cambiado en estos años, pero quien no cambia. No amigo?"


*

Llamó al timbre, un par de veces.  Tras la puerta apareció una mujer con un vestido de gasa,  con motivos florales y corto por la rodilla. El pelo cortado a la altura del hombro, descalza y  con aspecto risueño.

Carolina subió la mirada hacia el hombre que esperaba en el umbral de la puerta.  No esperó a que dijera una palabra, dio un par de paso y se hundió en el pecho del hombre, era tan grande como lo recordaba. 

Ernesto descubrió con asombro y alegría que aquella jovencita ahora una mujer tuviera empapelada todo un lateral de una de las paredes del salón con todas las postales que le fue mandando. Ella fue paciente y supo esperar. Había vuelto a los brazos de Carolina. A las noches en compañía. A un pueblo amable. A una vida sencilla.

En la parte trasera de la casa, tenía un gran jardín, donde las flores y la siembra de algunos productos ecológicos hacían su vida más sana. La piscina se camuflaba entre todo el vergel dando la impresión que era un lago en mitad de un microcosmos amazónico.

Por las tardes Ernesto se dedicaba al cuidado del huerto. Después se daba un baño en la piscina.Sin darse cuenta habían pasado tres meses, el verano estaba en su mayor esplendor.

... Aquella tarde el calor apretaba, Carolina decidió acompañar a Ernesto en la piscina. Él daba grandes brazadas, provocando grandes ondas en el agua, como si fuera un gran pez el que se le acercara. Jugaron un poco en el agua, Carolina se subió a la espalda de Ernesto, y éste la arrastró con él hasta lo más profundo de esa piscina, se giró, se agitó,  la tuvo junto a él, frente a frente.

"bésame"
"bésame Ernesto" repitió Carolina ante la pasividad del hombre.

Él se acercó a ella, la abrazó bajo el agua, sintió como las piernas de Carolina abrazaban su cintura, acarició su rostro, acercó su boca a la de aquella mujer, la saboreó,  le dio mil besos;  por cada noche que la soñó, por cada momento que la pensó. Recorrieron el estanque en espiral, formando remolinos, exaltados, excitados,  y ya desnudos, en aquellas aguas agitadas, Ernesto entró en Carolina como la marea que sube, suave, cauteloso, sin prisa pero raudo e implacable como el guerrero que conquista, ella se rindió a él como si su piel fuera la tierra fértil.

Ernesto fue el que invadió, el que conquistó, el que se adentró como explorador en unas tierras deseadas y soñadas pero fue Carolina la que reinó.

Aquel año pasó rápido, para entonces Ernesto tenía un trabajo en una empresa de construcción y nunca vio el momento para alejarse de aquel pueblo, nunca vio el momento para alejarse de Carolina.




jueves, 4 de junio de 2015

Punto de inflexión




Ernersto era un hombre grande como un oso. Trabajaba en la construcción del puente del Norte, llevaban construyéndolo dos años y aún quedaba uno más para terminarlo. Desde entonces se hospedaba en una de las habitaciones de la planta superior de la cafetería Canadá la cual era económica y limpia. 
Al finalizar su jornada laboral, Ernesto se tomaba unas birras con los compañeros del trabajo. Después, una vez que todos marchaban pedía algo para cenar y se arrastraba escaleras arriba, con los pantalones medio caídos, bamboleándose hacia los lados preso del cansancio y el adormecimiento cervecero. Entraba al baño, se desnudaba, se sujetaba el pene frente al bater y orinaba, entraba a la ducha y tras ponerse unos calzoncillos, se desplomaba en el catre. Se aseguraba que el despertador estaba activado y dormía.
Ernesto no cerraba la puerta con llave, ni echaba el pestillo, sabía que de vez en cuando tenía visita.


Ella era menuda, delgada y exótica como bambú en los campos perdidos de china. Tenía unos ojos grandes y rasgados y una sonrisa que provocaba que se le marcaran los hoyuelos en las mejillas.
Tuvo que recorrer un largo camino de desventuras hasta llegar a la cafetería Canadá. Había pasado seis años de aquello, tenía un buen sueldo, un medio hogar en la habitación número 7 de la planta superior de la cafetería y una familia constituida por los compañero de trabajo y el matrimonio dueño de la cafetería. A sus 26 años no aspiraba a mucho más. 

Cuando vio por primera vez a Ernesto, preguntando por las habitaciones que se alquilaban,  le pareció el hombre más grande que había visto en su vida, le recordó a los dibujos de los leñadores que ilustraban sus libros de infancia, tenía acento extranjero y se le notaba que se esforzaba para hacerse entender. 
Carolina le atendió siempre. En las primeras ocasiones fue producto del azar, sin embargo, con el tiempo tan pronto le veía llegar le atendía sin hacerle esperar. Había comenzado a conocerle y a tenerle cierto cariño.  Más de una noche la había esperado hasta terminar el turno sólo para compartir cena y hablar de esas cosas que habían descubierto que les unía. 

Había noches que Carolina pasaba de largo la habitación número 7 y entraba en la del final del pasillo. Siempre estaba abierta. Se descalzaba y entraba al catre por la parte de los pies, gateando por el colchón hasta llegar a la altura de la almohada.  Ernesto se movía un poco para dejarle un poco más de espacio, le atusaba la melena, no hablaban, no se decían nada, rara vez el hombre le regalaba el gesto de darle un beso en la cabeza, se acoplaba a la espalda de la muchacha y dormían. Él nunca tuvo intensión de propasar ese gesto de compañía nocturna, veía a Carolina demasiado joven y vulnerable. Alguna noche tuvo que luchar contra el instinto.
Ella buscaba el cariño y la compañía sin explicaciones ni cláusulas, después de las primeras noches de incertidumbre, cuando descubrió que Ernesto no reclamaba sexo, todo fue mas fácil, mas cómodo y natural, veía a  Ernesto como un GiGanTe protector, demasiado hombre,  demasiado maduro.  Aún así... Alguna noche tuvo que luchar con las ganas de besarle.


*


Aquel años transcurrió rápido, Carolina había escuchado rumores, pero la tarde en que vio a Ernesto pagar la cuenta completa y despedirse de los dueños de la cafetería supo que había llegado el día de la despedida.
Le preparó un café como a Ernesto le gustaba. Él se sentó en un taburete de la barra.

"Te echaré de menos"  Le dijo al ponerle los dos sobres de azúcar junto a la taza.

Ernesto la miró. Deslizó la mirada hasta la taza y echó el azúcar.  En silencio daba vueltas con la cucharilla.
"Voy al norte, a Finlandia... dos años, no estoy seguro de que pueda dormir sin ti, no me he dado cuenta hasta  que he pensado que ayer fue la última... "

Carolina lo escuchaba al otro lado de la barra, con las manos apoyadas en la encimera, a pocos centímetros del café humeante.  Ernesto posó su mano sobre una de las de Carolina y susurró:

"gracias..."

"¿Volverás?" No quiso plantearle esa cuestión, lo ponía claramente en la obligación de decirle que sí, pero su  corazón traicionó a la razón.

"No lo sé, difícilmente. Pero quiero volver, quiero volver con Carolina"  Expresó con un lenguaje difícil de entender, como cuando era un recién llegado y chapurreaba el idioma.


*


Todo volvió a ser como tres años atrás, al menos aparentemente porque algo había cambiado, ahora debía aprender a vivir sin la presencia de aquel hombre rudo, el hombre más grande que había visto nunca, ahora tendría que retomar una forma de vida que había olvidado vivir...
Carolina no dejó de esperarle.

El nuevo proyecto finlandes hacía trabajar duro a Ernesto y sus compañero, cuando llegaba al catre, aunque estuviera muy cansado siempre tenía un segundo que pensaba en ella. Todo volvía a ser rutina en un nuevo país, pero él sabía que no era como siempre, ese último pensamiento era suficiente para saber que ahora tenía un lugar donde volver...
Ernesto no dejó de pensar en volver con Carolina.





martes, 2 de junio de 2015

Creación III



Bruno se sentaba cada tarde en el restaurante de su amigo Nicola. Allí se tomaba su cervesita en copa y cenaba. Allí la veía pasar cada tarde. Destacaba entre toda la multitud, le gustaba verla llegar, cada día con un vestido, con el pelo recogido, o con una coleta. A veces portaba un bolsito pequeño, otras uno de grandes dimensiones...  mientras la observaba siempre se le escapaba una sonrisa,  era la mujer más bonita que había visto nunca.

"No la mires más y acércate a ella" le dijo una vez más su amigo Nicola al dejarle la cuenta de la cena en la mesa.
"Si, algún día... " dijo soltando un par de billetes más uno extra de propina.

"No te  entiendo, teniendo un BMW en el garaje te empeñas en coger esa bici cutre"
"porque esta bici es mía y el BMW es del desgraciado de mi padre"

Bruno provenía de una familia adinerada. Toda su infancia y buena parte de la adolescencia había estado bajo el yugo de su padre, había sentido la correa de aquel hombre en su espalda y había tenido que sobrevivir al desprecio y al maltrato verbal de aquel hombre que tenía que llamar padre.
A los 16 años se marchó con un tío - hermano de su madre- al sur de Italia, allí se curó el cuerpo y el alma. Volvió a los 35 años para recibir la herencia. Su madre murió tiempo atrás, fue repentino e inesperado, Bruno siempre pensó que fue una buena muerte, de repente, en su cama.
Al  recibir la herencia, lo vendió todo menos la casa en el sur y el jodido BMW que nunca le dejó probar. Fue en él a firmar los documentos de la herencia, lo aparcó en el garaje y nunca más volvió a utilizarlo.

Aquella tarde podría decirse que era una más, pero Bruno  se levantó de repente de su mesa habitual y  le hizo un gesto a Nicola para advertirle que volvería.  Cogió su bici y se dirigió a la " Boutique del pan"  supo exactamente en qué momento llegar. Llegó a la puerta y con el cuerpo echo un manojos de nervios le dijo a la mujer que miraba cada día en la distancia que si podía hacerle un favor...
Al salir le pidió disculpas  y se presentó. Ella le dijo que lo conocía, había comprado un par de cosas en su tienda de antigüedades.  Él la hizo reír en un par de ocasiones.  Al estar cerca de ella, escucharla hablar y oler su perfume supo que era la mujer de su vida. Tenía que hacer algo para que ella se fijara en él  así que le dio la tarjeta de su tienda para que volviera y ya que se conocían podría hacerle un buen descuento.
Volvió al restaurante y cenó con aquel pan que le supo a gloria.

*

Seis meses después, había conseguido ser alguien para ella, Snow le había dicho un  par de veces con una naturalidad exquisita  que lo quería,  Bruno había dejado de ver la belleza de su rostro y de su silueta para descubrir su autentica belleza, la de su alma y corazón de oro.  Nunca había sentido el cariño y afecto de las personas hacia él, así que cuando ella se preocupaba por él se sentía extraño y no sabía muy bien como actuar.
Un día quedaron para almorzar, era el mejor momento para verse y hablar, por las noches estaban demasiado cansados para conversar.  Aquél día Bruno la acompañó a la oficina, le compró unas flores en una floristería que se encontraron en el camino. Descubrió el rostro de Snow, sorprendido, ruborizado... Nadie le había regalado flores nunca. Así se lo hizo saber.  A Bruno le pareció aquello inverosímil, no pudo evitar abrazarla, ella se dejó abrazar y entonces junto a la fuente de los jardines del centro, entre el puestecillo de  golosinas y  las mesas de la cafetería Bruno la besó, fue un suave y discreto beso, fue como una estrella fugaz,  no le pareció el lugar adecuado pero el momento era el perfecto. 
A partir de ese beso todo fue a mejor, estando los dos juntos todo parecía fácil, el mundo era mas amable y poco a poco fueron ampliando el margen de tiempo que compartían hasta que sin apenas darse cuenta Bruno despertaba cada mañana al lado  de la mujer de su vida. Snow comprendió el verdadero sentido del amor, estar con Bruno no tenía nada que ver con el recuerdo que tenía de las relaciones anteriores. Aquello era otra cosa, no era obligación,  sentía la necesidad de estar a su lado, de despertar y sentirle cerca, poco a poco había crecido ese sentir dentro de ella. Había creado un sentimiento limpio y sin miedo. El amor, la complicidad, lo quiso a poquitos, y ahora se perdía en su mirada, se fundía en sus abrazos y se obnubilaba con sus historias de tiempos pasados.

Dos años después Bruno y Snow habían creado una pequeña familia de tres. El amor siempre llega, solo hay que creer en él...