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Entra y siéntete en casa...

viernes, 27 de febrero de 2015

Perdones y suposiciones



Nicodemo esperó 46 minutos en la puerta de la empresa en la que trabajaba su chica, su mujer aunque no tenían nada formalizado y apenas llevaban unos meses conviviendo.
La vio salir y se acercó a ella, hacía tres días que se marchó de casa tras una estúpida discusión.
Ella paró su paso al verle y le esperó.

Hola

Hola. He sido un estúpido, debí contártelo, al no contarlo se nos ha ido de las manos  y no quiero que esto termine. No estoy acostumbrado a compartir la vida,  el trabajo es una mierda, me ocupa la mayor parte del tiempo y olvido que ahora tengo alguien esperándome.  Martín vuelve a tener problemas y le acompañé a una de sus reuniones.  Debí llamarte lo sé, no pensé que te preocuparías tanto. 

Ella le abrazó con cariño

Metí la pata, lo siento.  Vas  dos pasos por delante de mi y yo voy un paso.... bueno, cinco pasos por detrás de ti, tenía miedo a que por haber asistido a esas reuniones pensaras, no sé... yo sólo quiero que veas lo mejor de mi.

Eso es lo veo Nico ... nunca he visto otra cosa que no fuera lo mejor de ti...  Bueno pues nos vemos a la noche.

¿si?

Claro, sólo ha sido una discusión, es normal.

Se sonrieron

Y si sirve de algo vas medio paso por delante de mi.

Volvieron a sonreír con cierta complicidad. Nicodemo la besó en los labios.

Has tenido que salir con unos tíos muy chungos...  (lo dijo con ese tono y esa mueca  que a ella le hacía tanta gracia )

Ni te imaginas


Ambos volvieron a la jornada laboral de turno de tarde.  Nicodemo volvió a la tranquilidad, suponía que no le iba a perdonar. Que le exigiría que volviera a casa pero para llevarse toda sus pertenencias.  Pero no, ella era paciente y se le notaba que estaba intentando con todas sus ganas que su relación saliera adelante.






domingo, 22 de febrero de 2015

De dinosaurios y Dragones


Quería tener una casa en las nubes.
Donde se viviera en sueños,  donde la música de acordeones y flautas fueran como arrullo  para las almas inquietas y desatadas.

Quería un dragón que cuidara de mi reino en nubes,  que se enroscara entre los nubarrones y rugiera los buenos días al amanecer y las buenas noches antes de que llegara la Gran luna llena perpetua en el reino de nubes.

Quería una gran cama con una ventana en el techo donde poder hablar con el dragón y escuchar sus historias antes de dormir...


"Había un hombre que amaba a los dragones.  Soñaba con ellos, hablaba con ellos y construyó un cometa con la forma de un Dragón.  Todos los días la volaba, soñaba y amaba esa libertad corriendo como el viento tras su brillante y majestuosa cometa.

Hablaban tanto de él que el viento le llevó el nombre de este hombre al Dragón Rey.

El Rey dragón decidió conocerlo, Se presentó en su casa, metió la cabeza por la ventana, la cola por otra...
El hombre se asustó al verlo, quiso salir corriendo despavorido pero el Dragón le gruño que no tuviera miedo, el viento le había contado lo mucho que amaba a los Dragones, le hizo una propuesta.

... Lo vio aquella tarde correr tras su cometa,  era una cometa que brillaba de forma  extraordinaria con la luz del sol y las tiras de colores se deslizaban como las barbas de dragón...

Si decides hacer volar esa cometa, será la  última vez que lo hagas ya que dejarás de ser hombre y te convertirás en eso que tanto deseas.
Y  es por eso que este dragón que te protege en tu mundo de nube tiene el prodigio de hablar..."


Quería un cofre lleno de besos, caricias y te quieros,
Quería  fuegos artificiales en la distancia y auroras boreales en casa.
Quería instantes pequeños y un Millón de cosas que no se pudieran cambiar por dinero.
Quería que cada huella que dejara en la vida, fuese recordada con una alegre sonrisa.
Quería una barca para fugarse con su dragón.... antes de que las nubes se disiparan, antes de que su reino de nube fuera un cuento más como los que le contaba su dragón cada noche... y descubriera los dinosaurios fosilizados en el jardín.
Quería un dragón que cuidara de mi reino, Quería tener una casa en las nubes...




- Gracias bro... por contarme cuentos-



miércoles, 18 de febrero de 2015

Las horas y Yo



Todos miramos el reloj continuamente. Medimos el tiempo acorde a las circunstancia y el momento.
Que el tiempo es relativo ya lo dijo un sabio mucho antes que yo.
En cambio mi tiempo no se mide en horas ni minutos.  Mi tiempo se mide en películas:

Tres horas ... Un Titanic
Hora y media... Un reservoir dog
Tres cuartos de horas...  Un The walking dead

Y  así mi mente puede hacer mil combinaciones para medir mi  tiempo.
Mi sobrino de ocho años lo entiende a la perfección, cuando me pregunta:

- ¿ Cuánto falta para que llegue papá ?

 Le respondo...
- Dos piratas del caribe: la maldición de la perla negra y la del cofre del hombre muerto . 
Con esta respuesta se pone muy contento, sabe que falta mucho para que su padre lo recoja y le da tiempo para jugar mucho.
Si mi respuesta es:

- Tres capítulos de Gumball 

Es otra historia porque sabe que le queda muy poquito, media horita.




lunes, 16 de febrero de 2015

Historias de vida





... Y en ese momento te das cuenta de que todo ocurre sólo una vez, de esa forma y en ese tiempo. 
Tienes ganas de vivir esos días pero eso no es posible, porque todo cambia; las personas, el tiempo, el lugar...
Podrás dar mil abrazos, pero nunca igual al que quieres repetir, mil besos, mil risas.
Tienes ganas de volver, pero también de seguir donde estas, añoras el pasado pero adoras el presente.
En ese tiempo vivías en un cuanto lleno de felicidad, con amigos de toda la vida y de sentimientos positivos.
Ahora toca vivir otro cuento, quizás no malo, pero nunca igual. 
Ahora eres mayor que antes; has conocido la maldad que puede tener un ser humano, has aprendido y tienes otro ambiente y amistades. Ese cuento está presente ahora, pero, el antiguo siempre estará vivido y siempre sabrás la historia.
No tiene que ser completamente pasado, porque en tu presente quieres a personas que nunca serán pasado.  Personas que quieres tenerla siempre a tu lado, personas especiales que terminan estando en todas tus historias...



- Ana Sánchez. 11 años-

(Mi ahijada )







jueves, 12 de febrero de 2015

Un día como hoy...



Cierro los ojos y creo verle, ahí frente a mí, en la penumbra.
Con sus imperfecciones perfectas, con su mueca de risa muda,
tan distinto a todos.

Siento su presencia; mi corazón late como un reloj suizo. Mi interior es como un bosque de mariposas monarca. Me agito. Me inquieto. Me enciendo.

Escucho su voz de lejos; Me envuelve, me provoca tranquilidad y sosiego.
Se acerca a mí como un espectro atemporal,  como un encantamiento,  como una visión que me seduce, me envuelve en viejos sueños perdidos, en nuevas quimeras, en nuevos tiempos, cubriéndome de una perturbada fascinación por mi conocido afán de idealizar.

Le siento cerca;  me hundo en su jersey de lana, me aplaco, me sereno...
Cierro los ojos y creo estar en sus brazos.
Con sus topes movimientos y sus frases elocuentes. 
Con su sensibilidad difuminada.  
Con sus contadas atenciones y escasa delicadeza en los momentos necesarios...

Me hundo en él añorando las sensaciones que perdí en el camino. 
Encontrando nuevos pecados, 
curiosas conexiones que nos unen,
y vuelvo a tener esa mirada de lobo solitario que deambula antes de acercarse...

Con sus imperfecciones perfectas,
con su mueca de  risa muda,
en la penumbra, vuelve como un espectro sin identidad ni tiempo.
Ahí está frente a mí, su voz me envuelve y sus brazos me acogen.
Creo verle y cierro los ojos porque un día como hoy...
 no sé si eres el que marcharte de puntillas o el que has llegado como el viento.





"Se abrazaron y se besaron...
Y el uno arrinconó la oscuridad del otro,
creyendo en la luz del otro,
creyendo en el sueño del otro"


-Hubert Selby Jr.-




domingo, 8 de febrero de 2015

Mentes coincidentes ~4~



Ya sabéis quien soy, suelo pasar algún ratito en la jaula de la entrada de casa de Eloy. Un esnob capullo  que se cree irresistible para las mujeres.  Pobre féminas,  llevo aquí en calle Rondolfo,27 tres años y ya llevo vistas cuatro ilusas.  Pero claro,  el mayor iluso que he conocido es el empanao de Daniel. Se lleva estudiando todo el día, trabajando a duras penas para tener su propio dinero. Se enamora de la niña de la falda de cuadros,  esa que se empeña en que coma de su boquita y me acaricia tan suavesito que a veces pierdo el equilibrio  en el maldito soporte de madera. Ay!! esta niña me trae loco, me dice cositas bonitas en susurro... comprendo que Eloy practicara la reproducción en mitad del salón con ella.  No fue ninguna sorpresa para mí. Tengo maña para abrir la jaula y revolotear por la casa libremente. Más de una noche descubrí a esa jovencita salir del cuarto de Daniel y pasearse en braguitas por la casa y luciendo su cuerpo frente a Eloy como si no hubiese sido intencionado.  Él la miraba con cautela, con esa expresión de lobo estepario.  En la primera ocasión que pudieron buscarle las vueltas a su sobrino Daniel no escatimaron en desenfreno, os aseguro que nunca me vi en otra, fue una clase de biología llena de detalles y expresiones...

Pero a mí esto me coge de paso.  Camino a la ventana del patio trasero.  A siete minutos de vuelo, un par de días o tres a la semana me piro con los colegas del parque, sé salir... y entrar en jaulas, así que en las jaulas de los loros del parque doy clases de idioma humano. Así no se la dan con queso a mis amigos.  Revoloteo y juego con los pequeños que no puedo negaros que alguno de ellos tienen mis mismas plumas... ya os digo... soy un loro con suerte.

Siempre llego a tiempo para que cuando Eloy sale por la puerta de casa para ir a trabajar me vea emplumado y dormido. Una vez, en una de esas noches especiales me pilló en mitad del pasillo...   fue una noche demasiado intensa.
"Resultó que Daniel me dejó la puerta abierta, suerte que no me dio por salir por la ventana, hay demasiados peligros ahí fuera para un ser tan delicado como yo..."

Os dejo que siento a Daniel que viene a darme una de esas  barritas energéticas.








miércoles, 4 de febrero de 2015

Mentes coincidentes ~3~


- El próximo Viernes tengo que ir a la capital, ¿Te apetece acompañarme?  Le dijo Eloy a la encantadora Julia mientras que desayunaban aquel Miércoles helado.

-Tendré que comunicarlo en el trabajo...  respondió ella antes de darle un bocado a la tostada.
- No me apetece ir solo. La reunión es por la mañana, a las 14 h. habremos terminados, podrías ir a dar una vuelta por los centros comerciales que hay justo  enfrente de las oficinas, almorzaríamos juntos, y pasaríamos el día siguiente  haciendo un poco de turismo, si te apetece podemos ir al teatro, ahora hay obras muy buenas en cartel.



Daniel -el sobrino de Eloy- nunca se había quedado a cargo de la casa tantos días.  Le preocupaba que Marcelo - el loro -  se quedara tanto tiempo solo.  Fue a la Universidad aquel viernes  tan sólo para entregar algunos trabajos, para reunirse  con un profesor y asistir a una asignatura de las más complicadas. 
Aquel viernes volvió con Martina, a la cual había invitado a pasar el fin de semana con él.   
Al llegar a casa lo primero que hizo fue mirar a Marcelo y llenarle el comedero, agua y le dio uno de esos palitos con vitaminas que parecen más un caramelo que alimento vitaminado. Habló un rato con él y estuvo riéndose de las cosas que se le ocurría decir al animal alado. 
A Martina le gustaba estar en esa casa, nunca había visto un loro tan hablador y gracioso.  La compañía de Daniel cada vez era mas agradable y cómoda. Era un chico listo que la asesoraba con las asignaturas más complicadas, era simpático y aunque intentaba que quedara en segundo plano hacía tiempo que lo veía atractivo. Cuando conoció a su tío descubrió que ese atractivo era heredado, porque a pesar de la edad a Martina le había seducido el atractivo del tío Eloy. 

El Sábado por la noche Daniel abrió el cajón del armario azul. Abrió el sobre y sacó algunos billetes de los que su tío le había dejado para ese cometido. Recordó el momento en que le dio aquel sobre:
En la cocina con las maletas preparadas en la puerta y tan elegante que apenas lo reconocía.
" Toma Dani, es un dinero para estos días, ya sé que tienes dinero y que no te gustan estas cosas pero me apetece que lo tengas, invita a cenar en un buen restaurante a alguna de tus amigas, nada de hamburgueserías y cagales de esas, llévale a un buen lugar para que te recuerden  gratamente y disfruta del finde sin la sombra de tu tío por aquí dando calor..."

Martina se sorprendió al verle, con un elegantísimo y moderno traje de massimo dutti. Con un perfume que nunca había olido; sutil, se percibía y envolvía el ambiente con una agradable presencia a masculinidad...  ella había elegido un vestido color changpam, su pelo rizado y rebelde lo había recogido con un par de pinzas pequeñas con brillantitos, muy parecidas a los pendientes.

Cuando llegaron al restaurante ella se sintió abrumada, nunca hubiera imaginado que alguna vez pudiera ir a uno de esos lugares tan sumamente elegantes, Daniel se comportaba con naturalidad y educado. Uno de los camareros los acompañó a su mesa, una de las más bonitas, centrales e iluminadas exquisitamente. 
" Me siento abrumada, no debiste elegir un lugar tan caro..."  Martina no  pudo evitar comentarlo  después de que el camarero le sirviera el vino.

"Es el lugar que te mereces"  Agarró con delicadeza una de las manos de Martina y le dio un beso, ella se sonrojó.





Eloy y Julia salían del teatro bastante tarde. Julia quiso tomarse un perrito caliente en una furgoneta ambulante que parada junto a una zona de bares hacía el negocio cada fin de semana con los jóvenes noctámbulos.
Fueron andando con el perrito caliente entre sus manos, comiéndolo con cuidado para no dejarlo caer  o simplemente no mancharse demasiado. Julia rió al ver a Eloy con toda la comisura de su boca con restos de kechup . ¿Qué pasa?  Eloy la miraba intentando ocultar su sonrisa.  Julia se acercó y le dio un beso lamiendo los restos de kechup.  ¡¡Pero Julia, que cosas tienes!!   Eloy no esperaba sentir la húmeda y suave lengua de su chica  pasando por sus labios llevándose con ella todos los restos del tomate.
"Me gustas hasta con kechup" Rió
Eloy fue a abrazarla y ella salió corriendo para que no la alcanzara.  Él era deportista, sabía que la alcanzaría pero la dejó ir  con un discreto margen, la vio entrar ya a un paso normal  dentro del hotel.
Cuando Eloy llegó al hall vio a Julia que miraba hacia la puerta para asegurarse que él entraba, esperaba el ascensor. Eloy se dirigió a ella  con paso tranquilo. Levantó  la mano en forma de saludo a Juan - uno de los recepcionistas- y se colocó junto a Julia, ella lo miraba con ojos muy vivarachos, estaba feliz, quería jugar...
Entraron en el ascensor junto a una señora con un moño blanco, agarraba con fuerza un pequeño bolso y se mantenía caliente bajo un abrigo de pieles.  Al llegar a su planta se despidió de ellos con un "buenas noches" y un par de segundos después la puerta se volvió a cerrar automáticamente.

Julia lo miraba  mientras daba un par de pasos atrás a la vez que él se le acercaba. Aún sin abrazarla la besó con ganas,  la sentía encendida, animada.  La puerta del ascensor se abrió, era demasiado  tarde para que hubiera algún huésped utilizándolo. Ambos ignoraron el momento y la puerta se volvió a cerrar.  Ella miró el cuadro de botones de las plantas y quiso darle al botón para que la puerta volviera a abrirse.  Él le cogió la mano y la abrazó,  besó su cuello y la parte de los pechos que resaltaban sobre el escote del precioso vestido.  Estando bajo el influjo de Julia era un echo que perdiera la noción del tiempo,  con facilidad se obnubilaba y se perdía entre sus besos y caricias...
Julia  resbaló una de sus manos por el cuerpo de su amante y aprovechando su hipnosis de excitación apretó el botón para poder salir entre risas y  los zapatos en la mano. Eloy entre una mezcla de sorpresa y excitación dio un par de pasos hasta salir al pasillo y verla en la puerta de su habitación. Le esperaba, la llave electrónica para poder entrar la tenía él.  Tan pronto llegó a la puerta  la abrió y sorprendentemente fusionó a la primera.  La dejó entrar primero, él pasó detrás y cerró la puerta. Hicieron el amor con excitación desmedida.



El Domingo cuando llegó Eloy a casa lo primero que escuchó fue la voz de Martina.  Estaba en el salón poniendo la mesa para la cena. Su sobrino parecía estar en la cocina atento para sacar el pescado del horno.  "Que sorpresa, ya llegaste"  La muchacha vestía con ropa cómoda, andaba descalza.  "pondré otro cubierto"  Le sonrió  y se dirigió a él para saludarle, le dio un alegre beso, como el de una amiga quinceañera alocada y sin prejuicios.  Eloy reaccionó con un respingo, agitó hacia atrás la cabeza y la miró con el desconcierto de no saber si ese beso en la boca había sido intencionado o un descuido por causa de su efusiva bienvenida.  Su sobrino apareció justo en ese instante con la bandeja con el pescado y pareció no advertir ese gesto de insinuación y entrega.

Martina se quedó aquella noche en la casa. Eloy y ella parecían tener una relación, los escuchó mientras  se duchaban juntos.
Él era un chico moderno y abierto pero aquel gesto no le llegó a gustar, lo mantuvo en secreto. No lo comentó con nadie... pero permanecía en su recuerdo ese sabor a cerezas...






domingo, 1 de febrero de 2015

Mentes coincidentes ~2~



El sobrino de Eloy era un chico de 20 años, buen estudiante, deportista y un manitas para las cosas del hogar, lo mismo te ponía una bombilla que te arreglaba la lavadora. En casa de su tío se encontraba cómodo, con la libertad suficiente como  para fumarse un cigarro cada tanto, en los momentos de mas estrés  a pesar de no ser fumador habitual, o para traer a algunas de sus compañeras de clase, amigos de su equipo de fútbol, del grupo de ajedrez o alguna de sus amigas especiales... que en aquellos momentos sólo tenía una pero había otra en proyecto. Martina la risueña, con su melena caoba, rizada y alborotada, con sus ojos verdes y sus labios siempre pintados con esas barras de labios con sabores... y olores, cuando se acercaba a ella siempre percibía las fresas, las cerezas de su gloss, siempre tenía que controlarse para no darle un buen beso en sus labios,  para él era una tentación difícil de ignorar.


- ¿ Me puedes ayudar con esto?  Llevo días dándole vueltas y hoy en clase me di cuenta que lo tienes claro.   Martina le abordó en mitad de uno de los pasillos de la Universidad. 

Daniel pudo percibir las cerezas de sus brillantes y carnosos labios. Sus rizos alborotados, las botas de media caña, pantis muy tupidas y una falda escocesa bastante corta...

- Si no puedes se lo diré a las chicas, pero las veo también bastantes despistadas...  y no quiero perder más el tiempo.  pasaba las hojas del libro una tras otras buscando en ellas una explicación, la solución a todas sus dudas. 

- Claro que sí Martina, pero tiene que ser sobre tarde...¿ te parece bien a las 19:30 ? Tengo entrenamiento y llego sobre las siete a casa.







Marcelo -el loro- dio la bienvenida a quien entró por la puerta deslumbrando con la luz de la calle.  "Bienvenido Capitán" "esos malditos piratas se han bebido todo el ron"

- Hola Marcelo. Que tal la mañana.

"Hijo puta"

- No digas esas palabras Marcelo...

Se  dio una ducha rápida, se vistió con ropa cómoda, en el último momento decidió llevarse una rebeca con cremallera por si refrescaba al final de la tarde. Al pasar por el cuarto de su sobrino le escuchó hablar, dando explicaciones de alguna asignatura.
"Me voy muchacho" Dijo en el pasillo sin tener intensión de interrumpir demasiado.
"Vale tío"  El muchacho abrió la puerta que se encontraba encajada.
"Estoy con Martina repasando algunas cosas, entra,  te la presento"

La muchacha se levantó para saludar a Eloy, era bonita, y muy risueña, esbozó una amplia sonrisa y comentó un poco su problemática con aquella asignatura.
El hombre no quiso demorar más aquella interrupción y los dejó en la habitación, pudo escuchar de lejos como la muchacha le comentaba a su sobrino lo simpático que le había parecido...


Al llegar a la cafetería, a pesar de encontrarse muy cerca de casa,  Julia ya estaba sentada esperándole. Aún estaba en la barra, eso quería decir que no hacía mucho que había llegado pero aún así se sintió incómodo,  no le gustaba hacer esperar a los amigos y aún menos a ella.

"siento haber llegado tarde, mi sobrino me ha presentado a una amiga y se me echó el tiempo encima"
"No importa, acabo de llegar, aún no he pedido los cafés"

Reaccionaron después de quedarse un par del segundos en silencio. Él la miró y se le acercó para darle un beso, se lo dio en la mejilla, cerca de la comisura de los labios. Tenía ganas de besarla, pero ya no era un chiquillo que pudiera besar a su novieta con pasión desmedida en cualquier lugar. Se sentaron en una de las mesas cercanas a uno de los ventanales.  El sol los acariciaba y los calentaban en aquella tarde de febrero.
La escuchaba hablar, le gustaba como contaba las cosas.  Posó su mano sobre la de Julia y la acariciaba mientras escuchaba sus historias, mientras le preguntaba como le había ido la jornada laboral, mientras sonreía y miraba en esos momentos de silencio tras las cristaleras.
Al salir de la cafetería pasearon sin rumbo fijo, ella se cogió de su brazo. Unos amigos de Julia los saludaron con efusividad y alegría,  iban a cenar y los invitaron para que los acompañaran. Aceptaron.

En el restaurante Julia se despojó del abrigo dejando a la vista el precioso vestido negro con tonalidades tornasol  que lucía con su habitual naturalidad.
Se sentó en la mesa que le habían designado un momento y comentó algo a la amiga justo antes de levantarse e ir al baño. Eloy la miró con cariño...
Carmelo el marido de Andrea la amiga de Julia había ido a comentarle algo a uno de los camareros. Andrea buscaba algo en su minúsculo bolso. Eloy miró la puerta de los baños esperando ver salir a su hermosa Julia, con su espectacular vestido y sus botines tan bien elegidos. con su melena perfectamente alisada y esa sombra de ojos que tanto le favorecía... Tardaba en salir. Decidió levantarse y se dirigió como paseando a los baños... Entró en el pequeño habitáculo común, donde estaban las dos puerta de los baños masculinos y femeninos.  Se asomó con cierto pudor al baño de las chicas donde una luz blanca iluminaba toda la estancia, "Julia ¿estás sola?" dijo casi en susurro.
"Creo que si"

Entró dejando que la puerta se cerrase sola tras él... se quedó mirando a Julia que se retocaba el maquillaje mirándose en el gran espejo con marco dorado. Ella lo miró sorprendida de verlo allí, pero no dijo nada al respecto.

"No te maquilles más, estás preciosa"

La cogió por la cintura y la acercó a él todo lo que pudo. "Que te pasa... " susurró Julia  al mismo tiempo que acariciaba con cariño la mejilla de Eloy.
Él no dijo nada. La besó con cuidado para no desmaquillara demasiado. Olvidó un momento que estaban en los baños de un restaurante, acarició la espalda de la hermosa Julia desde la nuca a sus glúteos.  Ella lo besaba con timidez inusitada, sentía como acariciaba sus pequeños pechos que reaccionaban con involuntaria excitación.  Él la cogió a peso, la sentó sobre el mármol rosa del lavabo, Julia lo abrazaba con sus piernas, acariciaba su cuello, lo besaba y se dejaba besar.
" Salgamos, entrará alguien Eloy"  balbuceó entre besos.
Fue entonces cuando él despertó de aquel momento hipnótico y pasional.

Volvieron a la mesa donde los amigos leían la carta del restaurante ajenos de sus pasiones arrebatadas.