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Entra y siéntete en casa...

lunes, 29 de septiembre de 2014

Vladimir





Vladimir nunca dejó de inquietarme, no sólo por su nombre que reflejaba lo lejano de sus orígenes....
Era un tipo raro, pálido y huesudo.  Lo percibo como el nosferatus del siglo XXI,  un tipo que ha dejado de encajar  en la sociedad pero que extrañamente pasa desapercibido.  La asistente social aporrea su puerta al menos una vez a la semana, nadie sabe porqué motivo, puede ser que sea por su estado de desempleo,  por su dejadez en las labores del hogar o cualquier motivo aún más secreto e inquietante.

En ocasiones en las últimas horas de la tarde, siempre cuando el sol se desliza por el horizonte, se sienta en uno de los bancos de la plaza chica, el que tiene justo al lado esa farola con luz anaranjada.  Lee un libro  con título anónimo, lo tiene forrado con publicidad del mercadona, nadie excepto él sabe que libro es ese que tanto le atrapa.

A media noche, vuelve a casa en forma de sombra, en forma de huesos andantes, desaparece en la noche, entra en un hogar desordenado... ve televisión, me han dicho que se escucha el ruido de televisión a cualquier hora del día.  Una vez por semana deja junto al contenedor de basura una bolsa -siempre de papel- con seis latas pequeñas de atún y una botella de Vodka.   Nadie lo ha visto borracho, nadie tiene quejas de él.

Hoy lo he visto en uno de los pasillos  de su supermercado de confianza,  arrastraba sin apenas fuerzas una de esas cestas con ruedas. No he podido evitar deambular sin rumbo por las calles del supermercado, dando rienda suelta a mi lado cotilla.  Esperé el momento y guardé cola para pagar justo tras él.  Pagó doce latas pequeñas de atún y dos botellas de Vodka.
La cajera volvió a hablarme de lo raro que era ese hombre, "Llevaba cobrándole  desde que llegó (hace varios meses ) y aún no había escuchado su voz"
Quizás no podía hablar, quizás nunca aprendió el idioma, quizás, no sé... quizás quizás...

Vladimir nunca dejó de inquietarme, por eso aquel día que por circunstancias pasé por su calle y le vi a plena luz del día recogiendo una postal del buzón de correo, - buzón que permanecía anclado  a un lado de la puerta de su casa con una puntilla que lo mantenía colgado a duras penas -, no pude evitar sorprenderme al descubrir que nosferatus del siglo XXI tenía la capacidad de sonrreir, pero descubrió mi presencia y mi mirada, quizás se sintió amenazado y como el coyote que se ve sorprendido se escabulló en el interior de su hogar.
Es extraño. Ahora cuando me topo con él en la plaza chica o en cualquier rincón de este pequeño pueblo, cuando alguien me comenta alguna actitud de su rareza, ahora, sólo recuerdo esa postal de algún lugar lejano del mundo y esa sonrisa secreta y furtiva que se le escurrió cuando creyó  estar tan solo como siempre.  Nunca se lo he contado a nadie, ahora yo conocía su lado humano, sensible y natural. Ahora conocía su sonrisa, esa que se oculta  tras su palidez,  tras su rareza.
Sé que él lo sabe, que guardo el secreto de la sonrisa que se le escurrió sin querer, a veces levanta la mirada del libro y me mira pasar. Pero nunca me dice nada. Quizás yo sea inquietante para él, puede que todos los habitantes de este pueblo seamos seres extraños para él.

Una vez escuché que en todos los pueblos hay un tipo raro y que las leyendas y rumores siempre van enfocadas a esta persona. En nuestro pueblo es Vladimir...  el que llegara al pueblo el día después de la caída del meteorito ya dio paso a las más variopintas de las especulaciones. Si... ¿no recuerdas? Ese que cayó el 19 de Abril... en Murmansk.






viernes, 26 de septiembre de 2014

Volver a casa, alejándome de ti.




Y como cada año miro por última vez el faro, y me despido de su silueta en el horizonte, me despido de su luz intermitente de cada noche, me despido de las gaviotas merendando las sobras de los  almuerzos domingueros, de la espuma de la última ola que muere golpeando sin fuerza mis pies torcidos, 
me despido de las nubes que decoran el turquesa lienzo del firmamento, de la arena cálida,  de los barquitos lejanos con sus velas blancas,
me despido de ti verano, adiós faro, adiós farero, adiós amor salado, 
me marcho a mi amado otoño, 
a las tardes de tormentas, a los paseos con alfombras de hojas secas,
a las tardes de bizcochos, 
soñaré contigo verano amado,
volveré el año que viene, 
con más años,
 con más risas,
Y como cada año miro por última vez el faro...
Adiós...
Adiós amor de verano. 




martes, 23 de septiembre de 2014

sábado, 20 de septiembre de 2014

Natalia V



- He visto la nota en tu puerta, ¿Qué ha pasado?

- No sé, no está en su mejor momento, hace semanas que no sale de casa, está triste, encontré pastillas de dormir junto a la cama. No sé lo que hacer Carlos. Susurró María junto a la puerta.

- ¿Y la niña?  Carlos utilizó el mismo tono de voz

- Con los abuelos en el pueblo.

- ¿Puedo entrar y verla?

- Está en la cocina.

Carlos entró con energía a la cocina, simulando normalidad. "Que pasa Natalia, venía para ver si me echabas una mano. Necesito que me hagas unas fotos, bueno... a mi no,  al ST.  JAMES. Mi jefe quiere hacer un evento y necesita un par de buenas fotos"

- Ahora no puedo Carlos...

- No veo que estés haciendo nada, bajamos un momento y con  tu arte lo terminamos en un momento.

- No sé si tengo carretes....

Carlos  cogió un cigarro de la mesa donde estaba sentada Natalia.

- No sabía que ahora te había dado por fumar.  - lo Encendió -... pues que sepas que esto es veneno y la perdición para un buen cutis.  Bueno... te vistes o qué... no pensarás estar ahí dándole al café y los cigarros todo el día ...   Se sentó en  un taburete junto a la mesa y se preparó una taza de café.


Natalia lo miraba con ojos brillantes, vidriosos, a punto de estallar en llanto.

La puerta de la entrada se escuchó cerrarse, María brindando uno de sus gestos de discreción quiso dejarlos solos, quizás tuvieran que hablar cosas que omitieran por estar ella delante.

- No vayas a llorar. ¿Qué cosa te pasa para llorar ahora? Tienes tu hija, tu casa, tu familia, tu trabajo, tus amigos, tienes a María, me tienes a mi joder, es que no me ves Natalia,  haber...  que quieres, que necesitas, que hago... que te doy para que no sufras...

Las lágrimas caían silenciosas sobre las mejillas de la fotógrafa.


- No puedes hacer nada, nadie puede hacer nada.

- Ya lo sé Natalia.  No puedo hacer que esa mierda de noche desaparezca, no puedo derribar ese  puto muro que tienes, no puedo llegar a ti ni a tu  alma. no puedo... no puedo  pero aquí  estoy, ME VES O NO !!! - Se dio un golpe en el pecho con cierto enfado  aderezado con impotencia- no puedo irme, no puedo dejar de pensar en lo mucho que te quise, en todo el amor que podía haber gastado contigo. Que quieres... que me vaya, que te deje aquí lamiéndote las viejas heridas  tranquila y relajada, a tope de pastillas y cafés....   No Natalia, no te equivoques. Hazte a la idea que no me voy a ir, voy a estar aquí cada día, seré tu sombra, tu luz, tu todo. La vida me reservaba una gran sorpresa, vine persiguiendo el espejismo de tu amor y encontré el Oasis de Maria, nunca lo hubiera imaginado, no estaba en mis planes, pero creo que no me debo  sentir culpable, y ella tampoco se merece tus malos gestos, ella te quiere tanto como yo; se preocupa,  te vigila, cuida de tu niña cuando estás tan drogada con esas mierdas de pastillas que no puedes ni moverte. Silvia tiene 9 años y no tiene porqué hacerse la cena, tiene que tener la madre que ha tenido siempre para cuidar de ella.  ¿Qué es lo que te pasa? ¿Qué tienes? ¿Qué te preocupa? ¿Qué te pasa para que en pocos meses no te reconozca?


- No sé, no encuentro salida, las pesadillas volvieron,  no puedo  dormir, tengo  miedo de revivir en sueños aquella noche que no me deja vivir. Las pastillas me hacen dormir sin sueños. Me alivian, me liberan.

- Y prefieres "Libertarte" a cuidar de tu niña, a vivir la vida, a compartir la vida con las personas que te quieren.

La mujer con el rostro desfigurado por el llanto asintió.

- Hay que joderse ...  Dio una profunda calada al cigarro y se levantó para quitarse la camiseta que llevaba puesta.

Natalia se pegó a la pared y bajó la mirada como si algo terrible y diabólico se hubiese presentado frente a ella.

- Tranquila, sólo es mi carne, mi cuerpo.  No voy a hacerte nada. Solo quiero decirte que mis fantasmas también llegan en sueños. El insomnio me atormentaba, prefería tenerlo a volver en sueños a mi propio infierno, porque mi infierno duró doce años. Hasta la noche que mi madre me hizo esto...

Se giró para enseñar una espalda llega de pliegues y cicatrices. Tenía toda la espada marcada por una gran quemadura.

- Mi madre me hizo esto, MI MADRE. El dolor tardó años en desaparecer, pero aún, al mirarme al espejo tengo que revivir todo aquello. Mi amigo Antonio nunca dejó que me hundiera. Hoy me río del mundo sabes porque.... Porque estoy aquí,  a salvo,  he construido mi vida y creo que por primera vez en mi asquerosa y solitaria vida, por primera vez soy feliz. Soy tu amigo Natalia y ten por seguro que no voy a permitir que te hundas.


Carlos dejó de hablar de golpe, Natalia permanecía ojerosa en la silla, apretó los labios y se secó las lágrimas con las manos.
- Venga, vamos a hacer las fotos.  Carlos le ofreció su mano para que se levantara y Natalia como si fuera una niña pequeña la cogió con timidez. No tengas miedo Natalia, nunca te dejaremos sola,  María y yo estaremos cuidándote pero debes poner de  tu parte, vale?

- Gracias...

¿Me das un abrazo?   Carlos necesitaba ese abrazo, hacía mucho que no experimentaba tanta tensión, y sabía que los abrazos siempre tranquilizan los sentimientos enervados.

- ¿Te pones la camiseta?  Natalia titubeó

- No.  Mi abrazo va a ser el mismo con camiseta que sin camiseta. 

Natalia se acercó al cuerpo del camarero y lo abrazó  con rigidez. A carlos no le importaba, él sólo quería que no le temiera,  que no tuviera en su mente ideas turbias y maliciosas.


.....     .......


37 meses después...


Sillvia bajaba las escaleras con cuidado para no mancharse el vestido. La puerta del piso de los novios estaba abierta, fue sorteando a los amigos que pululaban por el lugar hasta llegar al dormitorio, se asomó con sigilo.  Carlos la vio y sin dar importancia a su presencia le dio un beso en la cabeza y le dijo lo guapísima que estaba. "Ella si que está guapa"  "Yo no la puedo ver... da mala suerte"

- ¿ Y tu madre?

- Debe estar bajando, sólo tenía que coger el bolso y cerrar la puerta.

Cuando llegaron al pasillo la vieron bajar los últimos peldaños.   "Vaya bombón"
Natalia sonrió, soltó una carcajada, "gracias, usted también está muy elegante"

La niña se había perdido en el tumulto unos momentos, volvió presurosa para anunciar que Nico estaba en la puerta esperándola.
Ella salió presurosa. Justo en la puerta se encontraron. Carlos los pudo ver.  Ella le dio un beso en la mejilla y él la agarró de la cintura.  Le dijo algo y ella volvió a reír a carcajadas, Silvia se acercó y Nícolas la cogió en brazos para  darle un beso. Natalia le recriminó que la cogiera, se podía manchar los pantalones. Hacían buena pareja. Carlos se alegraba de que por fin sus demonios se estuvieran disipando.
Nico, miró a Carlos y le saludó con la mano, fue esquivando a los amigos del pasillo que ya se iban para la Iglesia.

- Felicidades muchacho!!! Te deseo lo mejor en tu nueva vida de casado.

- Gracias Nícolas.

- ¿Te comentó la Natalia?  Cuando volváis de New York ya estaré viviendo con ellas, si necesitas algo, no tienes nada más que decirlo. 

- No tenemos planes de hacer cambios en casa pero ya sabes como son estas mujeres nuestras, de momento se les ocurre algo.

Ambos se quedaron parados un momento junto al coche que llevaría al feliz novio a la Iglesia.

Se dieron un abrazo masculino y Nico le abrió la puerta. Carlos entró al  vehículo y encontró a Antonio, era el chófer encargado de llevarle hacia su nueva vida.


Carlos apenas tenía familia, algún primo, un par de tíos, pero tenía muchos amigos, la Iglesia estaba llena de esos  rostros amigos que hicieron de él una buena persona.

La Luz entraba cegadora por la gran puerta del templo.
María entró por fin agarrada del brazo de su padre, estaba radiante, hermosa, hermosa como nunca, hermosa como siempre. Se acercó lentamente a él y su padre la dejó a  su lado, Carlos la cogió un momento de la mano y allí sellaron su amor.


Al salir del templo tuvieron su lluvia de arroz  a cargo de los amigos. María tiró al aire el ramo de flores. Su deseo se materializo.... Natalia fue la que recuperó al vuelo el ramo de la novia... Así que según la tradición ella sería la próxima en contraer matrimonio.


...

El Destino, la vida... nos lleva por rumbos que en más de una ocasión resultan sorprendentes e inesperados.  Intentamos mantener un rumbo pero a veces las tormentas, las mareas, la vida nos lleva por otro muy distinto al que nos planteamos en el punto de SALIDA.

Carlos siguió el rastro de una hermosa mujer que se llevó años viendo  de lejos, que la soñaba, la idealizaba, que la imaginaba. Cuando llegó a ella descubrió el espejismo, pero resultó que aquel camino no fue en vano, casi nunca lo es, encontró a María,  su amor, su luz, su vida, la mujer con la que compartiría todo su mundo...

Natalia terminó venciendo sus fantasmas y Nico terminó siendo el hombre de su vida, aunque ella sabe que fueron sus amigos Carlos y María quien supieron romper el muro, ese que le impedía salir al mundo y vivir, ese que le hubiera impedido vivir la maravillosa experiencia de ser madre por segunda vez.

María estudió hasta el final, luchó por conseguir el puesto que deseaba,  tuvieron que sacrificar muchas cosas, vacaciones, maternidad, vida social ... Carlos la ayuda en todo. Le hace la vida fácil.
Fue la mujer más feliz del mundo el día que supo que sería una de las cirujanas del Hospital Santo santorum.
En un par de años podrían animarse a ser padres, aunque Carlos y María tenían a diario a Silvia en casa, era como una hija, como una sobrina que encontraba con ellos la permisividad que no encontraba en sus padres, a pesar  de que Nico la consentía demasiado.... Silvia era la niña de sus hijos,  todos la querían...
Entre todos construyeron una vida en común y terminaron siendo como una familia, una de esas familias que encuentras en la vida y no tiene nada que ver con la sangre y árboles genealógicos.


"La vida es un juego de cartas...

Nunca sabes las cartas que te van a tocar"



miércoles, 17 de septiembre de 2014

Natalia IV


Habían pasado meses.  Desde que María llegó a la vida de Carlos todo fue a mejor.
El propósito de acercarse a Natalia estaba surgiendo efecto. El camarero, la fotógrafa y su hija estaban más unidos que nunca.  Carlos estaba viviendo un verdadero sueño.  Aunque la verdad es que nada se hacía sin María, ella era la precursora de todo, la que planeaba, la que hacía y deshacía.

Carlos tenía sentimientos fuerte hacia la fotógrafa pero entendió que ella nunca sería capaz de mantener una relación con alguien. Aquel desgraciado episodio en Francia la había marcado para siempre, pero no podía evitar descubrir el amor por ella, un amor que en los últimos meses lo sentía espeso y pesado, puede que la idealizara,  que se dejara llevar por la imaginación cada mañana al verla pasar... estaba locamente enamorado de ella y no podía luchar ni negarse esa evidencia. Al mismo tiempo mantenía los pies en la tierra y sabía que nunca estaría con ella.  Lo tuvo claro desde el día que fueron a la exposición los cuatro, Carlos buscó un momento para perderse juntos los dos y en las afueras del edificio, en los jardines en forma de laberinto la cogió de la mano y la intentó besar. Lo rechazó y su actitud nerviosa y agitada llegó incluso a asustarle.  Desde entonces Carlos, en su foro interno, sabía que la amistad del Angel llamado Natalia era lo único que lograría. A pesar de todo, se sentía feliz de compartir la vida con ella.





María era una joven discreta.
Abría la puerta a Carlos cuando éste llamaba a horas intespectivas, cansado, triste, contento, con ganas de jugar o con ganas de dormir.  María estaba siempre para él.  Y eso Carlos lo sabía. 
La relación entre ellos fue de menos a mas.  Sus primeros encuentros fueron muy espaciados en el tiempo pero poco a poco su complicidad fue a más y ya pocas noches eran las que dormían cada uno en su cama, cada uno en su hogar.

Carlos la sorprendió aquella tarde que llegó con un GRAN ramo de flores. Se lo encontró en la puerta, justo cuando llegaba de la Universidad. Le dio un beso en los labios, nunca antes le había dado un beso en lugares públicos.  "Ahora bajo guapa"
 María tenía curiosidad, su lado cotilla resurgió como pocas veces. Se quedó en el descansillo, mirando hacia arriba y esperando escucharles hablar.  "Natalia, eres mi Angel, te quiero mucho, ten... para ti, por ser tan buena amiga"

"GRACIAS... ¿ Y estas?"

"Para María, Te dejo, voy a llevárselas"

Los dos ramos estaban unidos y habían parecido ser uno. Carlos bajaba los peldaños de dos en dos. "Maria, MARÍAAAA!!!!"  
Carlos la llamaba, María pudo ver como Natalia había tenido la misma reacción cotilla que ella. Vio como Natalia apoyada en la barandilla de las escaleras miraba a Carlos bajar las escaleras raudo y alegre como nunca canturreando el nombre de su amiga y vecina. La joven Universitaria sintió vértigo ante lo que estaba sucediendo, ante la escena explicita de ... ¿Su amor secreto?

Carlos dio un salto desde el último peldaño hasta donde María se encontraba y le dijo, "Es para ti amor mio"  María cogió el ramo de flores amarillas, nadie nunca le había regalado flores. Él la abrazo y la besó apasionadamente. Le susurró algo en el oído que provocó una sonrisa de la joven, la cogió en brazos, entraron en casa  e hicieron el amor.


Se había quedado dormido, cuando abrió los ojos aún  era media tarde. La muchacha aparentemente dormía a su lado. Carlos se descubrió nuevamente agarrado al pequeño y redondeado pecho de María.  La joven se había puesto el pantalón de pijama, el gris aterciopelado, era suave al tanto, le gustaba.  El gato de algún vecino maullaba, Carlos lo escuchaba mientras observaba a su joven y generosa amiga dormir. Le retiró algunos mechones del rostro,  uno de esos movimientos hizo que la joven despertara, en un principio quedó en silencio para acostumbrarse a la luz y al momento, unos breves minutos después preguntó a Carlos si tenía hambre. 

"Tranquila, quédate aquí conmigo"  Lo solía tratar con tantos cuidados y mimos que en muchas ocasiones Carlos se sentía incómodo. 

- ¿Porqué me has traído flores, porqué me besaste? Natalia nos estaba viendo.

El camarero se levantó de la cama y buscó en el cajón de uno de los muebles un cigarro y lo encendió. Estaba desnudo, su pudor hacía meses que desapareció.  

- Mi actitud es estúpida, Me empeño por una mujer cuando hace tiempo que no puedo vivir sin otra. Cogió los pantalones, se los puso y se dirigió a la cocina para preparar algo de comer.

-  ¿ De qué hablas?

Carlos batía  huevos en un bol, iba a hacer tortilla de carne. María había aparecido de golpe junto al frigorífico, con su larga melena ocultando sus pequeños pechos.

- Pues hablo de esto. De tu cocina, de la tortilla de carne, de esa cama - señaló al dormitorio- que es la única que me hace dormir, hablo de ti María y de mi.  De que todo empezó como un juego furtivo y que ya no puedo vivir sin tus conversaciones, sin tu risa, sin tu vida, que hace tiempo es la mía.

- Pero Carlos... 

- Ya lo se, no hace falta que digas nada.  Enmudeció en el momento en que los huevos y la carne llegaron a la salten,  hacía la tortilla con maestría.

Cuando puso los dos platos en la mesa,  la joven ya tenía todos los cubiertos colocados, los vasos llenos de agua,  después de unos segundos de silencio y de dar lo primeros bocados a la cena soltaron todo los sentimientos que les quedaban dentro ...

- Todo esto me da miedo, esta tarde cuando te vi bajar las escaleras gritando mi  nombre, sentí vértigo porque sentí tu amor... y no sé que hacer con él. 

- No tienes que hacer nada de lo que ya haces.


- ¿Tú me quieres María ? Quiero decir de verdad, si soy algo más que un amigo con el que te diviertes en la cama.

María entendió que debía ser honesta, y decir por fin la verdad de todos sus sentimientos, sin fingir ni camuflar nada. Sintió que era el momento de lanzarse al vacío.

-Debo reconocer que todo empezó por impulsos, me gustabas porque me divertías. Sabía que ibas tras Natalia.  Yo cuando termine los estudios puede que me vaya de la ciudad si no encuentro nada por aquí,  lo tenía asimilado, el pretender tener futuro contigo era algo que me negué imaginar desde un principio.
Pero hace bastantes meses eres mi refugio, te necesito, te quiero más de lo que nunca hubiese imaginado. Cuando no dormías conmigo solía pensar en esto, te echaba de menos y pensaba que yo te amaba tanto como tú a Natalia y que todo esto se iría por el desagüe porque nunca llegaríamos a coincidir en pensamientos ni deseos. Tenía asimilado amarte hasta el fin de nuestra historia, hasta el día en que  Natalia descubriera el hombre que eres.

- Olvida a Natalia en estos momentos. Sé que eres joven y tienes muchos planes de futuro, yo te voy a apoyar en todo lo que esté en mis manos, pero quiero saber aquí y ahora si quieres que estemos juntos,  que dejemos de fingir nuestro amor, es estúpido ocultarlo, somos libres,  y si tu quieres vas a ser la mujer de mi vida, entre estas paredes y en el mundo.

- Me encantan tus planes. - Se levantó y le dio un beso en la mejilla- Acepto todo. 

Ven aquí muchacha, acarició sus mejillas  y le dio un beso en los labios, ¿De verdad me amas?

Ella esbozó una amplia sonrisa y gesticuló afirmando "TE AMO" ... volvieron a la cama.



.....   ....

Continuará y.... Será el desenlace...




lunes, 15 de septiembre de 2014

Natalia III




- Qué!!!???  Triunfaste anoche o qué!!!  Cuéntame!!!
Antonio inspeccionaba su chamarreta  con el mayor disimulo.

- Bueno, no sé que decirte... no te preocupes está tal y como me la diste.
Carlos salió  a recoger las mesas y Antonio lo perseguía para obtener mas información de la noche .

- Me vas a decir que no hubo nada,  ¡¡nada!! ni una insinuación, ni un beso.

- No me apetece hablar del tema Antonio.

- Que tipo mas raro eres, a mi no se me hubiera escapado, al menos habréis quedado para otro día.

Carlos metía los vasos en el lavaplatos 

- No hemos quedado, de echo creo que no soy nadie para ella, vino como gesto de gratitud y se vio en el compromiso de no rechazar mi invitación.

- QUE VA CHAVAL!!! Las mujeres no se presentan a las once de la noche, entaconada y perfumada si no le gusta el tipo,  a ella le gustas, eres tú el que estás empanao amigo. Te lo digo yo...


Los días volvieron a pasar, lentamente, el frío comenzaba a sentirse, los días se acortaron...

Silvia solía quedarse mirando por las cristaleras, para ver si veía a Carlos tras ellas, pero el reflejo de los cristales se lo impedían. Carlos sonreía al ver el gesto. Natalia se limitaba a seguir su camino, como si ST. JAMES no existiera, como si no le importara que un hombre locamente enamorado estuviera tras esas cristaleras. Pero claro ella no tenía ni idea de ese sentir.

Habían pasado varias semanas, el camarero daba por sanjada la estúpida idea de que Natalia pudiera sentir simpatía por él.  Debía asimilar que sería su segundo amor platónico, como Carmelita la del pueblo, incluso había intentado olvidara entreteniéndose con Teresa, una amiga divertida, amable, simpática y guapa, con ella siempre hubo cierto feelling, pero no había ninguna intensión mas allá de mantener los motores encendidos y no perder costumbre. 


- Hola Carlos!!!   Al girarse descubrió a Silvia.

- ¿Donde vas?  

- Me voy a casa, terminé de trabajar.

- Mira es mi abuelo. Me voy con él al pueblo unos días.

Los dos hombres se saludaron,  Daniel (El abuelo) era joven, con un aspecto atlético incluso. "Me alegro de que mi Natalia tenga amigos en la ciudad" 

- Porqué no vienes con nosotros y me ayudas  con las maletas. Es que voy a llevar muchas cosas, creo que al final son cuatro maletas y si vienes sólo tendremos que subir una vez.

- Es como su madre, necesita todo el armario, todo es necesario, todo es imprescindible.

El camarero no respondió a nada, simplemente los acompañó sin vacilar al bloque de pisos  que tan sólo estaba a cinco minutos de ST. JAMES. 

Al abrir la puerta del hogar de Natalia su hija  habló vociferando "MAMAAAAAAAAAA mira quien nos encontramos, viene a ayudarme con las maletaaaaaaaaaas"

- Entre, entre, no se quede en la puerta. Dijo amable Daniel al ver que Carlos se quedaba fuera.


Natalia estaba sentada en el suelo, leyendo algo junto a la chimenea encendida.

- Que sorpresa Carlos!

- Silvia me ha dicho que se va y necesita ayuda con sus maletas, nos hemos encontrado por casualidad.


Natalia se levantó y se despidió de su hija y de su padre. 
La niña cogió un gran macuto, el abuelo dos maletas y carlos otras dos. 

Al llegar al portal se encontraron con María y la niña la puso al día de los acontecimientos.

- Tú vas con ellos Carlos?

- Noooo, jajajaja, a mi me han colocado de sherpa 


La muchacha los acompañó para despedirse de la niña.  Los dos; Carlos y María agitaron sus manos diciendo adiós hasta que el coche estuvo lo suficientemente lejos.

- Vas a subir donde Natalia? Preguntó cuando llegaron a la puerta del bloque.

- No... Balbuceó 

- ¿Quieres entrar un rato a mi casa, te preparo un té o un café si lo prefieres?

Un torbellino de intensiones surgieron  inesperadamente.  A Carlos se le notó noqueado, sin reacción. 

- Venga anímate hombre. 


... ... 


Se bebió cuatro, cinco tazas de tés, los efectos de la teína estaban en todo su apogeo, esa noche no podría dormir nada de nada y por una vez su insomnio no iba a ser el culpable.
María resultó ser una muchacha divertida, habladora y excelente narradora de anécdotas, de historias inverosímiles con dudosa credibilidad, pero que fueran ciertas o no en aquel momento no importaba, le hacían reír y desinhibirse. 


- ¿Te apetece hacer el amor?

* ¿Ahora? ¿Aquí?  ¿Con ella? pero ¿Cuántos años podía tener?  Debía tener los pies en la tierra, serenarse, con toda seguridad Natalia terminaría descubriendolo y seguro que si había posibilidad de que Natalia se sintiera atraída por él ese acto desvanecería esa opción.  Debía andar con tacto, controlarse y denegar tan gratificante propuesta. *

Para cuando terminó su reflexión ya María estaba a  horcajadas sobre el camarero, le besaba y se movía con movimientos serpenteantes...
Bueno, era una chica divertida, guapa... una oportinidad como aquella no era fácil de encontrar... el camarero se dejó llevar...

Como cada mañana el despertador del movil sonó, era hora de levantarse. Cuando abrió los ojos se sorprendió,  descubrió que era la primera noche en muchas semanas que había podido dormir toda la noche. El insomnio se había olvidado de revolotear sobre su cabeza esa noche.

María aún estaba desnuda, abrió los ojos y dijo aún dormida " ¿Ya te tienes que marchar?" 

- Si, abrimos a las 7 y media....   Él, también desnudo, fue buscando  sus ropas esparcidas por la habitación sin orden. Se sintió observado por la muchacha aún tumbada en la cama.
- ¿Puedo ducharme, por favor? preguntó tapándose con cierto pudor sus partes pudientes.

- Claro!!!

Cuando salió del baño veinte minutos después el olor a café recién hecho invadía todo el hogar, María lucía una sexy braguita francesa con una camiseta.  Un desayuno le esperaba en la mesita de la cocina, nadie había hecho nunca el desayuno para él, sólo su padre cuando era jovencillo y vivía aún en el pueblo.

- Gracias, no debías haberte molestado.  Bebió un poco de café y mordisqueó la tostada.


María le miraba,  pensativa, estaba claro que algo le rondaba por la mente.

- Sé que andas tras la Natalia. Esto quedará entre nosotros  ¿vale?. Tienes que tener paciencia,  la vida no ha sido amable con ella, desde que tuvo a Silvia no ha tenido novios, es una mujer solitaria y un poco aspera en ocasiones... Bebió un poco de su café.  pero aunque no lo demuestre tú eres importante para ella, habla mucho de ti y eso es que le gustas.  Debes acercarte a ella, a su mundo, debes llamar al timbre de esa guarida que tiene por piso, quizás consigas lo que no ha conseguido ninguno.  Se atusó el pelo castaño y ligeramente rizado. Quizás consiga que te quiera, que te ame, me sentiría tan feliz por ella.

El camarero silencioso simplemente escuchaba, no la interrumpió. No le apetecía hablar de ese episodio, intuyó que María sabía lo del padre de Silvia, pero que iba a decir, era una vivencia tan espeluznante que sólo la palabra "violación" se le atoraba en la garganta. Aunque Natalia le había dicho que todo estaba olvidado, su evasión al baño y sus furtivas lágrimas contaron todo lo contrario, era normal... Natalia era una mujer especial que necesitaba un amor distinto. Aquella noche se perdió en las calles de un país descosido y nunca volvió a salir de allí.   Le sorprendió gratamente que Natalia hablara de él y que en cierta forma lo apreciara tanto, aunque si no lo demostraba era difícil llegar a un acercamiento.

María se levantó a coger una servilleta.  "Dormiste bien"

- PuuuuuF. de maravilla, Hacía meses que no dormía tan bien. Suelo tener insomnio y cuando he despertado con el despertador incluso me asusté, muchas noches lo escucho aún despierto después de estar la noche en vela.

- Me alegro de que mi cama te hiciera dormir. Puedes venir cuando quieras.

Los dos se sonrieron con pícara complicidad. El camarero se acercó a ella y le besó,  "¿Lo pasaste bien anoche?"  "Genial ¿y tu? " " Como un niño en el parque de atracciones, te recordaré todo el día"  Volvieron a besarse antes de marcharse a ST. JAMES.


El día pasó fugaz, al haber descansado y dormido toda la noche se sentía animado y despierto, vivaracho y animado.

Durante el día imágenes fugaces de los íntimos y juguetones momentos se colaban en su mente haciéndole sonreír,  pero fue en la noche, ya acostado en su cama y con la amenaza de una nueva noche en vela cuando la recordaba, y no dejó de sorprenderle que era María y no Natalia la que ocupó sus pensamientos noctámbulos.


.... ......

Continuará...




jueves, 11 de septiembre de 2014

Natalia II



Cuando Carlos entró a eso de media mañana en la habitación donde se encontraba ingresada Natalia descubrió la cama vacía. Se quedó tan sólo unos segundos parado mirando el lugar.

- Está en el baño cambiándose, le han dado el alta.
La aclaración llegaba de la acompañante de la paciente que compartía habitación. 

En un par de minutos se escuchó la puerta abrirse, La Natalia que recordaba resurgió de aquel baño, atrás quedó la imagen apocada, desganada y casi difuminada  del día anterior.  Ahora se veía radiante, luminosa... su sonrisa iluminó toda la habitación y el sonido de los tacones era el sonido del glamour y la elegancia que ella siempre portaba. La coleta recogía como de costumbre su melena. 
Se despidió de su compañera de habitación -una mujer mayor que apenas tenía fuerzas para hablar- y de su hija que la acompañó toda la noche.

- Deja que yo la lleve...   Carlos le cogió de sus manos la mochila y se despidió de los que allí se quedaban.

El tráfico era lento a pesar de no ser hora punta. Eso hizo que hablaran de Silvia. Estaba en el colegio. Carlos la llevó justo antes de pasarse por la cafetería y decir que no podía ir de turno de mañana.  Su amigo y compañero Antonio le cambió el turno sin vacilación. Carlos le había cubierto en mil ocasiones, era la primera vez en años que pedía un favor.

Al entrar en el bloque de Natalia, su joven y universitaria vecina salió al escucharla hablar. Se abrazó a ella y expresó lo contenta que estaba de verla bien, el susto que se había llevado y sobretodo no olvidó expresar la gratitud por lo que había hecho Carlos.


El camarero se quedó en la puerta y sin dar un paso dentro del piso dejó en el descansillo el macuto y comenzó a despedirse.
-¿Quieres que vaya hoy a recoger a Silvia?

- No quería abusar de ti... pero la verdad es que me vendría bien descansar hoy. Mañana debo de incorporarme al trabajo.



A las cinco y media Carlos y Silvia llegaron al piso. Natalia y la niña se abrazaron como si una gran desgracia hubiera estado apunto de suceder. Todo se percibía como muy dramático, Carlos notaba cierta sobreactuación pero lo achacó a "exageraciones de mujeres".
Natalia invitó a que Carlos entrara.  Estuvieron toda la tarde juntos y parte de la noche porque los tres cenaron juntos. También conoció al pequeño Pugui,  un perrito que estaba en el veterinario cuando ocurrió el terrible acontecimiento.  Natalia lo había recogido hacía apenas una hora. Él también estaba recuperado de la ingesta de caramelos de atrezo.
Carlos no estuvo ni un minuto más de lo que le correspondía, se marchó a casa con la alegría que sólo los enamorados conocen, de haber compartido momentos con una mujer que resultó ser aún mejor que como la imaginaba cada día al verla pasar.



___________________


Los días fueron pasando y la monotonía volvió a la vida de Carlos. Habían pasado varias semanas de todo aquello y desde el día siguiente a la maravillosa cena en familia, que había visto bien llamarla al final del día para preguntar si estaba bien, no tubo mas contacto con ella.  La veía pasar, con Silvia, y aquellos minutos volvieron a ser los mejores del día.
Se sintió en ocasiones triste, decepcionado,  había inventado ciertas expectativas que no llegaron a  nada. En aquellos momentos compartidos llegó a pensar que sería el inicio de una amistad, de un algo... pero presentía que ella estaba en otra esfera, él simplemente fue un buen ciudadano que hizo mucho más por ella que nadie había hecho antes.

El trabajo era todo para Carlos, en los últimos tiempos los fines de semana  Antonio y él se encargaban del cierre.
Uno de esos Sábados la sorpresa entró por la puerta a eso de las once de la noche.  Era Natalia. Se sentó en una de las banquetas de la barra. Antonio a pesar de no estar sirviendo a nadie dejó que fuera Carlos quien la atendiera.

- Hola, que sorpresa.

- Perdóname, he tenido un mes de mucho trabajo, cuando tuve el desmayo estábamos en plena campaña de Otoño y no la hemos acabado hasta hace unos días,  no suelo ser desagradecida, me hubiera gustado venir antes.

- No te preocupes.  ¿Que quieres tomar?

- No sé, algo fuerte.  Sonrió mientras que se quitaba la chaqueta sin levantarse de la banqueta.

Carlos se volvió y cogió algunas botellas, le preparó su mejor cóctel.  
Había poca clientela aquella noche, la culpa era de un concierto de un cantante internacional que cantaba en la cuidad, todos los noctámbulos estaban allí.

Silvia se había quedado en el piso de María la universitaria. viendo pelis de miedo con palomitas. La conversación no parecía tener fin.  En una de las ocasiones que Carlos atendió a clientes, Antonio se le acercó y le dijo que la invitara a cenar, él cerraría, no podía desaprovechar esa oportunidad, incluso le dejó su chamarreta, esa que no quería que nadie  tocara. Antonio demostró con ese gesto que era sin duda el mejor amigo que podía tener. Era una chamarreta de gran marca, moderna pero que podía llevarse en cualquier acto social que siempre se iba elegante.

Fueron a un restaurante digno de ella, Carlos había ido con algunas "novias", conocía al dueño que había sido su jefe, a los camareros que habían sido sus compañeros.  Eso hacía que todos lo trataran con amabilidad además que con confianza. Siempre le parecía el lugar perfecto para tener una cita perfecta. Y así fue, todo perfecto, el trato, la comida, el ambiente. Todo iba como la ceda hasta que a Carlos se le ocurrió preguntar por el padre de Silvia. En ese momento la expresión de Natalia cambió, el ceño se frunció, un gran nubarrón apareció sobre sus cabezas.  Supo en ese momento que había pinchado,  toda la noche perfecta se le iba por la alcantarilla.

- Perdóname, perdóname perdóname no debí preguntarte, no tienes que contestarme, por favor hablemos de otra cosa Natalia.

Aquella situación se volvió embarazosa, ella podía haber actuado con naturalidad, haber contado lo que fuera, pero no dijo nada. Aguantó unos minutos hasta que dijo que debía ir al baño. Cuando volvió sus ojos delataban haber llorado, Carlos intentó por todos los medios que la noche fuera amable, divertida, que se olvidara aquel entuerto.

A las seis de la mañana llegaron a los aparcamientos, él dijo que la acompañaría hasta su puerta, ella aceptó y agradeció todas sus atenciones. Carlos fue a salir del coche cuando ella le dijo que esperara.

- Debo decirte algo.

- Qué. El camarero volvió a cerrar la puerta del coche, era una noche fría.

-Es sobre Silvia, sobre el padre.

- No tienes que decir nada, de verdad, a veces soy un bocazas y meto la pata bastante. Es tu vida tu intimidad.

-Hace diez años terminé los estudios de arquitectura y fui a Francia, encontré trabajo por pocos meses pero para empezar me parecía fascinante. una noche me perdí y me topé con dos tipos, me acerqué a ellos para pedirle ayuda, para que me indicaran el camino hasta mi hotel.

Carlos intuyó  de golpe todo. No quería escuchar más. La miraba con ojos desencajados, muy abiertos, aterrorizado y avergonzado por la malicia de las personas.


- Ocurrió, no lo pude evitar, sé que no fue mi culpa pero costó asimilarlo, dejé el trabajo y volví aquí, tres meses después descubrí que estaba embarazada. Quise... ya sabes... pero no pude hacerlo. Silvia no tiene la culpa, es la alegría de mi vida. Aquella noche la tengo olvidada. Sólo cuando alguien se atreve a preguntar, como tú, me enfrento con el recuerdo, suelo decir que murió en un accidente pero no creo que deba mentirte a ti.  Eres una buena persona y me has demostrado ser un buen amigo.

- Lo siento, siento que tuvieras que pasar por algo así. lo siento, de verdad.


- No te preocupes, como te he dicho todo está olvidado, no hay resquemor ni cosas feas en mi corazón. Sólo está Silvia, nada más.

- Entiendo.

La dejó en su casa, Silvia estaba durmiendo con María, Natalia pasaría la noche sola, se despidió con un gracias y buenas noches, Carlos por un segundo pensó que podría entrar,  tomarse un último trago, en mitad de esos tragos podría besarla e incluso pasar la noche juntos... cuando terminó de divagar ya iba por la acera camino al coche, aquella noche lejos de sentirse en las nubes se martirizaba y sentía  un gran peso de culpabilidad por dejar que su mente se dejara arrastrar por pensamientos lascivos cuando ella le había confiado algo tan personal, tan serio, tan triste y terrorífico. 

El camarero en la penumbra de su dormitorio, en la otra parte de la ciudad apenas durmió aquella noche, viejos fantasmas que creía olvidados volvieron a resurgir.


.....   .......

Continuará...


lunes, 8 de septiembre de 2014

Natalia





Faltaban algunos días para el Otoño pero esa mañana se presentaba de lo mas horrible. Tormentas, lluvia torrencial...   Parecía haber mas tráfico de lo habitual y los viandantes  andaban presurosos bajo los paraguas ocultando sus rostros.
Ese día todos entraban en la cafetería, la lluvia evitó que sacara las mesas fuera. Aún así pudo verla pasar con un andar presuroso, con una coleta recogiendo su melena rubia, con su gran bolso color yema y una botas altas. Su hija le iba hablando, a ella se le notaba un tanto agobiada.

Ayer noche supo su nombre; Natalia. Había estudiado arquitectura pero trabajaba de fotógrafa en una pequeña  agencia de modelos. 

Vivían las dos solas, no había padre de la niña, no le supieron decir si era madre soltera, viuda o separada, en todo caso eso era lo de menos, aunque no podía disimular cierto alivio en saber que no había ningún hombre a su lado. ... pero cuantas posibilidades había que un ángel como ella se fijara en un simple camarero como él.  Natalia ni siquiera sabía que existía y sin embargo él la veneraba, vivía para esos escasos minutos que la veía pasar a las ocho y media de la mañana y a las cinco y cuarto de la tarde. Siempre procuraba estar atento para verlas pasar, para saber si era un bien día, si reían, si era un día con problemas y silenciosas miraban al frente... o simplemente era un día horrible, esos días Natalia iba riñendo a la pequeña.

- Me pone un café  por favor!!

Un cliente le devolvió a la Tierra,  volvió a la realidad y descubrió que el mejor minuto de la mañana ya había pasado, Natalia ya había desaparecido de su campo de visión.  Se puso las pilas de inmediato y preparó el café.

Alguien entró presuroso, corriendo, no le prestó atención porque pensó que era a causa de la lluvia pero acto seguido gritó  " Una muchacha se ha desvanecido en la acera, pueden llamar a una ambulancia por favor" .
 Varias personas cogieron sus teléfonos móviles, otros salieron a la calle para ver lo sucedido y él justo después de servir el café se asomó por las cristaleras. No le apetecía mojarse y pasar toda la jornada laboral con la ropa húmeda.

Un Tumulto tapaba la escena, pero un segundo bastó para que saliera corriendo.
La pequeña hija de Natalia lloraba junto a una mujer que la consolaba. Natalia se había incorporado y un hombre la sujetaba tranquilizándola; le decía que se había desmayado y debía ir al hospital. Ella asustada preguntaba por Silvia, no podía ir a ningún sitio, no podía dejar a su hija sola.  Todos los allí presente se miraban sin saber que hacer con la niña. 
La ambulancia llegó y los ATS  le dijeron que no podían hacerse cargo  de la niña. 

Entonces reaccionó. 

- Mira me llamo Carlos, trabajo en ST. JAMES, soy el camarero, me voy a quedar con tu niña, no te preocupes la llevaré al cole y la recogeré.  Seguro que no es nada pero debes ir al hospital para ver que todo está  bien. 
- No te conozco, no puedo dejarla sola. no puedo... volvió a desvanecerse.

Dejó todos los datos al médico y en unos minutos todos los curiosos desaparecieron, quedando los dos en mitad de la acera empapados de la lluvia.

La niña, de unos 9 años no paraba de llorar, se le veía asustada, muy asustada.


Carlos se inclinó un poco a su altura y le dijo.

- Me llamo carlos y trabajo ahí, le señaló la cafetería. ¿Quieres ir al cole?  En cierta forma no sabías si llevar de esa guisa a la niña,  estaba calada de lluvia hasta los huesos.

-Quiero ir con mi madre.  Lloraba sin consuelo.

- No te preocupes, te llevaré con tu madre. Pero primero debemos llamar al colegio.

- No sé el número señor.

- Vamos dentro y verás como lo solucionamos juntos.


Los compañeros de trabajo se quedaron perplejos al verle llegar con la niña de la mano. Entraron tras el mostrador y los recorrieron hasta llegar a la cocina. Allí estaba el teléfono y la guía .

- Haber... como se llama tu cole.

Silvia soltó la mochila en el suelo y le dijo el nombre. Carlos contó lo sucedido y dio todos sus datos para que constara que estaba con él.  Acto seguido llamó a la policía para explicar en la situación en que se encontraba, sabía que quedarse con la niña aunque fueran unas horas podía traerle complicaciones. "Una patrulla irá de inmediato" terminó diciendo la voz del otro lado del hilo telefónico.


Carlos le sacaba el pelo con un secador de  una de las compañeras, las mujeres terminan teniendo de todo en el viejo cuarto trastero, en muchas ocasiones las había visto arreglarse el pelo antes de salir a trasnochar después de terminar su turno de noche. 
Le explicó a la niña que la policía vendría y ellos les diría lo que hacer.

La niña que ya había dejado de llorar hacía unos minutos volvió a derramar lágrimas, "no me dejes que me lleven con ellos por favor!!! por favor! por favor!!!"

Carlos apurado, sin saber que hacer dejó que los acontecimientos fueran sucediendo para ver como podía solucionar todo aquello.

La policía entró rauda y poderosa a la cocina. La Niña se sentó en una banqueta.

-Eres Carlos Mendozaval. 

-Si soy yo.

- Bien, vamos a ver espliquenos lo que pasa.

La conversación fue sincera, amable, cercana al asesoramiento legal.

- Si usted no es pariente ni conocido de la familia la niña no puede quedarse con usted, la junta se hará cargo de su tutela.

No pudo verla pero se volvió a escuchar el llanto de la pequeña Silvia. 

Entonces preso de la compasión del miedo de una niña dijo algo incierto.

- Verás agente,  es que su madre y yo hemos comenzado hace unos meses una relación pero la  niña no lo sabe, me ha visto en varias ocasiones pero ...   la ley es la ley, la madre ha perdido el conocimiento y no sabe donde está la niña. Estas cosas se complican y me da miedo, se ven  cada cosa que quiero tenerlo todo en orden.

- Esta bien. 

Tomaron los datos de Carlos y preguntaron a la niña alguna cosa; si conocía a Carlos, si quería quedarse con él. y alguna cosa mas.


Después de que los policías se marcharan,  Carlos le dijo que irían al Hospital a ver a su madre.  "Tú no tienes llaves de tu casa ¿verdad? " estaba empapada y todo el día así terminaría provocandole una buena gripe.

- Yo no pero María, la vecina del primero si.


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María era una jovencita estudiante de universidad, al enterarse  de lo sucedido entró con Silvia  a su piso y ayudó a la niña, le preparó algo de ropa y se la metió en una mochila de viaje. Mientras, Carlos esperaba en el salón observando los detalles del hogar de Natalia. Justo en ese momento fue consciente de lo inesperado de todo aquello. Quien iba a imaginar que él pudiera estar en el piso de Natalia a cargo de su hija...

- Esta tarde tengo un examen muy importante y no puedo faltar, si me das tu teléfono podré llamarte para ver como está. mira... terminó diciendo, he puesto algo de ropa para Natalia.


Bajaron al sótano de los aparcamientos públicos y cogieron el coche. Carlos salió como un rayo. Tenía que pasar por casa antes de ir al hospital.

- Vamos a ver... le dijo a la niña un tanto aturrullado,  voy a cambiarme de ropa, entra en ese cuarto y deja en la cama toda tus cosas, deja en la mochila las cosas de mamá. Nos vamos en unos minutos.


Él se cambió la ropa mojada por ropa seca y  sin pudor alguno había elegido las mas elegante de todo su armario. Quería causas la mejor impresión. Buscó el teléfono movil que nunca utilizaba más que en ocasiones excepcionales, y aquella ocasión lo era. 

...


Silvia corrió hasta su madre que tumbada en la cama se dejaba extraer sangre.

Madre e hija se abrazaron y lloraron juntas. Carlos me ha ayudado, la policía quería llevarme pero él ha dicho que era tu novio mamá.

En ese momento se sintió avergonzado.

- Perdóname pero no sabía que decir.  Soy Carlos. 

- No sé que decir... muchas gracias. 

Carlos se acercó a los pies de la cama. 

- Te ha ingresado ¿que tienes?

- Suelo tener anemia y esta vez parece que ha llegado fuerte. Fue una bajada de tensión pero tengo que quedarme hasta mañana.


- No te preocupes, nos quedaremos aquí contigo y por la noche se quedará en casa conmigo,  mañana la llevo al cole y vengo a ver como sigues.




El día fue largo, pudieron hablar de sus vidas, de los planes para el día siguiente... Natalia estaba abrumada por la amabilidad de aquel desconocido y Carlos vivió aquel día como un sueño, era como estar en una nube.


Por la noche Silvia y Carlos volvieron a casa para descansar, pero antes hicieron una parada en el Mcdonals para cenar.



.......     ........    ........


si... Continuará...





viernes, 5 de septiembre de 2014

Impertérrito



Me derrito, me disuelvo,
me fundo.
Me abandono, huyo,
me evaporo.

En qué momento me dejé llevar por la apatía, el miedo y la desgana.

En qué momento el manto del abatimiento me cubrió con su soporífero encanto.

Llevo tiempo arrastrando los pies por una ciudad ciega,
llevo tiempo hundiéndome en la cama inmóvil y vacía,
hueca, seca, inerte, inhóspita, decrépita, muerta, muerta, muerta, si,  muerta en vida.

Mis colores se escurrieron, mi palabra se petrificó, mis ojos perdieron el brillo y ahora he caído de bruces en mitad de un limbo desconocido, de una ciudad sin compasión,  egoísta, implacable como cualquier otra jungla inexplorada.


Inerte, desganada, dejándome llevar por la desidia, como si hubiera obtenido el poder de la invisibilidad  la ciudad con sus habitantes impasibles aceptan mi abandono, mi dejadez...  El manto del abandono me hace sentir indiferencia ante mi propia extinción... Y con una extraña y nueva calidez,  me evaporo, huyo, me abandono.  Me hundo, me disuelvo, dejo de ser, dejo de estar.




martes, 2 de septiembre de 2014

Carnívoros




Don Anselmo pasaba cada mañana por la casa de sus vecinos, el verano estaba acabando y aún así  todos los niños seguían en las aceras apurando los últimos días de vacaciones.
Hacía un par de semanas los hijos de sus vecinos se entretenían con unos pequeños y coloridos pollitos que picoteaban la acera sin encontrar nada que llevarse al pico. 

- Que pollito más bonito te compró tu padre. Comentó Don Anselmo a Kuko,  el más pequeño de los niños.

- El mío es el amarillo!!! Señaló con el dedo indice sentenciando.

- Debes cuidarlo bien, no se te vaya a escapar.... ¿Como se llama?  Don Anselmo tenía prisa pero demoró su huida a la taberna.

- ¡¡nuggets  !!

El silencio precedió a la evidencia del  destino de aquel pollito,  que ya, recién salido del cascarón se sabía qué sería después de pollito pica aceras.