Páginas

♥
Entra y siéntete en casa...

sábado, 30 de agosto de 2014

De pasiones y finales












En todo caso debo reconocer
que la pasión ganó la partida 
y terminó durando
lo que dura en ocasiones 
el amor eterno...

más o menos un año,
una estación,
un verano...














miércoles, 27 de agosto de 2014

TrisTezas y eQuiliBrios


La lluvia le entristece,  nunca supo realmente porqué. 
La soledad del alma la envolvió con su suave tela de araña hace tiempo.
Se sienta en el sofá de casa y los nubarrones persisten en quedarse, la tormenta no amaina y destiñe el papel pintado de las paredes, bebe el café mientras mira a esas personitas que aún conviven con ella, los amigos a veces la visitan, en ocasiones prefieren evitarla para no impregnarse de su melancolía, de su insatisfecha vida.

 Se sienta en el sofá de casa,  deja caer de golpe el terrón de azúcar como el que tira un flotador a la piscina, quiere buscar soluciones... Hace tiempo las circunstancias hicieron alejarse de una persona muy querida, el tiempo ha pasado y sabe que cometió errores, que en aquel laberinto de obcecaciones y reproches debió mantener cierta cordura, pero no fue así y aunque el tiempo ha pasado y podía haberlo enfriado todo, haberlo hecho desaparecer, no es así...  parece que ese abismo no la deja vivir y tiene miedo, miedo a enfrentarse a él, a volver frente a esa persona y sentir nuevos reproches, incluso algo que la terminaría de hundir, su rechazo, su  ignorancia, su vacío. 
¿Qué hacer entonces?
Es la pregunta que se repite cada tarde sentada en el sofá del salón. 

*

En ocasiones la observo desde el otro lado de la calle, mientras coincido en algunas de  mis tareas cotidianas, yo no sé de tristezas, ni de pensamientos, ni de memorias, soy un ser peculiar, un humano que vive en un AHORA infinito, apenas recuerdo, apenas medito, sin embargo cuando la miro es como si conociera toda su carga, podrían tacharme de chaman, de brujo, pero cuando la miro me recuerda al Dios Odín y sus cuervos, aquella mujer parecía llevar sobre su hombro, sobre su cabeza un CuerVo, símbolo del pensamiento y la memoria... pensamientos continuos y memoria que no espiraba...

¿Qué hacer entonces?
Es la pregunta que me repito cada vez que coincido con ella en mi ahora infinito. Pero sé que no debo hacer nada. Sé que debo ser impecable con mis palabras. No tomarme nada personalmente. No hacer suposiciones. Y sobre todo hago siempre lo máximo que puedo para estar bien conmigo, con mi mundo.

Encontrar el equilibrio; emocional, mental y social  en ocasiones no es fácil porque cada día hay mil factores dispuestos a romper el equilibrio y depende de cada uno el saberlo  encajar y superar.




"No hay razón para sufrir.
La única razón por la que sufres es porque así tu lo exiges.
Si observas tu vida encotrarás  muchas escusas para sufrir,pero ninguna razón válida.
Lo mismo es aplicable para la felicidad.
La única razón por la que eres feliz es porque tú decides ser feliz.
La felicidad es una elección,
como también lo es el sufrimiento"



Pero quien soy yo para dictar actitudes, pensamientos y forma de vida.  No soy nadie, sólo yo, alguien que encontró su propio equilibro. 




lunes, 25 de agosto de 2014

Lolito




Resulta extraño ver como los acontecimientos se van encadenando creando una especie de tsunami de experiencias de vida...

Yo era una mujer normal. Con sus defectos y virtudes, con sus carencias y excesos.  Había  estado casada, pero "Gracias a dios no tuve hijos", mi matrimonio duró once meses y el embarazo no llegó. Agradezco la ausencia de hijos porque gracias a eso tuvimos un divorcio rápido y limpio, no tuvimos que luchar por custodias ni convenio regulador, cada uno cogió lo suyo y adiós muy buenas.

Me fui a mi casita de soltera y él se quedó con su nuevo novio, bueno...  el novio de toda la vida en el piso que compartimos los once meses.  ¿Porque mantuvo un noviazgo de seis años que terminó en boda si amaba a un hombre desde los catorce años?  No sé... el miedo, la vergüenza, el que dirán...   pero a mi eso ya no me importaba, yo había pasado página.

Si soy sincera vivía fantásticamente bien, pero claro, si algo echaba de menos era el tener a "un hombre" en casa que arreglara los desperfectos,  el bricolaje y la electricidad nunca fueron mi fuerte. Desde que vivía sola,  Ricardo se había convertido en mi salvador, el que arreglaba todas esas cosas que era incapaz de solucionar sola. Era un hombre raudo y fuerte, con una barriga prominente que no le menguaba su agilidad para subirse en las zonas mas inestables. 

Aquella mañana de Sábado lo llamé desesperada,  tenía el baño inundado. No podía demorarse,  alguna tubería o no se qué se había roto.


Estaba fuera de la ciudad. Me sugirió que tenía un sobrino, me tranquilizó y me dijo que estaría en casa en 20 minutos.

24 minutos después el jovencito estaba llamando a  mi puerta con una caja de herramientas.
- Soy Anselmo, sobrino de Ricardo, no se preocupe señora esto va a estar arreglado en unos momentos.

No sé exactamente el tiempo que tardó en solucionarlo, estuve demasiado ocupada recogiendo el agua que brotaba por el sumidero y recorría el pasillo como nuevo afluente local.
No sólo me solucionó la avería sino que me ayudó a recoger el agua  que inundaba parte de las habitaciones.  Era poco hablador, intuía que toda su amabilidad estaba gestionada por las advertencias de su tío.  Le pregunté cuanto era el importe del arreglo y me dijo que su tío se pondría en contacto conmigo y ellos arreglarían las cuentas.  Me pareció un gesto de amabilidad invitarle a una cerveza. Su tío se bebía una media de seis botellines antes de despedirse. Él en cambio dijo no beber cerveza, quiso una cocacola.

Yo era una mujer normal. Trabajaba de administrativo en una fábrica de cartones,  con amigas con las que salía los fines de semanas y con algunos amigos especiales a los que confiaba mi amor y gastaba mis ganas en ciertos momentos.  
Sin embargo aquel muchacho...  ¿ Cuántos años podría tener... 25... 24... quizás 21?  
Resulta curioso como tu mente de pronto parece obnubilarse, no me había pasado nunca la verdad... pero lo miras y percibes su mirada, sus escuetas palabras con ese caduco respeto al llamarme señora constantemente, como si hubiera sido advertido de ser ante todo respetuoso... 
Tan pronto se bebe la colacola de despide, se coloca su gorra negra que se quitó al llegar y se marcha calle abajo. Lo observé... delgado, con un cierto andar cansado,  piel blanca y manos trabajadas a pesar de su juventud,  ojos vivarachos, labios gruesos, imberbe. 


***


A mi edad pensé que me conocía, a los treinta y muchos ¿Quién no se conoce? 
Me quedé a cuadros, me sorprendí de mi misma cuando metí en la lavadora  el sujetador con aros, ese que siempre termina atascandola, como no quería fallar en el intento metí cuatro.  Hora y media después llamaba a Ricardo y mis argucias hicieron que fuera el muchacho quien atravesara la puerta de casa. Si...  me avergüenzo de ello, pero mi mente estaba obsesionada con aquel muchacho, con aquellos  jeans, con aquella camiseta, con aquella gorra.


-Silencio-



He olvidado el tiempo que ha pasado.  En estos momentos, en el aquí y el ahora siento que la mirada de Anselmo es el epicentro de mi mundo.  Cuando me mira nunca sé exactamente lo que se le puede estar pasando por su cabeza. Sus dudas, sus miedos, su inexperiencia... esa divertida inexperiencia hace tiempo que desapareció,  quedó atrás, en aquellos primeros días, aquellos primero meses. 
 Hoy siento ese tsunami de experiencia de vida, que me alcanza, me envite y me deja aturdida a cada instante. Hace tiempo que dejé de controlar toda esta historia,  perdí las riendas de la situación en algún momento que no alcanzo descubrir.  El muchacho  ha crecido en edad y experiencia, sé que tiene alguna novia pero también sé que vuelve.

Anoche hicimos el amor y acto seguido se vistió para marcharse.  Primero me entristecí después me enfadé. Permanecí largo rato en vela sobre unas sábanas que aún tenían su olor, me aferré a mi cordura, a mi madurez...  Nunca aposté por una relación así, me dejé llevar por una mente divertida, lujuriosa, morbosa, jugué un poco, podía haber fracasado en el intento pero no fue así, la mente de Anselmo también era divertida, lujuriosa y morbosa.  Ahora sabía todo lo que se puede saber respecto al arte del amor, tiene el manual de instrucciones y tropesientas horas de prácticas.  Será el Master del amor de toda su generación en el barrio.
Después del enfado volví a entristecerme y más tarde presa de la razón  y de mi experiencia a los treinta y muchos años de edad  supe que era hora de pasar página, de volver a mis amantes barbudos que llegan de vuelta de la vida, de los que no se dejan atar, de los que llevan las riendas. Sé que Anselmo volverá, mi lolito pasará en algunas ocasiones más por mi lecho y no lo voy a rechazar, no le cerraré las puertas durante el tiempo que vuelva. Todos encontramos a alguien que nos abre las puertas del amor, yo lo encontré, Anselmo.... me encontró a mi. Ese recuerdo permanecerá en él grabado en su memoria, sólo espero que cuando me recuerde dentro de muchos años, esboce una sonrisa al recordarme, la misma que la mía cuando recuerdo mi primer amor.





jueves, 21 de agosto de 2014

Lo que el cine ha unido... II



Tuvo la sensación de ser Tara en el País de los majaras.

La niebla otoñal había invadido el jardín trasero de la casa de Pedro,  los rosales ya secos y los árboles sin hojas daban un cierto aspecto de olvido, de pasotismo en el cuidado de aquel pequeño hábitat.
Sin embargo los allí presentes parecían estar totalmente mimetizados con el medio.  Pedro había perdido otros tantos kilos, sus hierbas fumadas eran poca cosa para alimentarse.  Luis no llevaba bien su nueva úlcera estomacal, sus gin tonic y  marlboros no le ayudaban a mejorar. Damián se le notaba raro en los últimos tiempos, entre ellos habían hablado que podía haber vuelto con su ex-mujer, lo había puteado de mala manera y la posibilidad de un reencuentro, cuanto menos les era molesto para todos. Estaba claro que si era eso lo que se traía entre manos  no era cosa de contarlo alegremente, comprendían su postura, ya que todos se implicaron demasiado en el juicio.
Tara era la más cuerda de aquellas reuniones. Al menos en apariencia. Ser la única chica en ese grupo de amigos nunca fue un problema,  ella se sentía cómoda con ellos y ellos estaban encantados de que Tara adornara sus tardes de ocio  con hermosos perfumes y su loock  tan colorista.  En más de una ocasión había sido el motivo de darse un baño y no ir oliendo a troglodita por la vida.
Gonzalo hacía tiempo que vivía en la inopia,  se recreaba en su mundo de macho alfa y se dejaba llevar por el mágico y exquisito  "carpe diem" .

Tuvo la sensación de ser Tara en el País de los majaras.

En la sobremesa Pedro seguía fumando, tenia la impresión de que no había hecho otra cosa en la noche.
Los negocios de Luis y Gonzalo andaban ajetreados en las últimas semanas. El teléfono de Luis no paraba de sonar y él no paraba de protestar, de maldecir y de increpar.

- Malditasea....  maldijo a la vez que cerraba la tapa del teléfono móvil.  Gonzalo ven conmigo tenemos que solucionar algo.

Gonzalo no replicó, se levantó, dio un beso en los labios a su Tara, se puso una chamarreta y siguió a Luis que ya parecía haber llegado a la puerta de la calle.

- Eeeeeh os esperamos o queeee tios!!!  la voz ronca y agotada de Pedro alborotó el descontrolado orden.

- No, pasa la noche aquí Tara, o que Damián te lleve  a casa.    Expresó con cierta actitud de mando.


***

No pasó una hora cuando Pedro ya dormía con la cabeza en la mesa, entre el vaso de vino y los platos de la cena.  Dog, el perro le lamia la mano que debía tener olor a los filetes de la cena. Tara con ayuda de Damián recogió la mesa para que los animales no acudieran a comer los restos.  Damián acompañó a Pedro a la cama, era como un caminante, como un zombie extrañamente pacífico.  Cuando el buen amigo salió de la habitación Tara ya tenía la cocina recogida.

-¿ Nos fumamos un cigarro antes de irnos?   Damián lo dijo con voz suave, sin llegar al susurro.

Tara se acercó y encendió uno de los marlboros. Se sentó en una de las tres sillas de la casa. 

Permanecieron en silencio unos minutos, como en una especie de apuesta haber quien tardaba más en decir algo.
Damián permanecía en pie apoyado en el quicio de la puerta.  Tenía el pelo ligeramente más largo y los rizos lo alborotaban, él también tenía algunos kilos menos pero la perilla que se había dejado crecer lo disimilaba.  Tenía nuevos anillos y justo aquél día estrenaba botas y pantalones.
Tara se dejó crecer la melena,  ahora le llegaba a media espalda aunque en pocas ocasiones la dejaba suelta. Esa noche lucía uno de sus moños locos,  recogido en toda la coronilla dejando su estilizado cuello libre, una camiseta de manga corta y una de sus faldas largar, a esas horas ya se abrigó con una chaqueta vaquera, sus pies también estaban cubiertos... toda una desgracia para el bonachón de Damián.

- Siguen pensando que volví con...  con esa.  No se atrevía ni a pronunciar su nombre.

-Si. Están bastante jodidos con eso.  Yo intento aplacarlos, dar otras versiones, otras hipótesis pero... están encajonados con esa idea.

- Bueno... mejor así. ¿No creer?

Tara hizo una mueca mientras daba su última calada y dejaba la colilla. Damián se acercó a la mesa y apretó la colilla en el cenicero. Tara vertió agua en dos vasos y ambos bebieron, Tara cerro la puerta que daba al jardín mientras él se lavaba las manos. 

- Bueno... ¿ nos vamos ?

Lo intentaban, luchaban con todas sus fuerzas, en muchas ocasiones lo lograban pero en otras... como en aquella noche,  era imposible;  un olor,  un tono de voz, un silencio, una sensación, un aparente roce insignificante...  ese momento era idóneo, impecable. Él enredó su mano en la de la chica, y ella se dejó enredar. Se abrazaron no más, " pienso en ti en cada momento"  "siento que esto está mal pero quiero estos momentos contigo"

- Quedémonos aquí...   Tara sabía que si les sorprendían allí durmiendo juntos la escasez de espacio jugaba a su favor.

Abrieron el sofá cama, ella se tumbó y se cubrió con una manta que buscó en los armarios de invierno.  Él se tumbó a su lado, ligeramente inclinado, velando el sueño de Tara. Sabían que no debían hacer el amor con Pedro en la habitación contigua,  sin embargo ella enlazó una de sus manos a la de Damián y acercándola a su boca  dio un beso al dorso de la  huesuda y gigante mano.  Él se hundió en el maltrecho sofá y la besó con sutileza, sabiendo que no irían más allá de ese beso. Esa noche no.

En mitad del beso, que se había prolongado más de lo razonable, pudieron ver la luz del frigorífico, Pedro bebía leche directamente del brick.  Los dos amantes habían tenido el instinto de cerrar los ojos y simular que dormían, estaban tan cerca uno del otro que sentían sus respiraciones confluir en un mismo espacio, sus cuerpos muy juntos por culpa del pequeño sofá cama guardaban su secreto celosamente. Pedro trasteó un poco hasta que en la misma penumbra y sigilo que apareció volvió a desaparecer. Ambos abrieron los ojos, sus miradas sonrieron ante el riesgo, volvieron a darse un beso de buenas noches, ella se giró dándole la espalda, él le pasó sus dedos a modo de caricia por toda la columna vertebra y la acurrucó en él.
La voz de pedro salió de algún lugar, no se había marchado a dormir y había permanecido aquel minuto asegurándose de la evidencia.

- Podéis copular tanto como os plazca. No voy a decir nada, estoy demasiado colocado  para percibir cualquier realidad con claridad.

Los amantes no movieron un músculo.  Pero Damián percibió la rigidez del cuerpo de la muchacha presa quizás del nerviosismo.

- Lo sé desde hace meses. Si no he hablado antes no lo voy a hacer ahora.

Esta vez se escuchó el crujir de los muelles de la cama de Pedro.
Los amantes durmieron lo que quedaba de noche no tan plácidamente como imaginaron. Fue  Gonzalo quien a eso de las 9 y media llegó después de una noche en vela, directo a la cafetera y dándole conversación de lo acontecido a Damián  "uno de los cargamentos había sido interceptado por la policía costera".
Damián se levantó del sofá cama con cierta parte de su anatomía más despierta que todo él.

- Cabrón, esto de dormir con mi mujer se va a tener que acabar!   Exclamó al verle.

- Con quien mejor que conmigo güey!?  Damián dio una palmada en el hombro a su amigo que ya sonreía a su mujercita que abría los ojos por primera vez en la mañana.

Pedro salió desnudo, se vertió una taza de café y se apoyó en la encimera.

- Es que no vas a respetar a las visitas, hay una mujer delante coño!

- Estoy en mi casa, si no queréis ver este paisaje levantaos en vuestras casa.

Gonzalo bebió presuroso el café y dijo " Tienes razón, nos vamos, que ya es hora"

Los tres salieron de casa de Pedro y recorrieron cierto trayecto juntos, en una de las calles, se despidieron. Ellos con un apretón de manos. Tara se dejó dar un beso en los labios, húmedo y sin prisas.


- Eso. Pasas la noche con ella y ahora besitos. Se estáis pasando pero bien.  Gonzalo, se recreaba en su mundo de macho alfa y se dejaba llevar por el mágico y exquisito  "carpe diem", vivía desde hacía tiempo en la inopia.

Tara se agarró a la cintura de  Gonzalo y le dio un beso en la mejilla.  Todo parecía un juego entre amigos, donde ni los celos ni las malas interpretaciones tenían cabida... sin embargo sabían que no podían subestimarlo. Todo era cuestión de tiempo.

***

Un par de días después Gonzalo y su hermosa y sexy mujercita desayunaban en la cafetería de la costa, emprendían un viaje planeado desde hacía meses,  era una especie de vacaciones, de desconectar, de perderse los dos solos.  Tara terminaba su tostada y él apuraba el café, encendía un cigarro... desde la cristalera donde estaban sentados pudieron verle.  "Mira, el capullo de  Damián" Ella lo observó en silencio.  "No sé a lo que viene eso de dejarse esa perilla, se creerá que es un vikingo ..."
A ella le gustaba, de echo fue ella quien le dijo que se la dejara, le resultaba irresistible cuanto menos.
Gonzalo dio una amplia calada al cigarro, llenó  de humo todo  su espacio.

- ¿ Preferirías quedarte aquí, con él?

En ese momento se disiparon sus dudas pero hizo un último intento de evasión.

-  De que hablas. No digas tonterías amor. No te cambiaría a ti y nuestro viaje por nada.

- ¿Amor? ¿En verdad soy tu amor?  Ay Tara, sé lo vuestro, lo sé desde la primera  noche, desde el primer beso,  reconozco tus ojos, tu mirada después de hacer el amor, conozco tus amaneceres y los he visto cuando era él el que había estado y no yo.  No te preocupes, todo seguirá igual si tu quiere claro. Yo soy el malo Tara, y los malos no salvamos el día a nadie, no nos alejamos volando por el horizonte y tampoco nos quedamos con la chica. Eso son cosas de los buenos, de los héroes, de los que se dejan perilla vikingas para aparentar rudeza.

Todo era cuestión de tiempo, ese tiempo había llegado, ya era presente, aquí, ahora, de echo según los acontecimientos siempre fue algo de aquí y ahora. Los únicos que parecían vivirlo como algo en un tiempo incierto,  como en un limbo temporal eran los propios amantes. Los únicos que parecían haber estado viviendo  en la inopia.






domingo, 17 de agosto de 2014

De FaRoS y navegantes




Donde echaste el amarre, donde te perdiste,
Donde echaste raíces, 
Cuan lejos fuiste que me olvidaste, me mentiste, no volviste.

Aún en la distancia percibo tus secretos, los veo,
veo el peso que tienen,
y como te absorben la alegría.

Dejé de ser FaRo y tú de navegar,
mis pensamientos te buscan en una orilla,
mis sueños en alta mar.

Apenas te recuerdo, apenas pienso en ti,
sólo en días de verano en los que la corriente va a favor, 
el sol a tu espalda 
y el horizonte está cercano,
sólo entonces mi mar se agita, 
y siento que te quiero contar todo lo nuevo, todas mis risas, todos mis miedos.

Donde me perdiste, donde me olvidaste,
mis esperanzas se agitan como espuma de mar.
Aunque te anhele y te sueñe
sólo hay una verdad,
Yo dejé de ser Faro y tú de navegar.






miércoles, 13 de agosto de 2014

Lo que el cine ha unido...




Para ella era el primer verano en Villamapola.
En los meses que habían transcurrido desde su llegada ya adquirió varios buenos amigos. Gente peculiar que no llevaban la vida que la sociedad marca, así como... estándar, digamos.

Pedro era un viejo Hipie, que nunca había trabajado demasiado, lo suficiente para poder vivir, tenía una carpintería, la misma de su padre, en la trasera de la nave donde estaba la carpintería tenía su hogar, lo básico, un dormitorio, una cocina,  un baño y un pequeño saloncito para el invierno porque desde primavera hasta otoño lo podías encontrar en algún rinconcito del inmenso jardín, donde las gallinas ponían huevos y Dog (el perro) mantenía alejado a posibles intrusos.

"Traerse vuestra silla y el bocadillo"

Fue su última frase antes de despedirse con el cigarro entre los dedos y arrastrando sus viejas chanclas.

Luis, Damián y Tara se  quedamos un poco más en la plaza del pueblo, aquella noche era calurosa y a ninguno les apetecía dar vueltas en la cama esperando a que el sueño los venciera. Luis y Damián debían trabajar al día siguiente y a eso de las tres y media de la mañana se marchamos a casa con la idea de no olvidar " la silla y el bocadillo" la tarde siguiente, que era tarde de viernes.

Tara llego con la silla, una que encontró en el cuarto de trastos al comprar la casa, no la tiró, la restauró un poco, le dio un baño de barniz y la volvió a meter en el trastero, nunca se sabe cuando pueden hacer falta estas cosas viejas...  y mira por donde había llegado su momento.
Coincidió en la puerta con Gonzalo, sólo vivía en el pueblo de Viernes noche a Lunes tarde, los demás días trabajaba a un par de pueblos de distancia y prefería quedarse en la vieja casa de su tío Macareno antes que levantarse a la cinco de la mañana.  Él también portaba su silla, de tela negra, a lo director de cine. 
Dio un par de golpes a la puerta a modo de llamada. Esperaron...

- ¿Traes los piquislabis? preguntó él en susurros.

- Si... Traigo para todos.

sonrieron cómplices.

Luis abrió la puerta, sin camiseta y descalzo. Saludó a Gonzalo con un toque en el hombro y un beso de hermandad. Apenas le dijo nada a Tara, un guiño de ojo y una mueca que arrugó su treintañero rostro.
Al entrar, en la parte del jardín trasero ya estaba Damián sentado en su silla, más bien una hamaca playera,  esparramado en toda ella, levantó la mano a modo de saludo,  se inclinó para beber de un vaso tipo jarra algo que parecía  sangría con frutas.
La charla de los recién llegado hizo que Pedro saliera de uno de los rincones del jardín liando uno de sus cigarrillos.
Preguntó a Gonzalo por la semana que pasó y él comunicó a todos que por fin su ex mujer había accedido a firmar los papeles del divorcio. 

- Bienvenido a club tío !! Damián alzó la voz y volvió a dar un trago de la jarra, esta vez pareció atragantarse con alguna de las frutas flotantes.

Tara dejó los sanwiches, patatas chip y los doritos en una mesa que había fuera, en una especie de porche.  Cogió su silla y la llevó junto a Damián, al sentarse  se recogió un poco el vestido para no pisarlo, era largo hasta los pies, vaporoso, con pequeñas flores rosas,  sus chanclas verdes y sus pequeños pies con los dedos pintados de rojo  quedaron al descubierto dejando inmerso en aquella imagen al benévolo de Damián, siempre fue un poco fetichista  con los pies, los pies pequeños pintados de rojo, pies suaves, suaves y juguetones...  un par se segundos después parecía haber acabado con ese lapsus de pensamientos y volvían a las conversaciones habituales.

El sol se perdía entre los árboles y las sombras de la inminente noche eran más grandes, más oscuras, más alargadas.
Gonzalo se sentó al otro lado de Tara. Todos en fila a  excepción de Pedro que se demoró para poner en marcha la película.  En aquella primera noche de cine que iban a tener eligieron un clásico de terror; "Nosferatu" de 1922  Clásico mudo de FW Murnau. Para muchos es la adaptación de Drácula más aterradora. En cierta forma el cine de terror era una de sus conversaciones favoritas y el echo de que esta película fuera la primera se había convertido como un símbolo,  no podía ser otra y por eso aquella idea de ver cine juntos se retrasó por culpa de que no fue fácil dar con ella.

La tensión de aquella envolvente película hizo que Tara no se diera cuenta, simplemente en el  momento en  que Luis quiso pasarle un cigarro para que fumara un poco Tara se dio cuenta de  que la mano de Gonzalo estaba sobre la suya,  fumó un par de veces y se lo dio a Gonzalo, sólo le dio una calada y volvió a dárselo a Pedro.  
Tara se levantó para coger algo de la mesa, Gonzalo la siguió y cogió uno de  los paquetes de papatas chip.
-¿Qué te pasa? 

Tara apenas gesticuló, buscaba en la mesa...

-¿Tienes miedo?

Ella subió la mirada y le sonrió.  - un poco

- ¿ No la habías visto ya ?

- Si pero, esa música siempre termina aterrandome.

- Venga vamos, ya queda el final...


Al terminar la película Damián estaba dormido en su hamaca playera, Pedro demasiado colocado y Luis se alejó un poco a contestar el teléfono, había recibido varias llamadas que no contestó y parecía ser importante.  Pedro se  acercó a la mesa de los piquislabis, cogió algo y marchó dentro de la casa.
Tara no pudo evitar esbozar una de sus mejores sonrisas,  acarició el mentón de su acompañante, intuía su alegría,  quedaron en silencio,  nadie mejor que ella sabía lo que había luchado para ser un hombre libre, soltero, sin el lastre de una mujer que  sólo le había causado problemas, tan desagradables como para ni siquiera recordarlos ni mencionarlos.
Luis no tardó demasiado en llegar recriminando la ineptitud de los novatos en sus negocios extras, pero no quiso dar detalles y se lanzó de llego en Nosferatu. La conversación se alargó, cuando el cine entraba en sus vidas no  había tiempo ni prisas.

 La luz del día se dibujaba en el horizonte, y nuevas sombras alargadas y doradas se perfilaban entre la arboleda. Luis se ofreció a acompañar a Tara a casa pero ella con sutileza femenina desistió, Así que fue Gonzalo el que la acompañó recorriendo juntos las empedradas calles solitarias del pueblo, la panadería ya estaba abierta, la luz del despacho de pan ofrecía una luz extra a la sombría callejuela.

Gonzalo tiró la colilla del cigarro que iba fumando al aire mientras Tara abría la puerta de su casa y entraba si decir nada, dejando la puerta abierta, Gonzalo entró, ella se había quedado  en la otra hoja de la puerta, un coche madrugador pasó por la calle y Gonzalo tuvo la inercia de cerrar la puerta a la vez que se acercaba  a Tara lo suficiente como para volver a refugiarse en sus besos,  en sus brazos.  Fueron recorriendo la casa entre besos y caricias. Justo en la puerta del baño dejaron sus ropas, sus chanclas, su ropa interior...  se introdujeron en la ducha,  bajo el chorro de agua se besaron y mordisquearon, se acariciaron, se recorrieron, se enjabonaron, la pasión se desbordó alocada y furtiva, nuevas palabras salieron de sus existidas bocas, palabras que aquella mañana no se fueron por el sumidero junto al agua, el jabón y el placer.  Aquella mañana ya no eran promesas de futuro, ni sueños de libertad.
Gonzalo era libre, un divorciado feliz,  criador de perros,  socio de Luis en unos negocios extras y ex- amante de la chica mas bonita del pueblo. Aquella mañana tal y como le había susurrado en mil ocasiones sería por fin su compañero de vida oficial.
Tara era feliz, se lo dejó claro en el gozo de su cuerpo y en las palabras que le  expuso. Gonzalo era feliz,  era un hombre completo, por fin tenía todo lo que soñaba desde hacía años.
Tara en cierta forma sorprendida por los felices acontecimientos se dejó llevar por ellos, omitió ciertos acontecimientos que aunque en su momentos fueron todo un balón de oxígeno hoy era cuanto menos incómodo de explicar, si hubiera sabido que este día llegaría de verdad y no eran sueños y promesas de humo no se  hubiera permitido atravesar ciertos límites... Damián era un hombre discreto, confiaba en su silencio. El mismo que ella mantendría. Aquello le perturbaba, sabia que las verdades siempre salen a la luz, sólo era cuestión de tiempo.






lunes, 11 de agosto de 2014

De Instantes y eternidades


"El tiempo es un tirano implacable,
no importa si estamos sanos o enfermos, hambrientos o borrachos,
porque vivimos o morimos en función del tiempo, nunca le volvemos la espalda,  y nunca jamás deberemos cometer el gran pecado de ...
perder la noción del tiempo"


-Naufrago- 

El tiempo siempre gana y se sale con la suya.
No perdona, ni se detiene ante nadie.







jueves, 7 de agosto de 2014

FonDeanDo

Tu y yo.
en un mar sereno,
un mar en calma,
un mar adentro...

sumergidos en deseos,
atrapando sueños compartidos,
dejándonos llevar por mareas generosas...

Náufragos en un mar de abundancias, de posesiones huecas,
de almas vendidas.
Dueños de taciturnos  sentimientos, de querer seguir envueltos por un mundo multicolor, 
mimetizados por el vaivén de los susurros, del vaivén de lo eterno, del vaivén del amor...

sumergidos en una burbuja protectora, 
dos murmullos, 
dos vidas, dos raíces que se enredaron y formaron una...

Tu y yo.
en un mar adentro,
en mar en calma,
un mar sereno...







lunes, 4 de agosto de 2014

Desgranando el mundo



Situación:

Mi sobrino de cuatro años y yo viendo anuncios de televisión  en  uno de los canales de dibujos animados.


Le toca el turno al anuncio de los helados MAGNUM, esas chicas corriendo tras un globo dorado, lo alcanzan y PLUF explotan dejando caer entre sus manos un delicioso helado.

...


Yo: Mmmmmm yo quiero uno de esos globos,  que guay,  haber si veo alguno y lo alcanzo.

Sobrino:  Tita eso es una mentiiiiira.  Si quieres un helado lo tienes que comprar en la tienda. Eso es una estafa.

...

Mis ojos se abren como ventanales al mundo real.
Yo con cuarenta años jugando, imaginado alcanzar globos dorados portadores de helados de nata con cobertura de chocolate, y mi sobrino sacudiendo, desgranando lo real de la fantasía....
La palabra "estafa" sonó grande, como un gigante desconocido en boca de un "HOMBRE de cuatro años".