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Entra y siéntete en casa...

lunes, 30 de junio de 2014

Domesticación



La Señorita Carmen siempre lo tuvo claro, en su clase había algunos rebeldes,  sus preguntan eran inteligentes y en muchas ocasiones incómodas, quedaba claro que eran chicos con un potencial especial.

No habría problema, antes de terminar la primaria todos estarían preparados para afrontar de una forma alegre y dinámica el nivel de secundaria.

Una vez más las estadísticas no fallarían.




sábado, 28 de junio de 2014

Hacerse bolita

Cuando le riñes,
cuando le ignoras,
cuando el día  se hace difícil
y nada sale bien.

Cuando los sueños se derrumban,
cuando su mundo de utopía lo amordazan.

cuando  añoranzas la  hace enmudecer,
cuando necesita amor incondicional, 
Ay pequeña..
Aún lloras  a tu madre y derramas lágrimas desde tu cama de plumas  hasta lo más profundo del bosque,
donde las pesadillas cobran vida y los
susurros sibilinos 
del miedo reina.

Cuando todo parece hundirse y 
 en ella renacen  los fantasmas de la niñez, 
entonces...
 se hace pequeñita
 y como antaño vuelve a
 hacerse bolita.









miércoles, 25 de junio de 2014

El bolso de Mari Carmen

Mari Carmen es  una mujer resuelta, hiperactiva, habladora hasta el agotamiento.

Tiene una edad considerable pero se empeña en decirle a su eterno novio "mi pibe"...  Su pibe comienza a padecer cierta calvicie y mastica chicles como si fuera un scatter board.

Mari Carmen lo lleva todo dentro de una gran bolsa, de ahí lo saca todo...
 Toalla grande, toalla chica, un rastrillo para su pibe,  los libros, ruleta del bingo, tomates del tiempo, un reloj de cuco para saber cuando se acaba la digestión, el armario portátil de la tienda en casa, botella de ginebra, vasos y un pequeño congelador para el hielo, estuche con espejos, rimel, peine, secador, raquetas, pelotas, recogedor,  el plasma de 45  pulgadas para entretenerse en los tiempos muertos.. vamos,  que en el bolso de Mari Carmen cabe pitufilandia,  y a pesar de ello Mari Carmen lo lleva con estilo colgado de su antebrazo.  Cuando va al fisioterapeuta siempre  comenta que no entiende el dolor que se refleja en esa zona. El fisioterapeuta sentencia que toda la culpa la tiene  su GRAN BOLSO y ella no entiende el empecinamiento que tiene ese joven con su bolso, en él sólo lleva las cosas imprescindible que toda mujer necesita cuando pasea por la ciudad, nunca se sabe los imprevistos que pueden surgir.




lunes, 23 de junio de 2014

TropiezosIII

Nada hizo presagiar los acontecimientos de aquellos días.  Claudia había escuchado algo en uno de sus congresos un mes antes pero no le dio demasiada credibilidad, pensó que era uno de los bulos que cada tanto suelen aparecer para la salida masiva de determinado medicamento o producto, aún recordaba el miedo a la gripe A que hizo que se vacunaran a miles de personas, incluso se debatió el caso de que no hubiera vacunas suficientes para la población...

Cuando el comunicado fue oficial Claudia no salió de su asombro,  se pedía a la población que no saliera de casa en cuatro días, ya que en esa franja de tiempo se esperaba una inmensa tormenta solar, los efectos a la exposición al sol eran tan arriesgados que no podían valorar los daños al cuerpo humano.
Toda la población salió despavorida a comprar existencias no para cuatro días sino para un mes. 

...

Claudia miró por última vez por la ventana antes de bajar las persianas, era una de las recomendaciones.   El día era claro, luminoso, si... puede ser que demasiado luminoso. 

Se escuchaban los vecinos en las escaleras, en los descansillos.  Habían pedido a Alfonso que se quedara en el bloque y trajera con él a su esposa y a su hija adolescente.  Ningún vecino quería dejar a su suerte a un hombre querido por todos.
Alex, el actor fumaba un cigarro mientras hablaba compulsivamente por teléfono.  María, Tony, Marco, Carmen, Antonio... incluso Doña Adela comentaban lo sucedido y planteaban diferentes posibilidades; unas positivas y otras catastróficas.  Debían estar unidos y el sentido de comunidad era fuerte ante la inesperada adversidad.

...

Anselmo volvió a dar al interruptor de la luz.  Tres día llevaban sin electricidad.   Encendió un momento la radio para descubrir que multitud de personas salían de sus casas  omitiendo los consejos y tenían que ser ingresadas en Hospitales con graves quemaduras.  Aquél influjo solar estaba durando más de lo esperado...
Después de diez minutos apagó la radio, no debía gastar las pilas en balde. La oscuridad reinaba, la luz de las velas y el silencio...  en los primeros días todos los vecinos salieron a las áreas comunes pero al paso de los días todos se fueron quedando dentro de sus hogares.


Sentado en la escaleras con el miedo y la incertidumbre  observaba la luz del día que se colaba por algunas rendijas ¿Cuántos días duraría aquello?  ¿ Y si por alguna razón no se recuperaba la normalidad? ¿Tendrían que quedarse allí encerrados? ¿Y cuando se acabaran los alimentos,  el agua?
En ese momento escuchó la voz de Doña Adela y Claudia.  Sus risas llenaron todo el edificio con reconfortante esperanza.  La observó mientras subía cada peldaño, aún le resultaba extraño verla en pantalones y zapatillas bailarinas, con el pelo recogido en una coleta alta y una camisa color beige pastel.

Claudia se sentó a su lado al verle tan pensativo, con el ceño fruncido. " Que pasa"  "Nada pensaba, estoy agobiado, cansado de estar aquí dentro. Es posible que tengamos que salir si esto se alarga en el tiempo"
"No te preocupes, es cuestión de horas veras" "Eso pensamos hace cinco días Claudia"

Después de un par de horas en las escaleras donde se unieron algún vecino para pasar la tarde en compañía  los dos entraron a casa de Claudia, las velas además de iluminar las estancias las perfumaban con sus aromas frutales.  Aquella noche a diferencia de todas apenas hablaron.  La ausencia de ventilación creaba un ambiente cargado, ambos  se despojaban de sus ropas, él con sus boxes negros de marca y ella en pijama de verano, él había perdido musculatura y ella kilos.
Apenas cenaron, tenían miedo de comer demasiado y no tener en días posteriores.  Ella lo descubrió observándola,  sonrieron,  "No voy a dejar que te pase nada lo saber, verdad".

 Claudia se acercó a Anselmo y lo abrazó hundiendo su cabeza en su pecho,  le besó entre el cuello y el hombro.
Él resbaló sus dedos por la suave  espalda de Claudia y cerró los ojos al saborear su beso.
Ella sintió su corazón latir con fuerza y acercó su cuerpo al del hombre que amaba rindiéndose ante sus deliciosas caricias.
Recorrieron el infinito de sus cuerpos deleitándose de sus sentidos con sus arrumacos.
Anselmo la deseaba,  lo atrapaba con su melena como enredaderas llenándolo de primaveras. Se pierde en sus pechos, que con su rostro acaricia lentamente, la besa avanzando, casi imperceptible,  hasta su ombligo donde se detiene pudoroso.
Claudia lo deseaba,  percibe su titubeo, sus labios poseídos por el deseo incontenible de besarle se posan suavemente sobre los labios de su amante para que no flaquee  mientras recorre su cuerpo sin miedos ni vergüenza.
Ella se siente dominante y domina, él se deja explorar mientras explora, con la respiración entrecortada por el gozo y la pasión declara que la quiere, que la ama, la desea,  se entregó a ella, se dejó llevar como la barca se deja llevar por la corriente del río,  el universo se concentró en su alcoba,  no había más mundo mas allá de esa habitación. Él se siente dominante y domina, explora y se desliza con maestría hasta recorrer sus entrañas, adentrándose en  ella sembrando de semillas de vida su jardín en primavera.

Decidieron quedarse en aquella habitación hasta que el mundo volviera a ser mundo.   Lo cual sucedió cuatro días después.  Para entonces aunque ellos no lo supieran la vida se abría paso en lo más profundo de las entrañas de la hermosa  y afortunada Claudia.






viernes, 20 de junio de 2014

In FraganTi

El mundo se paró. 
Sin más.
Nunca se había visto en otra igual.

¿Qué hacer, qué decir?


La confianza y la vida autómata hizo que entrara en casa de Hiromu sin más, como mil veces en mil días, nada hizo presagiar aquella situación.

...

Abrí la puerta, solté la mochila... 

¿Y no viste nada extraño, no escuchaste nada?

Bueno ahora que lo dices, al soltar la mochila en el descansillo de la entrada vi raro que la puerta de cristalera que accede al salón y a todas las demás estancias del piso estuviera cerrada, siempre está abierta. Incluso me llegué a preguntar qué sentido tenía aquella puerta.  Debí ser silencioso porque no se dieron cuenta  de que giré el  pomo y entré  en el salón encontrándolos de aquella guisa.
No supe que decir, no supe que hacer, allí estaban;  mi vecino Hiromu, décimo quinta generación de ciudadrealeño -nativo de cuidad Real-  amante de lo oriental, dibujante de comics manga y  Takeshi,  un extremeño  recién llegado de Japón tras 10 años como dibujante en una famosa revista nipona.  Los Japoneses se cambian sus nombres cuando llegan a nuestras tierras, ellos utilizaron esta técnica a la  inversa. 
Debí salir corriendo, volver por donde vine sin hacer demasiados aspavientos,  pero no lo hice, mis pies se quedaron anclados como si un gigantesco imán se hubiera colocado bajo mis zapatillas  kenzo.
Unos segundo eternos después,  aquellos cuerpos esfervescentes y a toda máquina  como si fueran locomotoras a vapor  se vieron sorprendidos por mi.  El capullo del vecino que venía para pasar la tarde leyendo revistas niponas, y jugar al backgamon.

¿Qué hacer, qué decir?

Nunca se habían visto en otra igual.
Sin más.
El mundo se paró.





lunes, 16 de junio de 2014

Tropiezos II


Claudia aún andaba con precaución a pesar de que habían pasado un par de semanas de su percance.
Fue el Miércoles al entrar en el grandioso hall del bloque de pisos cuando el recepcionista la saludó y le comunicó que tenía algo para ella.  
Alfonso era un hombre amable,  tenía una pequeña recepción donde pasaba toda su jornada, recogía las cartas, dejaba pasar  o no a las personas que no eran vecinos del inmueble y arreglaba los desperfectos que eran normalmente alguna bombilla fundida.  Cuando Claudia llegó al edificio le resultó extraño  que en estos tiempos aún hubiera demanda de este tipo de trabajo pero con el tiempo se acostumbró,  incluso lo agradecía.  En el edificio vivían personas con altos cargos y algún actor secundario, las fans se agolpaban   para pedirle autógrafos,  Alfonso las mantenía fuera del edificio donde reinaba la paz y la tranquilidad .

Claudia abrió los ojos con asombro y sorpresa,  el recepcionista le puso en el mostrador una caja color cereza aterciopelada, la abrió de inmediato, eran las perlas del Caribe, las mismas que rodaron escaleras abajo, estaban engarzadas y brillaban con la equivalencia de su precio.  "el Sr.Mejías le ha dejado una nota". La mujer le dio las gracias a Alfonso y con la caja aterciopelada y el sobre con la nota aún cerrado se dirigió al ascensor.  Desde la caída había optado por utilizarlo para que su tobillo no sufriera demasiado, ya apenas le dolía, quizá un poco a últimas horas del día. Para entonces procuraba sentarse en el sofá y ponerlo en alto.
Fue en el sofá, después de una ducha y con el pijama de chanel cuando volvió a mirar el collar de perlas. Lo enredó en sus manos y entre los dedos, recordó por pura inercia el día que lo compró. Abrió el sobre en el cual Anselmo se preocupaba por la evolución de su tobillo y le pedía perdón por atreverse a mandar  engarzar el collar, solía llegar  tarde del trabajo y no se atrevía a visitarla a horas intempestivas.
Nunca hubiera imaginado tanta amabilidad en un desconocido, apenas se lo había cruzado un par de veces en cuatro años.  
A la mañana siguiente deslizó por la puerta de Anselmo una nota de agradecimiento.  No le apetecía que Alfonso el recepcionista supiera de  sus intercambios de notitas.



Después de varias semanas al llegar al portal,  Claudia descubrió  un tumulto de personas, policías y un grupo numeroso de alocadas fans siendo detenidas.  Habían entrado al inmueble y Alfonso al ver que se le iba la situación de las manos optó por llamar a las fuerzas del orden.  Tan sólo había ocurrido una vez anteriormente, pero en esta ocasión parecía que las jovencitas estaban exaltadas al máximo.
Algunos vecinos se encontraron al igual que ella con la situación, uno de los agentes les había pedido que esperaran fuera.  Claudia conversaba con Doña Adela que se había enterado de su accidente...  
Una mano le rozó la cintura y seguidamente pudo oler el sutil perfume, casi evaporado por el día,  pero ella lo podía oler perfectamente, se giró y descubrió que era Anselmo,  su mano no se despegaba de la cintura de Claudia, saludó con amabilidad a Doña Adela y preguntó a Claudia que tal tenía su pie... en unos minutos pudieron entrar al inmueble, Anselmo cogió las bolsas que portaba Doña  Adela y los tres subieron en ascensor, Claudia había querido portar una de las dos bolsas de la Doña.  La anciana agració a los jóvenes la amabilidad. 

La Doña  vivía entre los pisos de ambos, Anselmo debía bajar un piso y Claudia subirlo. Se quedaron parados en el descansillo. Claudia volvió a agradecerle el gesto que tuvo con el collar. "Eran unas perlas demasiado hermosas como para no volverlas a convertir en collar"  " te vi en televisión, agradeciendo el premio que recibió tu organización" ... 
En ocasiones tus pies andan solos, sin necesidad de que tu cabeza le indique el camino, aquella tarde los pies de Anselmo siguieron a los de Claudia terminando en el salón de ella. Era un piso moderno, con tonalidades pastel, y con multitud de fotos  de familia y amigos por cada rincón, cosa que a Anselmo nunca le había gustado, él pensaba que las fotos eran para los álbumes y no para las paredes y mesas.   La conversación fluía fácil y cuando se vino a dar cuenta el elegante marchante de arte  ya estaba sentado tomando un vino en copas de cristal de bohemia.  Ella abrió las puertas del amplio balcón donde una mesa y sillas de jardín esperaban ser ocupadas.  La luz de la noche comenzaba a iluminar la ciudad, el tintineo de las farolas, las luces de las ventanas vecinales y los focos de los coches hacía olvidar las luces de las estrellas, que hacían años que no se veían.  
Los ojos de Claudia advertían que el vino ya la había achispado. Anselmo vertió lo que quedaba en la botella en su copa, anunció que no deberían beber más.
A media noche él miraba los viejos discos de vinilo que claudia guardaba en un coqueto mueble. Unos instantes después se besaban, con suavidad, armonía, sin prisas,  en ropa interior  y en perfecta penumbra,  él acariciaba la cintura de ella,  que sentía como se erizaba cada vello de su cuerpo, cuerpo hermoso, suave, cálido, no demasiado delgada, eso la convertía  en mas bonita, mas real, sus besos sabían bien, tanto que Anselmo no veía el momento de dejar de besarla.   Claudia sentía la calidez de su vecino, sus pautas,  su mirada, sus palabras en susurros,  descubrió un cuerpo más musculado de lo que esperaba,  lo observó a intervalos, mientras le hablaba, tenía un par de cicatrices, una de ella claramente de una operación de apendicitis. Les gustaban sus manos y como la entrelazaba en las suyas, le gustaba su olor, porque ya sólo olía a Anselmo. Cuando llegaron al dormitorio ambos estaban tan excitados que por un momento pensaron que no serían capaces de seguir adelante. Ella era tan bonita que no podía imaginar una vida sin ella. Él era tan paciente, tan correcto, en tan poco tiempo le había demostrado tanto que quería saber lo que era tenerle a su lado cada día.  Se tumbaron en la cama, se abrazaron un instante, ambos quedaron inmóviles,  ella tumbada miró al techo y las sombras que creaba la  lámpara, él se quitó el reloj y lo puso en la mesita de noche, se deslizó unos centímetros para darle un beso en el ombligo y apoyar su cabeza en el vientre de la mujer hasta quedarse dormido.
Aquel gesto hizo que Claudia lo deseara aún más e incluso pensara por un momento por primera vez en años que amaba a aquel hombre,  un sentimiento que casi había desterrado de su corazón y ahora resurgía como magia.  " No quiero poseerte sin más, quiero desearte, conocerte, amarte antes de tener la máxima intimidad"    Esas palabras fueron como  mágico elixir, como extraordinaria contraseña para el comienzo de una vida compartida.







viernes, 13 de junio de 2014

Tropiezos



Claudia  bajaba las escaleras de su hogar, el 423 de una de  las calles mas lujosas de la ciudad.  Se dirigía a una entrega de premios, no le apetecía nada el asistir  pero el protocolo la empujó a que aquella tarde de Jueves tuviera que ponerse uno de sus mejores vestidos y esos zapatos color champagne que tanto le gustaban a pesar de sus tacones de vértigo.

En uno de los peldaños del segundo piso se torció el tobillo y calló rodando escaleras abajo hasta esparramarse por todo el descasillo del primero.  Anselmo  que parecía estar tras la puerta de casa,  tardó un segundo en abrirla  y ayudar a levantarse a la maltrecha mujer.  Las perlas del Caribe esparcidas por el descancillo y algunas cayendo  escaleras abajo impedían una movilidad libre, Anselmo temía pisarlas y romperlas o pisarlas y resbalar.


La mujer al levantarse descubrió que su tobillo le dolía y costaba apoyarlo en el suelo sin sentir un dolor agudo.  El hombre intentó tranquilizarla y le pidió que entrara en su piso.  
La estancia era amplia, diáfana, todo limpio y ordenado. Anselmo dejó sentada a Claudia en un asiento tan moderno como cómodo y volvió a salir, tardó unos minutos, no demasiados, entre las manos llevaba todas las perlas que encontró y las puso en un cuenco de cristal tallado.

Entonces preguntó a la mujer si le seguía doliendo y ésta preocupada respondió  "desgraciadamente si"

Acercó un taburete de ébano y se sentó frente a la mujer, aún llevaba el traje de trabajo, era marchante de arte y cada día lucía un elegante traje de marca, aún olía a su colonia habitual, Claudia la reconocía porque podía olerse por las escaleras cuando él salía de casa a eso de las 8, 30 de la mañana.   El hombre cogió con dulzura el pie de ella y le despojó de los zapatos  " zapatos arriesgados para bajar por las escaleras ¿Porqué no bajaste en ascensor? ".    Ella no solía  utilizar el ascensor nunca,  ni siquiera entaconada, nunca le había ocurrido tal percance.  Las medias de cristal tenían varios desgarros y ella se lamentó, él le sugirió que debería quitárselas para ver si tenía el tobillo inflamado.   Claudia se  despojó de la media con tal sensualidad que Anselmo tuvo que centrarse en el tobillo, miraba al tobillo como si no hubiese más partes en ese hermoso cuerpo de su vecina.  Pasó suavemente las manos por el tobillo y las subió  hasta la rodilla, tenía una piel suave y perfumada, ella  apenas se movía, el miedo  a tener un hueso roto la paralizaba, el hombre volvió a centrarse  en el  tobillo, a un pie pequeño, sin imperfecciones, suave,  en ese momento el  tiempo pareció detenerse; él le sonrió para tranquilizarla, intentando creer  que aquella piel no despertaba en él ninguna sensación, ella le devolvió la sonrisa , intentando  pensar que aquellas manos no despertaron en ella deseos de que siguiera acariciándola, que no parara...    Anselmo dijo que no había nada roto pero el tobillo comenzaba a inflamarse, preguntó si quería llamar al médico.  Claudia respondió que no,  pero tenía que llamar a la organización para que excusaran su ausencia. 

Mientras ella hablaba por teléfono él desapareció unos minutos para volver al salón en pijama y con un par de bolsas de hielo.   Las colocó en el tobillo, él le conversaba  y ella agradecía las atenciones de su amable vecino. 

Un par de horas después subieron juntos en ascensor, Claudia entró en casa y se desnudó para dormir en su cama de sábanas blancas y almohada de aloe vera,  Anselmo no tardó en quedarse dormido mirando las vistas por las cristaleras de su dormitorio.   Ambos  recordaron el momento en que dentro del ascensor, - él en pijama y ella con los zapatos en la mano -, no pudieron evitar acercarse lo suficiente como para que sus labios  se unieran  y  poder saborearse mutuamente.









miércoles, 11 de junio de 2014

domingo, 8 de junio de 2014

La sombra del bosque




Era una leyenda antigua, algo sacado  como de un cuento de hadas o de una vieja canción. 

Todo el mundo hablaba del cazador porque todo el mundo le tenía miedo.

La gente siempre temía que volviera, y cuando lo hacía,  daban gracias al cielo por  haberse llevado al niño de otra familia, quizás sintieran un poco de remordimientos por ello, pero no duraba mucho.

Todo el mundo tiene sus propios problemas, no es ni bueno ni malo, es así...





jueves, 5 de junio de 2014

verde




Hundió su rostro en las aguas del Lago verde.
La mujer, temerosa, angustiada por la sugestión de todo lo que se contaba de aquellas aguas tardó unos segundos en abrir los ojos...
Los abrió y miró al fondo; lodo y algas, plancton y oscuridad...


Negros nubarrones la envolvieron, su difunto esposo se acercaba a ella para envolverla entre su brazos y decirle al oído que no habría mas tiempo para él,  que cuidara del niño.  El  recuerdo de su espeso la ahogaba pero en pena y soledad, burbujas de aire brotaban a la superficie...


Se vio atravesando un puente, un dolor agudo, seco.
Quería dejarse arrastrar, quedarse bajo ese somnoliento espacio acuático.

Francisco subió su cabeza a la superficie, aturdida, sin aliento dio bocanadas amplias de aire.

- ¿Qué has visto? Preguntó el aldeano con seguridad que aquella inmersión había obtenido resultados.

-No he visto nada... Respondió aún hiperventilando.

- Que me dices mujer!!!  A nadie ha dejado sin respuesta estas aguas...     Francisco sabía que no quería contar, respetó su silencio...


...

La mañana que decidió hacerse la prueba llovía,  las gotas golpeaban la pequeña ventana del cuarto de baño. Cuando observó el Positivo  no tuvo otra reacción que  salir a contárselo a Emilio. Olvidó el paraguas, se dio cuenta a medio camino. Tan sólo tenía que desplazarse un centenar de metros....

Emilio la vio en el suelo, había resbalado por la gravilla del puente, se tocaba el tobillo y miraba a donde él se encontraba.   Salió corriendo en su busca.   Esquivó varios coches, la lluvia parecía haber amainado.

- ¿Qué haces aquí? con este tiempo sin paraguas...

Ella  tenía un mirada inquietante, como ausente, despavorida.

- Emilio...

-Dime, te duele?

- Si, pero... venía a decirte,  que vamos a tener un niño. 


Él le sonrió nervioso, le dio un beso en la frente y acto seguido en los labios. Ella aún parecía estar desconcertada, con los ojos muy abiertos, con cierto pavor y desasosiego.  Sólo cuando se vio en el suelo, con ese dolor en el tobillo que la inmovilizó entre la gravilla del puente, con su único hijo recién engendrado en su vientre...  sólo entonces recordó aquello que un par de años antes le contaron las aguas verdes del lago. En aquellos días  el simple hecho de mirar a otro hombre era simplemente una sinrazón ...   Hoy todo había cambiado.









lunes, 2 de junio de 2014

Noctámbulo de azufre

Si... Yo lo vi.

Sentado justo ahí, en la esquina de la barra del bar.
Esa  noche no trabajé pero la pasé en vela, por eso bajé al bar a esas horas. Las cinco y media de la madrugada.  Algo en él era repulsivo...  sentía su mirada clavada en mí.  Pensé que me reconocía, que quería uno de mis servicios.

Ahora sé lo que quería...    cuando me acerqué con mi vaso en la mano y pregunté si podía sentarme junto a él, asintió, no soltó palabra. Después de unos breves minutos me percaté que olía a alcohol, a perfumes de mujer,  el movimiento de su mandíbula me advertía que estaba bajo la influencia de drogas.

Sus palabras fueron claras y vulgares, no me escandalicé porque estaba acostumbrada a tipos soeces.
Me dijo que no tenía tiempo para fornicar más aquella noche. Que lo sentía por mi, si, eso dijo, que lo sentía porque no encontraría una verga mejor que la suya en toda esta basura de ghetto redondo, perdido en una infinita nada.   Había estado en una fiesta, volvía a casa, contento por los negocios que había realizado, su nariz goteaba y los ojos inyectados de sabiduría por alguna extraña razón me atraparon. Pregunté por esos negocios.  No debí hacerlo lo sé, pero lo hice.

Me invitó a otra copa,  me habló de cosas,  de mi vida, de cosas insignificantes e importantes.   No voy a hablar de lo que me dijo. No creo que sea conveniente para tu  seguridad, créeme cuando te digo que la ignorancia es la felicidad,  sin embargo te diré que  subió a casa y tuvo tiempo.
Si... llegamos a un trato. Lo vi viable, razonable y tentador.  Puedo decir que ahora veo las luces de la vida, las sombras las dejé tras esa noche.

Bueno... no tengo mucho más que contar, a mi favor alegraría que soy una persona nueva,  respetuosa y respectada por la sociedad. Nadie sabe que esa madrugada interactué con el diablo, de echo yo casi lo había olvidado  después de tantos años.  Ahora soy una especie de beata millonaria,  su verga fue la última que entró en mi.  Y joder, no necesito más.  Lo tengo todo sí.
Ahora sé que cuando deje este ghetto redondo y azul llegaré al suyo,  entonces no habrá privilegios, seré una más pero él es un tipo que sabe escuchar,  le gustan los negocios y los tratos.... y  a mi también.