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Entra y siéntete en casa...

viernes, 30 de mayo de 2014

Invitado de azufre


Bueno... el diablo estuvo aquella noche en la fiesta,  quiero decir que nadie lo invitó pero joder... allí estuvo.
Todos lo reconocimos.
Alegaría a mi favor que no fue una gran fiesta, fue una de tantas, estuvimos los habituales e hicimos lo de costumbre, nada extraordinario, nada especial.

Nunca hablamos de ello, pero bueno he de suponer que él debió estar al tanto y pensó en darse una vuelta y beber unos tragos, desahogarse con una buena mujer,  ya me entiendes.

Ahora que pienso en esa noche, sé  que debería haber actuado distinto y por  supuesto tuve que haber apostado más fuerte.
Aquél jodido negocio terminó saliendo a su favor y no al nuestro, no al mio, eso me molesta especialmente pero por otro lado con tipos como él hay pocas posibilidades de salir ganando, a grandes rasgos por lo menos. Para ser simples mortales con fecha límite no estuvo mal lo acordado.

No creo que sea conveniente hablar de lo vivido tras esa noche sólo que me paseo por la mejor vida,  cuando llegue mi hora y comience a sentir el calor de las hogueras, bueno... seguro que podremos llegar a otro buen trato, aunque ahora sé  de qué lado caerá la balanza.
Y eso cuanto menos me perturba...






martes, 27 de mayo de 2014

Las historias de Pedro



Después de estar seis años casada con Pedro aquel tipo que estuvo empeñado en casarse con Sandra aún estaba por la labor  en cambiarle de parecer.

Esta vez habían coincido en la Feria del pueblo, él se le acercó simulando casualidad.  Ella iba con su vestido turquesa y una flor en el pelo.  Pedro y uno de los amigos habían desaparecido  de la vista de Sandra hacía un buen rato. 

Aquél tipo que  parecía haberla acechado,  esperó el momento en que estaba sola para acercarse y saludar.
La piropeó, la sonrió e incluso la agarró de la cintura, cosa que a Sandra le molestó bastante. Intentó escapar de sus garras a duras penas.


- No puedes seguir estando con un hombre que no sabe ganar dinero.    Así le recordaba que él era un hombre con varias empresas y varias cuantas bancarias, las más suculentas en el extranjero. 

- No sabrá ganar dinero...   - por fin pudo alejarse lo suficiente como para sentirse cómoda- ... pero sabe contar historias.

El hombre intuyó que era el momento de irse y así lo hizo.  Sandra volvió la vista atrás y vio entre la multitud a Pedro que reían con su amigo ajeno a lo acontecido,  para todos era un chico normal, con un trabajo modesto y con no mucha ambición pero su esposa siempre que lo miraba con detenimiento, con no demasiado esfuerzo podía ver como se les  escapaban las historias por cada poro de su piel.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Vacios



Hoy Ángela  no se ha levantado. Se ha quedado  en la cama, con las cortinas echadas, en penumbras, ausente del día que pasa sin ella en él.

Escuchó el despertador a las siete y media de la mañana,  sintió como Pascual se levantaba, se vestía, desayunaba y volvía como cualquier otro  día a su puesto de trabajo.

Ángela lloraba, gimoteaba, en otros momentos su llanto era desconsolado. 
Repetía en su memoria una y otra vez el momento en que descubrió que algo no iba bien;  la sorpresa, el miedo, la llegada al hospital y el  desolador, desgarrador desenlace.

El mundo seguía tal cual, como ayer, como mañana, Pascual había ido a trabajar como si tal cosa. Ella pasaba sus manos por un vientre vacío, un vientre que hasta ayer albergaba a una niña de seis meses y hoy... por culpa de ... no sabe porqué, nadie sabe decírselo.... hoy ya no estaba.




domingo, 18 de mayo de 2014

La cerveza de Marcial

En las afueras de un  perdido pueblo, en la verde ladera, junto a un centenario árbol gigante había construida una casa, vieja como el lugar pero reformada por las artesanales y trabajadas manos de Marcial.
Marcial era hijo del pueblo, había nacido y crecido allí, tan sólo estuvo fuera un par de años. Regresó sin contar donde había estado y con una cicatriz en la barbilla, apenas se le veía porque siempre se dejaba crecer la barba.

Había alguna que otra leyenda sobre su persona, a él lejos que molestarle u ofuscase le divertían. Federico, Agustín y Carmela se las contaban en sus tardes de cartas, y placeres en general.

Era el único en el lugar que a sus cuarenta y tantos seguía en estado de soltería, todos sabían que por las calles del pueblo correteaban un par de hijos suyos y de un par de incautas que cayeron en sus redes.


El sonido de las chicharras acompañaban buena parte del camino a  Federico, Agustín y Carmela; la pareja de chicos y la chica  con el tiempo se convirtieron en amigos, los tres solían quedar para visitar a Marcial, que normalmente paraba sus quehaceres cuando los veía llegar.

En aquellos tiempos nuevas extrañas prohibiciones habían llegado a consternar a la población. Una de ellas era la ausencia de venta de alcohol. Marcial tras decenas de pruebas fallidas habían conseguido destilar una cerveza razonable.
Las tardes-noche de los Viernes siempre eran especiales, Carmela llegaba de la Universidad y tras dejar la mochila en casa la primera visita era para Marcial.  Los cuatro se sentaban en el porche de la casa, las altas temperaturas hacían que Carmela se quedara descalza  y Agustín siempre se quedaba sin camiseta.  La baraja de carta siempre estaba en la mesa, siempre terminaban jugando algunas manos.  Marcial se liaba tabaco y lo encendía, fumaba, lo cedía a alguno de los tres y desaparecía unos momentos para volver con un bote de cerveza que repartía en unas viejas jarras que un día Federico encontró en el viejo almacén de su tío Antonio.

Agustín no tardaba en desvariar, se desinhibía y perdía todo el miedo en expresar su amor por Federico, hijo del  farmacéutico,  codiciado soltero deseado por las mas bonitas jovencitas del pueblo. Su amigo le correspondía, amaba a Agustín desde que estaban en la escuela, desde que jugaban a fútbol y sin tener el mínimo interés por ese deporte no faltaba ni un día al entrenamiento aunque supiera que se llevaría más de un pelotazo y mil  patadas en las espinillas. El día que volvieron juntos después del entrenamiento y Agustín se dejó besar tras una de las encinas del camino viejo fue el último que tuvo que darle patadas a esa estúpida pelota.

Carmela sabía saborear aquella cerveza, fuerte, con un sabor peculiar  pero que conseguía su cometido.  Las chicharras no paraban de sonar aquella tarde aunque el día se escapaba en el horizonte naranja.  Se había sentado en uno de los escalones mientras liaba un cigarro y dejaba  a los chicos sentados  en la mesa, besándose y susurrando palabras de novios.

Marcial que volvía de cerrar algunas verjas se sentó junto a Carmela.  "Puedo quedarme contigo hoy" ella sabía que no habría inconveniente, nunca lo había.
Los azules ojos de Marcial la miraron risueños. "Creo que esta noche os quedáis todos" Respondió haciendo un gesto cómplice a los dos que no paraban de mimarse.

En esos momentos la luna llena se había colocado en el cielo como si fuera un gran foco plateado. Marcial apuró el líquido de la jarra anunciando que  no bebería más, " Ya está bien por hoy, si sigo bebiendo me quedaré dormido antes de lo debido" .

Varias horas después los cuatro descansaban en una enorme cama que había construido Marcial, los chicos se empeñaban en dormir juntos y siempre juntaban las camas, así podían hablar relajados en mitad de la madrugada sin tener la sensación de estar en mitad de la plaza del pueblo.
La luz de la luna entraba por la ventana y cada tanto la suave cortina se movía por una tímida brisa, hablaban de sus planes, de sus miedos, de sus sueños...  los cuatro sabían que sus vidas retomarían un rumbo difícil de afrontar, en un mundo donde ciertos amores estaban condenados duramente  debían aceptarlo si querían seguir siendo hombres libres.  Mientras llegaba ese día intentaban pasar el mayor tiempo posible en aquella casa junto al árbol gigante, bajo la protección y complicidad  de Marcial.
Carmela acurrucada en Marcial escuchaba silenciosa las conversaciones jocosas de los tres hombres.

 - ¿ Pero de verdad nunca has estado con una mujer?  Preguntó de forma  jocosa Marcial.
- No...  Para mi  es algo razonable,  tanto como que tu no hayas estado con ningún hombre. Comentó Agustín
- Lo que si me sorprende es que a tu edad seas tan... 
- ¿ Tan qué?
- Tan ardiente, tan atractivo.
- Joder... ¡Te gusta Marcial!  Exclamó  con sorpresa Federico
- Bueno, si no te conociera a ti y hubiera alguna posibilidad... no rechazaría el momento,  vamos no lo rechazarías ni tu .
- Algún día tendréis mi edad,  incluso más que la mía,  alcanzaremos una etapa en la que la barriga será tan prominente que no podremos ver nuestras pelotas,  tendréis las orejas grandes y os saldrán pelos de ellas, entonces descubrimos que nuestra  vida se nos escurre y lamentaremos no haber hecho el amor lo suficiente, así que hay que amar y vivir tan intensamente como podamos.  Encontraremos una solución a  nuestras vidas,  no os preocupéis....   - Había estado acariciando  mientras hablaba la espalda de Carmela, ella le miró creyendo firmemente en esa posibilidad.  Marcial la besó con suavidad, la amaba como creía no haber amado a nadie en sus 46 años-

...

La boda de Carmela fue todo un acontecimiento, prácticamente todo el pueblo fue invitado, era una de las novias mas bonitas que habían pasado por la capilla de Sta. Lucía. El novio  firme  y apuesto la esperó frente el altar y la besó con pasión cuando el párroco dio permiso, todos aplaudieron efusivamente, todos menos algunas candidatas  que aspiraban a cubrir ese puesto.  Federico sorprendió a su padre cuando le dijo que amaba a Carmela, y aún más cuando quiso construir su casa junto a la de ese tipo raro, el soltero, el que vivía junto al árbol gigante.  Pero Federico que era un hombre a pesar de sus 27 años supo bien administrar y convencer a los suyos... Había apurado mucho la soltería y no era conveniente esperar mucho más.

La noche de bodas la pasaron en casa,  no en su nueva casa sino en la de Marcial, sacaron un par de botes de la cerveza destilada, bebieron para celebrar su boda hasta caer rendidos los cuatro sobre la cama.
Los cuatros estaban bastante perjudicados por el alcohol.   Carmela, tendida, semidesnuda al igual que sus acompañantes  se quitó el anillo de su dedo anular y se lo colocó a Agustín. "Es tuyo, a ti te pertenece" .  Agustín dejándose llevar por la emotividad se acercó a ella y la besó en los labios, agradeciendo todo lo que había hecho.
"Espero que seáis felices, para toda la vida"  "Yo también deseo que seas feliz toda la vida y que permanecemos juntos aquí en en nuestra casa"

...

Pasaron los meses y los años, el matrimonio vivía bajo la sombra protectora del árbol gigante, Federico heredó la farmacia de su padre, Carmela cuidaba a los dos hijos que eran terriblemente traviesos,  los pequeños estaban todo el día en casa de los  vecinos,  donde vivían Marcial y Agustín que tras una enfermedad que nadie comprendió le dejó con una impotencia que lo abocó a la soltería y terminó viviendo de los trabajos artesanales, carpintería y demás junto a su jefe Marcial.
Cuando pasaran los años puede que todo cambiara,  y que el mundo volviera a ser razonable,  que no tuvieran que inventarse matrimonios ni impotencias, algún día le dirían a esos niños que Marcial era su padre,  y que todo lo que hicieron fue por amor y por creer en la libertar, aunque sólo se viviera  en el espacio de la gran sombra del árbol gigante...
Y ninguno podrá olvidar que todo empezó gracias a la cerveza de Marcial








jueves, 15 de mayo de 2014

Dragón de piedra.



Hace mil años una princesa se enamoró de un viajero que había llegado  a su reino desde una región desconocida.  Ella,  temerosa de perderle,  lo encerró en el sótano de  palacio y cada tarde lo visitaba y lo iba devorando de amor.

Aquella mazmorra  no tenía puertas ni ventanas y la única forma de escapar era seguir amando a la princesa, para así creer que estaba en casa.

Una tarde el viajero le dijo a la princesa que no podía quedarse mas tiempo allí encerrado, que debía salir porque de otra forma enfermaría y terminaría muriendo.   La princesa presa del miedo por perder su amor descubrió la ausencia del brillo en los ojos  del viajero y una tarde optó por dejar la puerta abierta después de su visita.    El viajero, agradecido salió de la mazmorra, paseó por los jardines de palacio y ... no se le volvió a ver.


Algunos años después, puede que demasiados,  puede que los necesarios, el viajero llegó a palacio.
"He tenido que atravesar todos los reinos de los seis dragones de piedra para saber que no puedo vivir sin ti"  dijo
La princesa agradecida por su vuelta lo acogió en palacio y cada tarde lo buscaba y lo devoraba de amor.  El viajero, rendido de amor por la hermosa y sensible princesa, obnubilado por el desenfreno y las riquezas rehuyó de la certeza de que aquella princesa poseía decenas de  palacios y en cada uno de ellos  había un viajero que mantenía encerrado entre los amplios salones, aunque eran libres para marchar  no lo hacían, la princesa guardaba un secreto...  Si alguno de sus viajeros huyera de sus amorosos brazos, ella volvería a ser el séptimo dragón de piedra y eso NO debía pasar nunca, nunca, nunca  jamás.






martes, 13 de mayo de 2014

El espigón de los sueños



Era una tradición que cada cierto tiempo
subiera a las nubes 
para pescar alguna buena historia, un plan, un sueño...
alguna de esas cosas que le tuvieran entretenido  buena parte del camino
de esto que es vivir.



domingo, 11 de mayo de 2014

El ÁtiCo


Andrea subió las escaleras del ático con cuidado,  era la primera vez que su padre la dejaba subir sola.
 Ella había subido muchas veces, sabía donde estaban la caja de puzzles que  quería para pasar aquella tarde de tormenta primaveral.
Cuando subía los últimos peldaños la niña volvió a sentir los duendes del ático.

- ¡¡¡ Voy a entrar duendes !!!

La pequeña de siete años entró al oscuro ático y miró curiosa los rincones y  recovecos más oscuros, allí era donde se escondían los duendes del ático.  Pequeñas bolitas oscuras  con aspecto esponjoso que medio levitaban y correteaban alejándose de la niña mientras andaba entre las cajas. Ella siempre los veía pero nunca les prestaba atención para no asustarlos.
Buscó el puzzle que más le gustaba y volvió presurosa hacia la salida, comenzó a bajar cuando  vio como volvían a invadir todo el ático, flotando como pompas de jabón,  como los pompones que les hacía mamá con la lana que le sobraba.

Andrea se sentó en la mesita baja y comenzó el puzzle.  Su madre cogió la caja donde se guardaban las piezas y pasó un trapo por ella, estaba cubierta de polvo.


- ¡¡¡ Es que los duendes del ático no dejan de fabricar el polvo mamá!!!


La madre de Andrea se sentó junto a ella para ayudarla y hacer el puzzle juntas.  "Yo también los veía cuando tenía tu edad"  le susurró su madre  "supongo que soy mayor para que ellos me dejen verlos, sólo se dejan ver por los que ellos quieren, debes caerles bien"

Andrea sonrió y junto a su madre pasaron la tarde de tormenta haciendo el puzzle de los unicornios.






jueves, 8 de mayo de 2014

Dos LuNas


Hubo un tiempo...  tiempo pasado, tiempo futuro, tiempo lejano,  en el que tuvieron  dos lunas.   Una de ellas,  la más pequeña por su lejanía se acercó demasiado al sol.  Explosionó, eclosionó como un huevo y de ella salieron miles de dragones que bebieron de la estrella ardiente.

Cuando los dragones llegaron al planeta de los hombres provocaron el terror y la desolación...  aunque en el bosque de los árboles gigantes había un grupo de humanos  que nadie supo como llegó allí, sólo ellos tuvieron la sabiduría y la fuerza para ser los elegidos.  La familia de los árboles gigantes cabalgaban los dragones que surcaban los cielos como verdaderos dioses.

 La Chamana de los dibujos pintaba en la gran piedra negra  la vida que llegaría mientra su esposo  volaba sobre el gran Dragón Valnor, conocido por su colosal tamaño y ferocidad.

Los otros pueblos temerosos y siempre inmersos en batallas no comprendían como no utilizaban a aquel animal volador con fuego en sus fauces para gobernarlos a todos.  Muchos fueron los que pensaron en arrebatarle sus animales de la Luna, sin embargo no dejó de ser una  abrasadora idea...   

Como se podía ver en la Piedra Negra, esos animales que bebieron del sol sólo se dejaban montar por los moradores del territorio gigante.





lunes, 5 de mayo de 2014

El Búnker II



El cuadro de Jimena se había quedado en el sótano de Adrián.   Él se empeñaba en llamarlo búnker.  "Herencia de la Guerra Fría" decía.

Jimena se había dejado de teñir el pelo,  siempre se lo oscurecía. En el retrato lo tenía de su tonalidad natural y cuando lo miraba le gustaba.  Cuando Adrián descubrió aquel detalle tuvo la certeza de que aquel cuadro guardaba un secreto, no podía adivinar si grande o pequeño pero lo tenía. 

Lo mantuvo en la pared colgado durante cerca de treinta  años. 
Después de tantos años Adrián ya estaba cerca de jubilarse,  Jimena había sido la mujer de su vida, la madre de sus tres hijos y  la compañera que nunca le falló.

En la mañana de 14  Mayo cuando las temperaturas cayeron bajo mínimos históricos Adrián tuvo que  encender la chimenea como si fuera pleno invierno.
Las noticias eran confusas, la meteorología anunciaba que por una razón inexplicable el planeta volvía a una etapa de "Hielo y nieve" fueron las palabras exactas.

"Un Mundo de hielo y nieve"...  Jimena se levantó asustada, aturdida, temerosa por los acontecimientos.  Adrián bajó a su búnker  como inmerso en una especie de trance. Se sentó en el sofá frente al cuadro de la Joven Jimena.
Ella bajó las escaleras  y lo vio sin mover un músculo, lo conocía bien como para saber que  estaba pensando en todo aquello, dándole vueltas a lo sucedido y  buscando una explicación, una solución.

- Llama a los niños. Haber si están bien. Dile que si tienen problemas vengan a casa.  Él llamaba niños a sus hijos aunque ya fueran casi treintañeros.

- Qué vamos a hacer Adrián?  

- Vamos a abrirlo y voy a sacar de ahí ese paisaje.


...


Hace casi un siglo, mucho antes de que Jimena naciera en un lugar llamado Cerro del Cuco comenzaron las obras de una urbanización,  casas adosadas, con jardín delantero y trasero, todo una innovación en esos lejanos tiempos.   Jeremías un joven huraño con no muy buena reputación era el encargado de vigilar la zona por las noches. Habían tenido varios robos y el dueño de la urbanización lo contrató sin saber nada de él.


Jeremías era un tipo raro,  fumaba hierbas raras, decía que los sueños le hablaban y  en mas de una ocasión lo vieron conversar con gentes que no existían.   Era rentable y no daba problemas, tampoco se quejaba, así que era el vigilante nocturno perfecto.

- Quién es esa mujer. Tu novia, tu hermana?    Le solían preguntar los obreros de la construcción cuando veían el retrato junto a la puerta de la primera casa terminada y que jeremías utilizaba para resguardarse del frío.

- No, aún no es nadie.  Respondía sin darle  muchas más explicación.

 Una de esas noches, el vigilante,  el  raro, el huraño, bajó  al  sótano y entró por el hueco que había abierto la noche antes, metió el retrato y volvió a cerrar el hueco...
Aquel acto fue su secreto,  nadie  lo supo.  En el recuerdo de todos, para  los muchos o los pocos que le recuerden simplemente  fue un tipo raro que un buen día desapareció, de marchó sin pedir ni dar explicaciones...


...


Jimena como aquella primera vez entró con miedo, hoy sabía que ese lugar oscuro y lleno de humedades era lugar sagrado, lugar sabio...
Le resultó curiosos que los vecinos, los que llegaron después del fallecimiento de sus padres y la boda con Adrián  optaran por  no abrir el espacio extra.  Era inmenso y podría ser un gran desahogo en un hogar... sin embargo, allí estaba tal y como lo habían dejado tres décadas antes.

Sacaron el cuadro, lo dejaron junto al retrato de la joven Jimena.  Se quedaron mirándolo un momento. Era precioso pero ... aquella intuición que tuvieron justo después de cerrar el hueco  cobró vida,  ahora sabían que el cuadro que pusieran ahí dentro repercutiría en su futuro, en el de sus hijos, en el de TODOS.

¿Qué poner entonces?


- No sé.   Susurró  Jimena

- Es difícil, cualquier cosa que dibujemos podría cambiar y estropearlo todo.

- O mejorarlo...  no sabemos como lo podría interpretar.


Cuando cinco días después vieron el cuadro alumbrado por las linternas en mitad de la oscuridad volvieron nuevas dudas .  ¿ Y si cerraban el hueco sin  nada?  Adrián lo vio una elección demasiado arriesgada.


- Este cuadro me gusta mucho Jimena.  Si se trata de un futuro, es el que quiero, el que necesito, el que deseo...

- ¿Se lo diremos a los niños?   Le cogió las manos buscando apoyo.

- No creo que sea necesario.   Le sonrió y la beso como hacía años que  no lo hacía.



Poco a poco fueron cerrando el hueco, el nuevo cuadro era engullido por las negras sombras de ese espacio.  Adrián que había colocado la linterna estratégicamente para poderlo ver hasta el último momento...   lo observó por última vez, con la duda de qué era lo que tendría que pasar para que ese cuadro cobrara vida como lo cobró el hielo y la nieve...    

Los árboles gigantes, verdes y frondosos inundaban todo el lienzo, a los pies de los árboles, ellos,  Jimena y  Adrían se abrazaban con un  aspecto juvenil,  mientras,  miraban a sus seres queridos que parecían jugar y divertirse.   En el cielo se podía ver dos Lunas.








viernes, 2 de mayo de 2014

El búnker



Jimena  llegó al barrio en los años ochenta.  Allí pasó su infancia y adolescencia.  La universidad y la relación con Aaron la habían tenido alejada de la casa de padres  más de una década.

El desempleo y el desamor la hizo volver.  
El barrio se había mantenido anclado en el tiempo, como un barco fantasma a la deriva. Ella había vivido un millón de historias,  tenía mil recuerdos de lugares y personas,  en su rostro podía verse que era una persona sin prejuicios y libre.   Sin embargo en los rostros de los habitantes del barrios sólo se podía ver la opacidad de la monotonía.

Desde que el padre de Jimena se jubiló, el matrimonio pasaba largas temporadas en una casita en la sierra.  Animaron a su hija para que marchara con ellos pero  Jimena rechazó la oferta, en cierta forma agradecía estar sola ya que estaba acostumbrada  a la independencia y a no dar explicaciones de cada movimiento que hacía.


Las primeras semanas pasaron rápidas, había quedado con alguna amiga para intentar retornar la amistad... la frialdad del tiempo pasado había echo acto de presencia, los largos e incómodos silencios gritaban que tenían poco o nada en común después de tantos años...


No tardó en refugiarse en casa.  Salía por la mañana a comprar lo necesario y visitar algunos comercios para entregar su curriculum. Por la tarde un rato antes del crepúsculo paseaba por los alrededores del barrio, se camuflaba con la gente corriente, la de siempre,  aunque sus rostros fueran desconocidos para ella.

Fue en una de esas tardes a principio de la primavera, con el aroma a azahar recorriendo las calles y el tono anaranjado en las terrazas de las casas,  cuando al pasar de largo por la casa vecina alguien le habló tras las enredaderas del jardín.  "¿Jimena?"
Adrián, mas conocido como "el topo" apareció entre las verdes hojas,  sino fuera porque lo encontró en el mismo lugar donde lo dejó 15 años atrás jamás lo hubiera reconocido, se había despojado de sus gafas miopes, - o se había operado o llevaba lentillas- , la ceja que antes era una ahora eran un par y decoraban un rostro ausente de granos e imperfecciones.  El cuerpo flácido y rechoncho se había quedado en algún lugar atrás en el tiempo, ahora tras una camiseta blanca se adivinaba un cuerpo curtido en gimnasios.

"Me habían dicho que volviste ... entra en casa"  Abrió la puerta del jardín con cuidado para que no se escapara un perrito que quedaba tras sus pies.

Su madre había fallecido y su padre vivía con una mujer, su hermana vivía en Inglaterra y él tras divorciarse volvió al barrio. " Han vuelto muchos" dijo en algún momento de la conversación.
Adrián trabajaba en una carpintería no muy lejos de su casa. Terminaba a las cinco de la tarde y cada día desde aquél encuentro compartía el momento del crepúsculo con Jimena, paseaban, hacían footing, iban de compras o se acompañaban en actividades inesperadas.

Todo cambió la tarde de la tormenta. 

Adrián paseó por la casa de su vecina,  deambuló aparentemente sin intención mientras Jimena preparaba café.  Cuando tenía las tazas y los trozos de bizcocho esperando en la mesa del salón ella lo llamó.  Lo buscó y lo encontró pisando casi de una forma estratégica el parquet del pasillo. 
El hombre se sintió incómodo,  descubierto...  "estaba... ¿Dónde tenéis la entrada?" 
"La entrada a donde... "
"Al bunker" 

Jimena sonrió haciendo una graciosa mueca interpretando que su amigo le gastaba una broma.

- Aquí abajo hay un  bunker, puede que tu padre no lo abriera, pero lo hay. 

Después de merendar atravesaron el jardín, saltaron la pequeña verja y llegaron a la casa de Adrián, a pesar de haber corrido estaban empapados de lluvia.  No le dieron importancia. El vecino la llevó a su dormitorio, un cuarto de hombre con algún detalle nostálgico de la juventud.
Jimena se quedó en la puerta y Adrián abrió el ropero. Ella pensó que cogería alguna ropa para cambiarse la mojada pero ¡OH DIOS! ... No era ningún ropero, era un simple habitáculo con una especie de trampilla en el suelo que abrió sin dar explicaciones y cediendo el paso a su petrificada amiga.

Ocupaba aparentemente todo el terreno de la casa, dividido en secciones, una parte era como un estudio de música,  otra parte lo ocupaba un sofá inmenso frente al televisor, otra parte la ocupaba un ordenador y una mesa de estudios y lo que quedaba una cama y una mesa con varias sillas. Dos puertas cerradas, una la del baño y otra de un pequeño almacén con comidas y otras cosas.

- Pues aquí  - dio un par de golpes en la pared como el que llama a una puerta antes de entrar- está el tuyo.

A Jimena le parecía sorprendente, increíble. Pero claro,  ella no podía hacer obras en casa. No podía echar abajo el parquet, no se veía con las fuerzas de llamar a su padre y comunicarle que quería abrir el sótano de casa. No le apetecía escuchar negativas.

Adrián entendía la situación pero había visto el brillo en los ojos de la vecina...  así que le propuso que podrían abrirlo desde allí, a penas tendrían que abrir un hueco en la pared  y echarían un vistazo.  Jimena rió nerviosa y aceptó la propuesta.


··· ··· ···

Un rato bastó para abrir un hueco lo suficientemente grande para entrar.  Él le cedió una linterna y fue la primera en traspasar el umbral de un espacio desconocido...
Era tan grande que la luz de la linterna era engullida por  la oscuridad.
No pudo disimilar su asombro cuando descubrió que era un lugar tan grande como olvidado.
Los dos se quedaron frente al extraordinario hallazgo. Un lienzo apoyado en un carcomido caballete... Adrián acercó la luz de su linterna.  Era el retrato de ella,  ¿Cómo podía haber pintado trazo a trazo  el rostro de la hermosa Jimena si aquél espacio nunca había estado abierto? ¿Cuándo lo hizo? ¿Quien lo hizo? ¿porque permanecía en aquel búnker olvidado?

Sacaron el lienzo y lo colocaron en un rincón del habitáculo de su vecino.
- Si no era ella el parecido era espectacular...   Expresó el muchacho quizás para quitar suspense  y dar cierta lógica a aquel misterio.

Jimena tuvo una idea, en esos momentos le parecía lógica. No quería dejar abandonado su retrato entre las humedades de un oscuro sótano. Era una excelente pintora, haría un cuadro y lo colocaría donde encontraron el retrato, sería un intercambio. Una vez que lo colocaran cerrarían el búnker.


Hacía rato que la observaba, tenía los auriculares puesto y no se percató de que Adrián  sentado en el sofá esperaba que la mujer lo descubriera. Pintaba con pinceles y con las manos.  Se tocaba la nariz impregnando la piel de colores azulados. 

- ¿Porqué has elegido un paisaje?

- No sé... me ha venido a la mente, siempre he tenido en la cabeza los paisajes nevados, un mundo de hielo y nieve...


Cuando cerraron el hueco,  ambos se miraron con la misma extraña idea...  Podían haber encerrado parte de  un futuro...  Uno entre hielo y nieve...