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Entra y siéntete en casa...

lunes, 31 de marzo de 2014

El jardín II




Sólo por los colores que le dejas,
siempre dirá que ha merecido la pena...

Hoy se aleja de sus jardines, vuelve con miedo a los infiernos,
vuelve con miedo a que le tengan miedo,
a tenerle que olvidar...


Vuelve la vista atrás.
Hoy todo Gris, la luz quedó en un ayer que aún le deslumbra...


Aquel mundo estrenaba primavera,
Ella sentía que se alejaba del tiempo de flores y olor a azahar, 
... y se adentraba en lo más profundo de un  otoño. -incierto y baldío-

El dueño del jardín hoy duerme sepultado, en sueño eterno.  Mientras se aleja del jardín vuelve la vista atrás un instante. 
Se quedó un instante parada ante la puerta,
recordó la promesa incumplida...
"él la había abandonado"
...
Ella no lo haría.
Volvió sobre sus pasos.   Nunca atravesó la puerta. Quedó encerrada en una primavera perpetua ...






sábado, 29 de marzo de 2014

Contemplación



A las cinco de la tarde se sentaba un rato a leer.
Era parte de su rutina.  Se levantaba a las seis de la mañana para ir a trabajar, al terminar la  jornada  llegaba a casa, almorzaba y dormía una reparadora siesta de una hora corta, entonces, se preparaba un café, dos galletas y leía.

Vivía de alquiler en un barrio tranquilo,  la gran mayoría de la vecindad eran  jubilados.  El único jaleo que se podía escuchar era el corretear de algunos nietos a la salida del cole y el sonido de las fichas  de dominó al ser removidas.


Desde hacía tres semanas algo la perturbaba.

El primer día fue fortuito, algo la hizo mirar encontrando aquel nuevo vecino tras los ventanales del balcón.  Pensó que al ser nuevo no había calculado bien el riesgo de ser visto tras las amplias puertas cristaleras que dan a los balcones, pero aquella situación se había convertido en parte de la rutina diaria, así era...  Se tomaba el café con sus dos galletas a la vez que observaba al vecino, en un principio el pudor la hacía mirar a otro lugar, pero día a día fue acostumbrándose y recreándose...

Era un hombre joven, treinta y tantos quizás,  se entendía que llegaba del trabajo directo a la ducha, salía de ella con la toalla en forma de pareo, dejando a la vista un pectoral curtido en gimnasio, hasta en la distancia se podía ver un cuerpo definido y depilado, el cabello lo tenía un poco más largo de lo normal, el flequillo le ocultaba aveces los ojos, se paseaba de un sitio a otro por el salón hasta que se traía algo de comer y lo engullía  mirando el paisaje vecinal... pensativo, ausente... Alguna vez atendió al teléfono olvidando con la conversación que una toalla pierde fácilmente sujeción, - aquel día no perdió detalle -, pero él tuvo buenos reflejos, y subió a tiempo la toalla que resbaló lo suficiente como para tenerla en vilo durante unos intensos minutos...


Ella lo miraba semioculta en su sofá,  camuflada en el anonimato y protegida tras los visillos blancos, lo observaba mientras lamía la cuchara del yogurt, o pasaba sus dedos por la boca para asegurarse que no quedaba restos de la merienda, tras un breve momento se adentraba en las habitaciones para no volverlo a ver más hasta el día siguiente.

Aquel hombre se había convertido en su momento de contemplación.





jueves, 27 de marzo de 2014

El jardín




Se quedó un instante parada ante la puerta, recordó la propuesta que le lanzó un par de días antes...



Entra sin miedo a mi jardín prohibido
Siguiendo la senda de las baldosas de piedra
Entra conmigo y verás...

Entra sin miedo, estaré esperándote,  durmiendo
Entra sin miedo siguiendo la duda que marca el azar...
Entra conmigo  y verás...



La muchacha entró,
nunca más se la vio...










lunes, 24 de marzo de 2014

Sibilina




Como una víbora se arrastró sigilosa para no ser descubierta,
con su lengua sibilina,
se deslizó por los recovecos y zigzagueó para que sus intensiones no fueran sorprendidas,
con su hermética mirada,
magnetizó a todos los que se cruzaron en su camino,
con su elocuente intelecto,
tergiversó las evidencias y embaucó a los ilusos que se le cruzaron en su camino.
Nadie pudo evitar que ese día estuviese tras la mirilla aquella hermosa mujer con lengua sibilina, mirada hermética y elocuente intelecto, 
tras la puerta sus  ojos vieron el final de sus problemas,
actos impúdicos que debían quedar entre esas paredes,
aunque a partir de hoy ...
Su silencio tenía forma de cheque.... de cheque en blanco.

Como una víbora se arrastró sigilosa para no ser descubierta,   y sonrió.







jueves, 20 de marzo de 2014

Corazones fugaces



Como cada Sábado en la sobremesa Fátima se acercaba a casa de  Silvia.  El utilizar la tarde de Sábado como sección  de peluquería se había convertido en algo imprescindible. Después de lavarse concienzudamente el cabello Fátima se sentaba en un taburete, Silvia le secaba la melena no demasiado larga con el secador, después  colocaba un mechón sobre la tabla de planchar la ropa, extendía un pañuelo sobre el  mechón y pasaba la plancha sobre el pañuelo, poco a poco obtenías un cabello liso oriental perfecto para lucir en la noche discotequera, el proceso era lento y agotador, nada que ver con los tiempos de hoy que las planchas especificas para el cabello te alisan el cabello en una pasada. 
Las dos amigas habían descubierto que peinando una a la otra obtenían mejores resultados  y la tarde se les pasaba rápido hablando y echándose  unas risas.
Casi había terminado de peinarse Fátima, hacía rato que las dos estaban escuchando los golpecitos en la ventana, las dos habían actuado como si nada, ignorándolo, siguiendo la conversación pensando que no se volvería a escuchar más...  Esta vez  tras media hora en esa situación el golpe fue tan fuerte que creó cierta incomodidad en el ambiente. Fue Fátima quien decidió hablarlo.

- ¿Lo vas a seguir ignorando?
- No se... estoy cansada Fátima, no tengo fuerzas ni aguante para mas...  ¿Habéis hablado vosotros?
- No, ya sabes como es, es reservado para estas cosas.


Silvia se aceró a la ventana y la abrió, la brisa templada de la primavera  aireo en cierta forma el ambiente de la habitación que concentraba el vapor  y el calor de la plancha.
Unos segundos después  una  piedrita entró, estaba envuelta por un papel blanco. Sin más volvió a cerrar la ventana.  La piedra permaneció allí donde cayó durante un buen rato. Fátima le dijo si podía leer su contenido y su amiga le aclaró que podía hacer lo que quisiera.
La letra era clara y redondita, no habitual en los hombres, se notaba que había puesto el máximo interés para escribirla.  " Le pedía perdón si en algo se había equivocado, le repetía lo mucho que la quería y lo importante que era ella en su vida, necesitaba saber el porqué de su actitud y aclaraba que no se iría del portal hasta que no hablara con ella".

Silvia fue a la cocina a preparar café, Fátima se asomó por la ventana y lo vio en la acera, allí parado viendo el tiempo pasar... 

- Sigue en la acera
- ¿Queee?
- Que sigue ahí en la calle - habló mas alto- 

Abrió la ventana y él como si tuviera oído arácnido miró hacia arriba,   saludó con la mano a Fátima y ésta le dijo que iba a bajar.
Tardó apenas dos minutos, sólo tenían que bajar dos tramos de escaleras, cuando bajaba el último tramo él la esperaba en el último escalón.  Se dieron un beso como saludo y se sentaron en uno de los escalones.

- ¿ Qué le pasa?  
- No le pasa nada grave, simplemente está cansada, no puedes negar que es difícil llevar este tipo de relaciones. Déjala a su aire, ella sabe que la quieres, puede que tan solo necesite un tiempo,  si lo que te preocupa es saber si has hecho algo concreto que la haya molestado te puedo decir que no.  Ella no te reprocha nada.

Se quedó pensativo unos largos segundo, pasó su mano desde la frente a la nuca, resopló, suspiró, retuvo el aire en sus pulmones expandiendo su pecho no demasiado atlético.  Miró a Fátima que ocupaba un trocito de escalón y mantenía la espalda recta como si estuviera en una oficina de atención al cliente.

- ¿Y tú, como estás?
- Bien... guay...
-  Quiero decir si estás contenta, si necesitas algo, si necesitas que te acompañe a algún sitio, no sé.
- No... no necesito que me acompañes a ningún sitio especial, estoy bien... y muy contenta contigo.
- Sabes que te quiero mucho, lo último que quiero es complicarte la vida.  Se le notaba cierta actitud de culpabilidad.
- Pero que estás diciendo, yo te quiero tal y como eres, así, loco y atolondrado, nunca me ha importado que amaras a Silvia, lo sabes, tampoco me importa que ames a Nuria,  eres perfecto para mi, me centro en nuestra relación y que seas tan feliz como yo lo soy, no quiero que te sientas mal pero  deberías estar acostumbrado, en las relaciones que te gusta llevar esto es lo que sucede, unas se van y otras llegan...

- Quieres decir que Silvia se me ha ido

- No lo sé, te digo que no debería afectarte tanto.

Volvió a pasar su mano desde la frente a la nuca, -síntoma de que sus pensamientos le martirizaban y quería solucionar lo que posiblemente no tenía solución-   "que has querido decir con lo de unas se van y otras llegan, quieres decir que un día me dejarás de querer tú también"
Fátima dijo no querer hablar en esos momentos de ese tema, era algo que sólo pensarlo le partía el corazón, esa situación ni se le pasaba por la cabeza.

La muchacha se levantó, se estaba demorando mucho y aún tenía que peinar a su amiga.  Él permaneció sentado, "Bueno, me marcharé a casa, ¿Vendrás luego?"
Ella titubeó, le miró  "lo más seguro es que no, mejor mañana, ¿quieres que vaya a comer?"
Aceptó la propuesta y decidió levantarse para marcharse,  ella se dirigió escaleras arriba y él a la calle, ambos giraron sus miradas y sonrieron,  volvieron sobre sus pasos y se despidieron con un beso, él la abrazó con ternura,  ella le susurró algo al oído que provocó que la besara con no demasiada pasión por estar en espacio público, no le apetecía que un vecino los descubriera y se escandalizara, Fátima seguía besándole, él la cogió a horcajadas y bajó el tramo que daba al semisótano donde se encontraban los contadores y el almacén de la comunidad del bloque, allí la besó con pasión y arrebato durante largos minutos.
Fátima subió rauda al segundo C.  Al llegar,  Silvia ya tenía el pelo seco y Fátima se preparó para planchar el cabello a su amiga que no tardó en preguntarle como estaba y que le había dicho.

- Está preocupado, triste, no entiende muy bien tu postura, pensaba que había hecho algo concreto que te había molestado, pero bueno debes hacer lo que tu corazón te dicte Silvia.
- ¿Te quedarás hoy con él? seguramente necesitará compañía, ya sabes que no soporta estar solo cuando está triste. 
- No , hemos quedado para mañana, iré a comer con él y por la noche iremos al cine.
- Menos mal que te tiene a ti para ir al cine, yo no soporto vuestros gustos cinéfilos.


La tarde transcurrió sin mas novedades,  cenaron ligero y se prepararon para salir,  vestidos cortitos, leggins, botas altas, cazadora, maquillaje, rimel...  las dos se miraron juntas al espejo entre risas para ver que estaban guapísimas.  Silvia esperaba en la puerta a su amiga para marcharse, Fátima colocaba rápidamente los pantalones que se había quitado y los colocaba en una silla para no dejar nada desordenado, justo al dejarlo en la silla un papelito cayó planeando al suelo. Escuchó a Silvia decir que se diera prisa. Seguramente en algún momento en el semisótano   él había metido el papelito en el bolsillo.  Lo imaginó en la cafetería, sentado en su mesa  preferida, con el café humeante, pensando, recordándola por cualquier motivo, sonriendo y dibujando lo que le venía a la cabeza en ese momento cuando pensaba en ella. Volvió a escuchar a su amiga.  Metió el dibujo en su bolso y dio una carrerita entaconada hacia la puerta,  posiblemente no volverían hasta el alba.






martes, 18 de marzo de 2014

Una nueva llamada



El tío Agustín murió hacía un par de semanas.

Amalia había terminado de limpiar la casa,   estaba leyendo un rato  mientras terminaba de hacerse el puchero cuando el teléfono móvil familiar comenzó a sonar, se iluminaba pero al responder se cortaba la llamada, siguió leyendo sin darle importancia.

Al rato volvió a iluminarse, pero esta vez sin haber hecho siquiera el sonido de la llamada,  lo cogió y observó que había un mensaje en el buzón de voz, Amalia pensó que el teléfono tenía algún problema porque el número que quedó registrado era una secuencia de ceros interminable.  Escuchó el mensaje e  identificó inmediatamente la voz, un escalofrío le recorrió todo el cuerpo, era un mensaje del tío Agustín.

Salió corriendo a la empresa familiar para que su marido escuchara el mensaje, su suegro y cuñados también andaban  por allí y no tuvieron dudas. Ricardo, sobrino de Agustín también lo escuchó al salir del instituto. Ninguno tenía dudas, era el tío Agustín.  Verificaron que el teléfono del Tío estaba dado de baja en la compañía telefónica  hacía cuatro días  y que aún no se le había concedido a nadie...

El mensaje decía:   " No os preocupéis, estoy bien.  He llegado"





lunes, 17 de marzo de 2014

42... primaveras





...   Y los años pasan, 
sigo en mi mundo,
en mi nube de sueños
donde el tiempo no pasa, 
donde  la sonrisa perdura...








sábado, 15 de marzo de 2014

Otra llamada



Una noche entre tantas otras, sobre las tres de la madrugada suena el teléfono...

Rodrigo se sobresalta,  a esas horas tan sólo podría ser alguna mala noticia... 
Corre presuroso a descolgarlo.

-Diga...

Al otro lado,  la voz de una señora mayor,  una voz anciana que le pedía que se identificara, le preguntaba  "quien era" una y otra vez...  Sorprendido de la situación ya que había sido ella la que llamó,  le responde que "él no había llamado a ningún sitio,  que era ella la que llamó" ... la mujer seguía insistiendo en saber quien la llamaba... Rodrigo al ver que la mujer no atendía a razones colgó.

Una vez en la cama, sin poder conciliar el sueño por lo sucedido relacionó aquella voz con una vecina del pueblo de sus padres, a la que hacía muchos años que no veía,  desde la adolescencia cuando dejó de acompañar a sus padres al pueblo...  La reconoció porque había hablado con ella por teléfono bastantes veces en Navidades porque la mujer tenía la costumbre de llamar en esas fechas, hasta que fue demasiado mayor  y dejó de hacerlo.  Volvió al teléfono donde se quedó registrada la llamada, vio que efectivamente  era el prefijo de esa zona...

A la mañana siguiente Rodrigo aún dormía cuando su madre regresó del turno de noche, era enfermera en un Hospital.  Como cada día al llegar a casa miró  las llamadas de teléfonos.  Descubrió el número que  enseguida relacionó con el pueblo y con su querida vecina Candelaria.  Le extrañó mucho y decidió marcar a Rellanada...

El teléfono se descolgó al otro lado, la voz anciana y temblorosa seguía aturdida y sin atender a razones.  La madre de Rodrigo que identificaba perfectamente la voz de Candelaria,  preocupada por la reacción de la mujer colgó y llamó a la hija de la anciana con la que nunca había dejado de tener contacto.

La hija de Candelaria descolgó rápidamente su teléfono.  La madre de Rodrigo le  contó lo que había sucedido, notaba a Candelaria  bastante aturdida, deberían ir a visitarla  por si necesitaba ayuda...

La hija de la anciana sorprendida ante los acontecimientos,  le comunicó que su madre había fallecido aquella noche.



Partiendo de la base que fuera el espíritu de Candelaria el que llamó... ¿Porqué la anciana llamó a una familia a la que hacía años que no veía ni tenía relación?





jueves, 13 de marzo de 2014

La llamada

Carmen es comercial de una compañía telefónica.

Como cada mañana se prepara el listín de la zona concreta a la que van a presentar su producto.  El día es luminoso,  muchos compañeros han comenzado la jornada, se escuchan sus murmullos, su explicaciones...

Después de un buen rato trabajando, marca el siguiente número de la lista ...   un tono, dos tonos... lo coge un hombre.  -voz masculina-

- Diga!  Responde al otro lado del auricular.

- Buenos días, ¿ Se encuentra María?.   Preguntó por la titular de la línea telefónica

- No. Ahora no está.

- Bueno, con quien estoy hablando.

- Soy su hijo Carlos.

Carmen informó del producto  a Carlos , pero enseguida notó que era una llamada extraña, distinta...  el chico estaba muy callado,  se le notaba que tenía ganas de colgar.  La recepción tampoco era buena, se le escuchaba muy lejano. Ella al ver la actitud del muchacho optó por despedirse, llamaría en otro momento cuando su madre estuviera en casa.


A los días tuvo que darse de baja en el trabajo por sus continuos dolores de espalda.

Un mes después al volver al lugar de trabajo le esperaba bastante tarea acumulada. Miró el ordenador y apareció aquella llamada que quedó pendiente junto a otras muchas, llamó a varias por estricto orden  hasta que marcó el número de María.

Un tono, dos tonos, tres tonos... Esta vez la voz era de mujer.

- Buenos días. ¿María?

- Si... soy yo


Carmen le informa... Hace un mes había llamado y su hijo amablemente la había atendido,  pero no se confirmó nada, así que le explicó de nuevo todas las ventajas de su compañía...

Se produjo un silencio BRUTAL...  Carmen ante ese silencio no supo que hacer, acertó a preguntar el nombre de su hijo,   y la mujer al otro lado de la línea telefónica dijo: Carlos. - Confirmó entonces que le atendió el hijo de María-

Ante el silencio de la llamada pensó que le había colgado...

-¿Sigue usted ahí Señora?

- Que  es esto, ¡¡¡¿¿ es una broma de mal gusto ???!!!

Carmen se quedó extrañadísima, no sabía que decirle,  ya que no podía saber a lo que se refería, Carmen no sabía muy bien como reaccionar  porque la mujer al otro lado telefónico parecía  apurada, triste y a la vez enfadada...

- Mire señorita, yo soy una mujer mayor, viuda.  Toda mi familia a trabajado en la mar. Y el único hijo que tenía yo era Carlos, y murió hace un año en la mar... de echo este mes se cumplió el aniversario...

Carmen se quedó impactadísima, estupefacta!!.     Carmen reaccionó dando el pésame a la pobre mujer.  Le agradeció la atención prestada y le pidió disculpas si en algo podía haberle dañado.  
Aquello que salía de toda lógica tenía que tener alguna explicación y Carmen en un último intento de averiguar aquella sin razón preguntó a María si aquel día podía haber cogido el teléfono algún otro hombre; un nieto, un vecino....  María respondió que era una mujer inválida que no salía de casa y que no entraban hombres en su casa. -Terminó recalcando-


Cuando colgó una de las compañeras de trabajo vio la palidez del rostro de Carmen que petrificada tenía la convicción de que nadie la iba a creer...

¿Cómo podía haber hablado por teléfono con Carlos, si llevaba un año ya fallecido?







martes, 11 de marzo de 2014

El "manzano" de Carolina III



Carolina se resistía a viajar. Nunca quería salir de aquella urbe con miles de personas ajena a ella, a su mundo, a su historia.

"Mamá quiero que vengas a  mi graduación.... por favor no puedes faltar"

Se sentía orgullosa de que su hijo terminara sus estudios con matrícula. Era cierto que no podía faltar.  Había sido siempre un chico muy independiente y nunca le dio problemas, todo lo contrario,  era un joven servicial y generoso.

Su marido la acompañó. El hombre no entendía porqué tenían que ir en coche pudiendo ir en un vuelo chárter,  tampoco entendió que quisiera parar en mitad del trayecto. En mitad de una arboleda para comerse un sandwiches, el marido lo vio como un lugar muy poco adecuado para descansar habiendo áreas de servicios con excelentes  instalaciones.
 El marido paseaba dando pataditas a las piedras, ella comía y buscaba una muesca particular en la mesa de madera...

...  ...

Cuando Lorenzo le propuso ir a casa de su madre, en un pueblo a orillas del Mar Mediterráneo no dudó en aceptar la invitación.

Se tardaba horas en llegar, pero ellos tardaron días.

Era primavera, finales de Marzo.
Carolina no sabía conducir, Lorenzo estaba agotado y tenía la necesidad de descansar, se le cerraron los ojos y tuvo miedo de provocar un accidente.
Se desvió a una zona de pinos, la sombra era abundante y había merenderos hechos de madera para que los viajeros pudieran descansar y comer cómodamente.
Lorenzo no bajó de la furgoneta. Se deslizó a la parte de atrás y no tardó mas de tres minutos en conciliar el sueño. 
Carolina bajó del coche, ella no estaba cansada,  recorrió una amplia zona de la arboleda. Se preparó un bocadillo y lo comió sentada en los merenderos.  Mató un par de arañas.  Marcó su nombre en la madera junto a decenas de nombres de personas que como ella habían estado alguna vez sentados allí mismo.  Pasó el rato observando los pájaros.  Mirando el lugar que parecía ausente en el tiempo, ausente de otros tantos lugares...  


Decidió volver a la furgoneta,  cuando entró notó un calor asfixiante, abrió la parte de atrás y se tumbó junto a Lorenzo hasta que éste abrió los ojos, "déjame despejarme un momento y volvemos a la carretera".
"estaba pensando..." 
"En que?"  Lorenzo atusó la melena de Carolina despejando su rostro.
" En... porqué me has pedido que te acompañara yo y no Sofí" 
"No puedo llevar una niña a casa de madre. Me llamaría pervertido y dios sabe que más cosas... " sonrió buscando tabaco en su bolsillo. " y puede que tenga parte de razón" 
"Bueno,  Sofí tiene ya 20 años no? Ya sabe bien lo que es la vida"
"no te creas ... "

El sonido de la naturaleza envolvió el momentos, quedaron en silencio mientras él fumaba el cigarro contemplando como el día terminaba, la luz comenzaba a desaparecer y las alargadas sombras de los árboles se perdían en la distancia.

"Que te dijo tu novio"  Lorenzo evitó decir su nombre.

Carolina hizo una mueca, a su novio no le importaba que viajara sin saber el día que volvería,  su novio lo hacía constantemente.

Lorenzo se incorporó y comentó que en un par de horas podían llegar a un motel, se quedarían allí a cenar y pasarían la noche.  Había parado en muchas ocasiones y sabía que era un lugar limpio y acogedor.
En aquel trayecto de dos horas  subieron a la furgoneta a una joven que hacía autostop, ya apenas se ven gente haciendo autostop, la desconfianza entre personas a hecho que esta practica desaparezca.  Sin embargo aquella joven no sólo viajaría buena parte del viaje sino que fue invitada a pasar la noche con ellos. El pueblo al que  se dirigía llegarían al día siguiente.
Pidieron una habitación con dos camas.  La autoestopista entraría después,  ella no estaba registrada ya que el alquiler de la habitación subía considerablemente.

En algún momento de la noche, Carolina abrió los ojos y vio como la autoestopista deambulaba por la habitación hasta terminar en la cama donde dormía Lorenzo, éste se sobresaltó. Murmuró algo, mantuvieron una corta conversación que duró a penas un minuto, el hombre se levantó de la cama y ligeramente aturdido, medio dormido se tumbó junto a carolina.  Ella le cedió parte de la cama, "Que pasa?" "nada, sigue durmiendo"

Lorenzo no podía conciliar el sueño, notaba como Carolina acariciaba su espalda. Lorenzo se giró hacia su amiga y fue entonces cuando le dijo aquello  que recordaría toda su vida.

- Carolina... susurró
- que...
- Estarías dispuesta a pasar a mi lado toda la vida, hasta el final....


Carolina no entendió en ese momento lo que quería decir con aquello. No era tan fácil, ambos abandonarían a sus respectivas parejas y construirían una nueva vida lejos, fundarían una familia llena de nuevos amigos  y varios hijos les alegrarían su existencia.  Luego llegarían los yernos, las nueras, los nietos...  En su foro interno sabía que Lorenzo no era así, y puede que en fondo tampoco lo fuera ella, pero estaba cansada de cuestionar todo.  Aceptó.


Dejaron a la autoestpista dormida y antes de que saliera el sol volvieron a la carretera.
Cuando llegaron al pueblo, fue presentada como su novia, su pareja, la mujer que compartía su vida. Un tío le cedió una casa de pescadores cerca del mar.  Allí pasaron tiempo indefinido...
Una mañana, podría haber pasado por una mañana cualquiera, Carolina volvía a casa con las compras del día. Carolina preparó el desayuno, se recogió su larga melena, canturreó camino al dormitorio.  Lorenzo no despertó aquella mañana. Se quedó en sus sueños para siempre.


Un mes después de su muerte Carolina fue a entregarle las llaves de la casa al tío de Lorenzo. Estaba en el paseo marítimo tomando el sol matutino con su cuadrilla  de octogenarios amigos.
Le pidió que no tenía porqué marcharse, que aquella casa le pertenecía, nada le haría mas feliz que ver al hijo de Lorenzo nacer allí y verlo corretear por las dunas de la playa.
Carolina acarició su vientre.

Volveré pronto. Ahora necesito ver a mi familia.  Dijo mientras daba un cariñoso beso al anciano.
Hija... siento mucho lo sucedido. La verdad es que no alcanzo a entender porqué  este niño -Lorenzo- no te contó lo débil que tenía el corazón... ay.... esas cosas que se tomaba no eran buenas, tanta pastillita, tanta cosa moderna...  En el entierro de su padre se lo dije; Lorenzo hijo, búscate una buena mujer, deja estas cosas malas, cásate, ten hijos. El Doctor Tomás se lo dejó claro, o cambias radicalmente o tu cuerpo no te va a dar para más.

Carolina no volvió. No fue a ver a la familia. Carolina se perdió en la gran urbe,  vivía en un pequeña casa donde vio crecer a su hijo.  Donde después de muchos años encontraría un marido.  Donde la felicidad llegó a poquitos.
Carolina se convirtió en una mujer respetada, con un negocio en auge. A veces bajaba al sótano. Se sentaba en una silla y miraba aquél dibujo, era como estar con él y le contaba cosas. Recordaba aquella noche en que le propuso quedarse con él hasta el final... Nunca hubiera imaginado que ese final estaría tan cerca... él sabía que su final estaba cerca y quiso soñar con la vida que su tío le aconsejó.

... ...

... Su nombre gastado en el tiempo, por mil soleados días, por mil días de lluvias.  Pasó sus dedos por las muecas.
Cuando volvió al coche junto a su marido, los ojos estaban brillantes, con algunas lágrimas deseosas de salir, pero se quedaron dentro.
Todos aquellos recuerdos parecían ser vivencias de otra vida, de otra persona tan diferente a la que era hoy que en  ocasiones pensaba que eran recuerdos de un sueño, un sueño que le regaló un maravilloso hijo al que quería como a nadie.






domingo, 9 de marzo de 2014

K de kubrick



En el décimo quinto aniversario de la muerte de Kubrick el cine central de la ciudad proyectó todas las películas del director de este séptimo arte.

....

Él era un tipo cualquiera, un tipo anónimo que elegía la última sesión en días laborables para ver  sus películas favoritas.  Esa noche era una de esas ocasiones en que no hay nadie más que tú en la sala de cine.
 Eligió asiento,  palomitas a un lado, botella de agua al otro.  
La película elegida  "La chaqueta metálica".  La había visto muchas veces pero nunca en el cine, en 1987 era demasiado joven para verla.

Minutos después entró en la sala una mujer, la sala ya estaba en penumbras y no pudo ver más que su silueta, era una mujer cualquiera, una mujer anónima con las mismas preferencias horarias.
Miró fugazmente al hombre al escuchar el crujir de palomitas y eligió asiento al otro lado de las escaleras, varias filas por delante.

La película transcurría ....  y llegó ese momento de alarde a ciertas características masculinas.
La mujer se levanta del asiento y comienza a dar paseillos escaleras arriba, escaleras abajo, cantando a gritos, al unísono de los reclutas...

Aquí mi fusil, aquí mi pistola
uno da tiros, la otra consuela
(incluso reproducía ese gesto soez, llevando su mano a la entrepierna)

Aquí mi fusil, aquí mi pistola
uno da tiros, la otra consuela

Aquí mi fusil, aquí mi pistola
uno da tiros, la otra consuela

Cuando terminó la escena la mujer se sentó.  El hombre que había permanecido absorto por el asombroso momento vivido, volvió a ponerse en una postura cómoda porque durante ese momento parecía haberse hundido  en el asiento como si con ello pudiera desaparecer de aquella sala.

Después de 120 min.  las luces de la sala se encendieron. El hombre y la mujer, anónimos por completo,  salieron uno tras otro por las escaleras exteriores, porque a esas horas ya no se podía acceder al interior.
Ella adelantada con paso firme, apresurado.  Él aún atónito.  Teniendo la sensación de haber compartido un momento difícil de clasificar, bastante kafkiano... con K de kubrick.







viernes, 7 de marzo de 2014

El "manzano" de Carolina II

Carolina era sumamente pudorosa, a todos le parecía inverosímil aquella actitud  suya que confrontaba con sus pensamientos alternativos y libres.

Lorenzo dibujaba,  su tiempo libre -que era bastante-  lo perdía en el mundo de los lápices y carboncillos, - era lo que pensaba la gran mayoría-  a ciertas personas les  encantaba sus obras, incluso en alguna feria había conseguido vender alguna, además de hacer caricaturas de algún viandante amante de este arte.

No era extraño ver a Carolina a esas horas después de almorzar, mientras otros siesteaban, sentada en el suelo,  con sus cortos pantalones amarillos y camiseta blanca de tirantes, melena recogida en un moño alto, hipnotizada por los trazos, por los colores, por el alma de aquellos dibujos.
Apenas hablaban, siempre había alguien que dormía. Lorenzo dibujaba y Carolina observaba.

Desde hacía un año el dibujante andaba con una chica más joven de lo que cabía esperar, aunque para él era perfecta...  así era más fácil embaucarla, más fácil enrendarla en su tela arácnida ...   Carolina desde ese momento se sintió  aliviada,  que él tuviera pareja parecía tener un efecto de alejamiento, y aunque nunca hicieron referencia sobre aquel día, siempre estuvo sobrevolando en su memoria -hasta que Lorenzo encontró a Sofi-. Entonces aquél peso desapareció de la cabeza de Carolina, incluso parecía estar mas cómoda en muchos momentos en los que antes se sentía violentada.

Esa tarde no era distinta a las demás sino fuera porque la temperatura había subido varios grados , la primavera se había colado de pronto.  Lorenzo había estado fuera varias semanas, Carolina y su pareja pensaron que quizás tardaría en volver o puede que incluso no volviera y prefiriera quedarse cerca de su madre ahora que su padre no estaba.  A todos le sorprendió su rápida vuelta, nunca habló de su padre, ahora que volvía de enterrarlo tampoco lo hizo.

Carolina prefería aquel día leer uno de sus libros. Apenas separaba la vista de sus páginas.  Lorenzo dio un par de trazos y bajó del caballete el dibujo. Murmuró que tenía que empezar algo nuevo. Preparó todo y comenzó una nueva obra.  Inspiraba fuertemente y daba pequeños pasos alrededor del caballete, miraba el paisaje de la ventana, volvía a dar algún trazo.  Parecía estar mas nervioso de lo normal pero Carolina estaba sumergida en la lectura  y no advirtió nada.  Cuando levantó la vista del libro Lorenzo parecía haber encontrado la inspiración, su mirada era vivaracha y sus manos ennegrecidas por el carboncillo no paraban de dar trazos uno tras otro.
Carolina se levantó dejando el libro atrás, dirigió sus pasos al lado del pintor.  QUE DECIR...  Aquel dibujo no lo esperaba.  Era ella,  sus manos la había dibujado mas guapa de lo que era en realidad, había rellenado volúmenes, no demasiados pero lo suficiente como para realzar su belleza, - estaba demasiado delgada  para el gusto de la mayoría de los hombres-.  Al mirar la obra se intuía cierta tristeza, melancolía; Una muchacha sentada en el suelo, con las piernas giradas a un lado, leyendo un libro ensimismada, con una coleta y multitud de mechones a su aire, alguno le caía por el rostro, uno de los tirantes de la camiseta resbaló del hombro dejando a la vista parte de un sensual pecho.
La muchacha se ruborizó, había dibujado ese lunar que muy pocos saben de su existencia.
Lorenzo le preguntó si le gustaba.
Carolina se aseguró de tener en su sitio los tirantes y afirmó que si,  era muy bonito, quizás un poco triste...   Evitó mirarle.  Él miraba el dibujo, silencioso.  "puede que le dé un poco de color"  mientras pasaba sus dedos por partes del dibujo para difuminar texturas.
Entonces ella volvió sobre sus pasos hasta sentarse en el suelo y volver a la lectura.
Lorenzo comenzaba a tener lucidez, había abusado demasiado de los psicotrópicos para afrontar los últimos acontecimientos de su vida.  No apartaba la vista del lienzo, llevó su mirada a Carolina un momento, descubrió que había hecho resbalar el tirante de la camiseta, reproduciendo el dibujo, y causando al pintor una inesperada sorpresa.
Lorenzo fue siempre un hombre atormentado, con demasiados fantasmas que lo acompañaron desde la infancia, eso lo hacía un hombre distinto, su nobleza se enlazaba con sus demonios.  Provocaba un extraño sentimiento de benevolencia hacia él.  Siempre te sentías afortunada. Así que para Carolina fue fácil quererle en silencio. Fue fácil asistir a fiestas y perder junto a él  la razón. Fue fácil  pasear por la vida como si no existiese un mañana...  a veces incluso le concedió la  licencia de tener ciertas actitudes propias de parejas.  Nunca tuvo claro si esa debilidad hacia Lorenzo era producto del instinto o del amor.


Carolina guardó el dibujo durante años. Los suficientes como para que cuando lo expuso en una iluminada estancia de su hogar nadie podía advertir que era ella.  Algunos le preguntaban por la obra, por el nombre del pintor. Ella pronunciaba su nombre como si fuera el mismo Velázquez, no importaba que nadie lo conociera.  Sólo entonces  los recuerdos volvían a ella...   Lorenzo observándola durante horas, dibujando sus volúmenes imperfectos, y aquél momento en el que como si fuera una reliquia sagrada que no podía ser mancillada acarició y besó  su  pecho  como acto de veneración.









miércoles, 5 de marzo de 2014

El "manzano" de Carolina



Carolina no era religiosa, se consideraba  atea convencida pero a pesar ello conocía los evangelios.  
Sentada a los pies de la cama recordó el pasaje en el que dios prohíbe comer del manzano, ella no tenía dios pero tenía lo mas parecido a un novio que había tenido nunca, recordó sus palabras justo antes de marcharse a uno de sus viajes, nadie sabía donde iba, aveces se marchaba solo, otras con un amigo, a los cuatro o cinco días volvía con los bolsillos tan vacíos como se  marchaba y sin comentar  donde había estado  ni qué había hecho.

"Podéis hacer lo que os plazca en la casa, te dejo las llaves a ti  y a  Fran, sólo te pido una cosa Carolina, que nadie excepto tú, -sonrió- entre en mi cuarto. No soporto que esta peña duerma en mi cama.  Mi casa es vuestra, confío en vosotros"


Alguien le advirtió que Lorenzo estaba en el único lugar de la casa donde nadie podía entrar.  Carolina subió las escaleras, 19 peldaños, un corto pasillo... la puerta estaba encajada, la abrió con cuidado, temerosa de encontrarse de bruces con algo que no debía ver. Lorenzo estaba acostado en la cama, sobre la colcha, su cabeza reposaba en la almohada, sus ojos cristalinos se entreabrían, había fumado lo suficiente como para que no se le entendiera lo que hablaba, balbuceó algo, Carolina se acercó y le pidió que tenía que marcharse de allí, podría dormir en cualquier otra habitación, lo ayudaría si no podía andar...  Lorenzo le dijo que quería ver el cielo, las nubes y los gorriones y sólo en esa habitación podía hacerlo.  La joven miró el tragaluz del techo,  las nubes pasaban recorriendo de lado a lado la visión de la ventana del techo como si fuera una película animada.  Miró a Lorenzo, podía decirse que era demasiado guapo, cuidaba su imagen escrupulosamente, moderno, simpático e inteligente. Tenía enamorada a un buen número de jovencitas, sus amigos le gastaban bromas al respecto que a él no le hacía ninguna gracia.  A pesar de  rozar la perfección para el género femenino no tenía muchas relaciones. Todas esas chiquillas dejarían de idolatrarle si lo viesen de esa guisa.  Era una faceta de su personalidad que no conocían más que sus amigos íntimos, un grupo reducido de personas que comprendían o compartían ese humo embriagador.

Carolina desplomó su esqueleto sobre el colchón compartiendo en silencio las vistas.  No insistió más en hacerle salir del dormitorio. Dejó de pensar en la prohibición...  Cerró los ojos mientras escuchaba los versos que entonaba Lorenzo con cierto tono chamánico,  hablaban de sueños, de vuelos y espíritus, de una tierra donde la palabra no existía, donde la comunicación estaba a otro nivel...
La voz y el tono del chamán se fue aclarando,  paulatinamente el que había permanecido inerte  comenzaba a moverse, a  pasarse la mano por el flequillo, a subirse los calcetines y rascarse los ojos,  comenzaba a ser el tipo que gustaba,  su mirada color verde ya se apreciaba, sus hoyuelos  en las mejillas volvían a ser simpáticos.
Dejó de entonar y sin dar una tregua le preguntó a la joven  si podía pedirle algo, ella no entendía como podía tener tanta cara, ya le estaba haciendo un verdadero favor en dejarle reposar  tranquilo "su viaje"  en un lugar donde no podía estar, aún así la intriga pudo con ella, inclinando sus 45 kilos de ingenuidad hacia Lorenzo preguntó que era lo que quería.   Él permaneció inmóvil, sólo sus ojos se movieron para mirarla,  Carolina supo en ese momento la pregunta, la sabía sin más,  los secos y agrietados labios de hombre habían permanecido inmóviles y mudos pero eso no impidió la comunicación, aunque ella esperó a que hablara.  " Me preguntaba si podría besarte"  "¿porqué?" preguntó ella, podría parecer algo absurdo, ñoño o estúpido preguntarlo pero la verdad era que no entendía porqué le pedía eso sabiendo que su amigo sentimental era el dueño de la casa donde estaba y de la cama donde yacía, porqué le pedía eso a ella y no a otra muchacha de las muchas que bebían los vientos por él y hubieran dado cualquier cosa por ese beso.
"pues porque si,  porque este es el momento de nuestro beso"
Un gorrión se posó en el tragaluz, Carolina lo miraba  con sorpresa cuando  los agrietados labios de Lorenzo besaron los de Carolina. Ella se dejó besar, se dejó llevar por el momento.  Pensaba que aquel beso le sabría a altruismo, a amistad generosa, que un furtivo beso sería más que  suficiente para un solitario guapo,  sin embargo,  le sorprendió  la discreción del beso, le supo a poco, a penas había dejado rastro.  Tumbados, mirándose  uno al  otro  dejaron pasar un minuto  "quiero otro" susurró Carolina...

Sentada a los pies de la cama recordó el pasaje en el que dios prohíbe comer del manzano, ella no tenía dios pero tenía lo mas parecido a un novio que había tenido nunca.  Lorenzo terminaba de vestirse, ella lo miraba satisfecha, él  se anudó las botas y se sentó junto a ella a los pies de esa cama, uno junto al otro, él le cogió la mano "No te preocupes.  Lo que ha pasado aquí, aquí se queda"  "lo sé, y lo agradezco".
Podría decirse que tenía libre albedrío,  en aquellos días no hizo nada especial, ni fiestas, ni almuerzos con amigos, ni nada que pudieran escandalizar a los vecinos... de todas las opciones posibles sólo hizo una cosa, la prohibida.





lunes, 3 de marzo de 2014

Almas y conTraTos V



El tiempo dejó de ser tiempo.

Victoria creyó estar escuchando los pasos de algún animal...
creyó que era él quien volvía, con su mirada perdida, su sonrisa inocente,  con su balbuceo inteligible sólo para ella, creyó que era él que retornaba con sus ropajes olvidados entre los ramajes del bosque, con una sandalia menos, ausente de todo, pero siempre dispuesto a volver a la cabaña donde ella le esperaba.

Se  asomó por la ventana y descubrió que eran pasos de otro ser, de otro hombre; gracias a su poder adivinatorio supo que respondía al nombre de Domingo,  era un intrépido aventurero que ahora  paseaba por el porche de la cabaña en apariencias  abandonada...

Victoria quedó paralizada, no movió un músculo, esperando que marchara, que se adentrara en el bosque o que siguiera su camino sin más.

Creyó que era él, arreglando algún desperfecto en las maderas, el que canturreaba, bebía agua y le pedía unos de sus brebajes, que era ya,  sólo lo que le saciaba la sed. 

Domingo entró y la vio entre la oscuridad, con ropajes oscuros y con demasiadas partes de su cuerpo al descubierto.
El hombre se disculpó por haber entrado en la cabaña  y advirtiendo  una falta de cordura, -quizás por la ausencia de comunicación con la civilización- intentó comprender porque una mujer tan joven quería vivir  en aquel lugar tan siniestro.

Creyó que era él que volvía a sus brazos, que volvía para entonarle esas palabras embriagadoras, que por fin había encontrado el camino, que por fin había escapado de las garras del inframundo.

Domingo se acercó a la mujer y pudo vislumbrar con sorpresa la belleza de su rostro, la belleza de su cuerpo.  La mujer permanecía inmóvil, petrificada, con la mirada fija a un suelo carcomido. El sonido del viento se colaba por alguna abertura de las ventajas, o por el abandonado tejado. Todo estaba descuidado, sólo la chimenea presentaba una imagen de cuidado y perfección; cada leño, cada llama parecía estar en el lugar adecuado.
El hombre se acercó con una actitud lasciva;  en mitad de la nada, en lo más profundo de una inmensa zona boscosa...  nadie se enteraría de que aquella belleza de mujer podría saciarle sus ganas.

Creyó que era él que volvía....   pero no lo era.

Victoria no movió un músculo de su cuerpo, tan sólo subió la mirada.
El hombre cayó fulminado.


Cuando Domingo despertó a orillas  del pantano, después de recomponerse del aturdimiento, se sentó un momento en una gran piedra intentando recordar lo sucedido, pero todo fue en vano, sólo recordaba aquel cuerpo semidesnudo y unos ojos diabólicos que lo miraron.  No había nada más en el recuerdo. Un terrible escalofrío le recorrió todo el cuerpo.
Descubrió que tenía sueltos los cordones de las botas. Los anudó. Fue entonces cuando descubrió una tumba, fue entonces cuando en la lejanía vio la silueta de la mujer de la cabaña que lo vigilaba en la distancia, fue entonces cuando salió corriendo como alma que lleva al  diablo y en su torpe huida se cayó en el lodazal siendo devorado por los caimanes.

Victoria se quedó a los pies de la tumba, sollozando, entonando palabras  al esqueleto del que yacía bajo tierra, pidiendo su vuelta.   Pero aquel esqueleto que una vez fueron 50 kilos de hombre nunca volverían, la parca se lo llevó una noche que perdido entre la arboleda un rayo le atravesó el cuerpo, dejando sola a la mujer que lo amaba.

La hermosa Victoria volvió a la cabaña. Esperaba a un hombre que no volvería.  Esperaba una muerte que no llegaría nunca porque así estaba estipulado, por contrato.


El tiempo dejó de ser tiempo.



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"Me convertí en un loco
con largos intervalos de horrible cordura"

Edgar Allan Poe