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Entra y siéntete en casa...

martes, 31 de diciembre de 2013

Tantas cosas aún...



... Y el engranaje vuelve a su lugar
reiniciando los tiempos,
almacenando las metas cumplidas,
reubicando los nuevos sueños
... Daremos cuerda en algún momento de la noche mientras reímos
para que los sueños perduren,
para que la esperanza brille,
para que el tic~~ tac de la vida suene al compás de las ganas de seguir
... Y el engranaje vuelve a su lugar
tenemos tiempo
siempre creemos tenerlo
aprovechémoslo,
riamos...soñemos... vivamos...




jueves, 26 de diciembre de 2013

Deteniendo el tiempo IV *En Navidad*

Martín no podía disimular cierto nerviosismo.
Decidieron salir unos días antes, para disfrutar  junto a la familia los días de vacaciones.
Damián era el que solía conducir, Martín insistió en turnarse en la conducción después de varias horas para que su amigo descansara. Viky le indicaba el trayecto cuando entraron en zona urbana, Martín era un buen conductor y seguía las instrucciones de su amiga sin titubear en sus giros y desvíos en las mil callejuela de aquel pueblo.

Damián salió del coche tan pronto se aparcó,  a unos metros del hogar de Viky,  flexionaba las piernas mientras decía que llevaba media hora  con las piernas dormidas. Martín abrió el maletero y sacó las tres mochilas, indicando que mas tarde volvería por las dos maletas de la muchacha. Viky cogió una de las mochilas y cuando Damián fue a coger la suya su amigo le dijo  que se diera una carrerita hasta la casa, haber si su circulación volvía a la normalidad, Damián insistió pero no pudo salirse con la suya,  fue dando saltos y simulando hacer footing en círculos alrededor de sus amigos.
Cuando llegaron a la puerta pararon un momento, para observarse unos a los otros y ver si estaban correctos,  Viky le movió alguna que otra rasta a Martín sin que el resultado fuera demasiado visible, instintivamente le dio un beso y le dijo que no estuviera nervioso.  Damián siguiendo la linea divertida que habían tenido todo el camino se acercó a su amigo y dijo "eso, no estés nervioso, tú sé natural " y le dio otro beso en la mejilla.  Justo en ese momento y aún  sin haber llamado al timbre de la puerta, el padre de Viky abrió  descubriendo la escena.
El abrazo de padre-hija fue inmediato, efusivo y cariñoso, después se saludaron los hombres con un buen apretón de manos.


♫ ♪ ♫

Después de pasar la primera noche en casa de sus padres, Ágata, hermana de Viky propuso que fueran a pasar las noches a su casa, ella vivía sola y tenía mucho mas espacio para los tres, solía tener siempre amig@s que se quedaban a dormir y un par de dormitorios vacíos testimoniaban que el pernoctar en su casa era algo habitual.
Durante el día no paraban en casa, les encantaba el ambiente de pueblo, Martín aprendió a utilizar el boomerang,   consiguió capturar dos lindos  ejemplares de truchas con la técnica de la pesca con mosca, consiguió diferenciar los espárragos trigueros de cualquier hierba común, incluso por extraño que pareciera puso hasta un par de veces la lavadora sin que la ropa sufriera daños irreversibles...
Almorzaban en casa de los padres pero por la noche volvían a  casa de Ágata, se daban una ducha uno tras otro después de haber pasado un día de lo más ajetreado, cenaban y no demasiado tarde se iban a descansar, Damián y Viky en una cama grande, Ágata en el dormitorio verde, y Martín en el dormitorio rosa.

Ágata era una jovencita risueña y encantadora, un poco alocada también, había estudiado en el extranjero sus últimos cursos y eso la hizo mucho mas independiente.
Desde el primer momento prestó especial atención por ese amigo que acompañaba a la pareja. Sus intenciones no pasaban desapercibidas, Damián ya le  insinuó algo en la segunda o tercera noche,  a Martín pareció no gustarle aquella situación. Era muy bonita y muy divertida pero también era muy jovencita, 22 años era demasiada juventud para él. Su sentido común le decía que se mantuviera al margen de cualquier tentación... Y Ágata sabía bien encender la llama, ya se había tenido que enfrentar a un par de situaciones comprometidas saliendo airoso de ellas.

El día antes de Nochebuena habían quedado todos en una parcela para hacer la matanza de los pavos,  Martín rechazó la invitación, no le gustaba la idea de estar mirando en una ceremonia de muerte y alegría enlazadas de una forma tan peculiar.
Se quedó en casa, arregló la puerta de la cocina, preparó un comida ligerita, sabía que quedaba un día de mucho comer y quería reservarse, a Ágata le pareció bien la idea de "la parrillada de verduras" .

Después de almorzar encendió la chimenea y se tumbo en el sofá, el sueño lo venció unos minutos.  Cuando despertó Ágata estaba sentada en el suelo, ensimismada mirando el fuego. Comenzaron  una conversación... sobre el trabajo, la vida que llevaban cada uno, de las cosas que tenían previstas hacer aquel año... Ninguno de los dos se movió de su lugar, él comenzó a hablar de la música y eso le hacía perder la noción del tiempo, hablaba y hablaba, tenía mil historias, mil anécdotas, a ella parecía gustarle todo aquel despliegue de pensamientos musicales, lo escuchaba atentamente sin perder detalle.

- Me encantaría verte tocar con tu grupo!!
- Pues cuando tengas unos días puedes visitarnos, te llevaré al pub. Seguro que lo pasas bien.

Martín se levantó para avivar el fuego cambiando la ubicación de los troncos para que ardieran con mas fuerza, al volver para sentarse junto a la joven le removió de una forma simpática la melena rubia.

-No sé porque estás aquí aburriéndote ...   Al sentarse junto a ella pudo oler su perfume; vainilla, canela, no sé, era uno de esos perfumes que te entra hambre cuando los hueles.
- No me aburro -respondió- me  gusta estar contigo.

Tornado (el gato de la joven) atravesó parte del salón, maulló  para que le abrieran la puerta, parecía que era hora de callejear un rato. Los dos manteniéndose en silencio observaron al animal. La jovencita  se fue a levantar para dejar salir al felino,  se acercó lo suficiente a  Martín,  él no  pudo evitar retenerla con sutileza besándola con arrebato inesperado,  ella se entregó al momento, dando rienda suelta a su instinto... la pasión fluyó toda la tarde.

♫ ♪ ♫



La Noche buena llegó, todos se pusieron sus mejores galas, utilizaron sus más evocadores perfumes, con el corazón alegre y con la mejor de sus sonrisas se sentaron todos alrededor de una hermosa mesa con tonalidades doradas.
La noche como casi siempre en algunos eventos familiares  fue de menos a más, las conversaciones triviales dieron pasos a temas laborales, sociales y como conversación estelar misterios y conspiraciones de la vida, "aquella era una familia de lo más peculiar".
Tío Pedro hacia los postres ya estaba achispado e insistía en cantar villancicos al pie de la lumbre, Sofia comenzaba a hacer su espectáculo de Magia a los niños de la casa, al final poco a poco todos terminaban  pendiente a su habitual "espectáculo improvisado" que en el fondo todos sabían que llevaba semanas preparándolo  *-*   Pequeños grupos se acoplaban en distintas conversaciones y entretenimientos ...  Todos quería conocer a los amigos de Viky que eran aquel año el acontecimiento de la navidad, se interesaban por su música y preguntaban una y otra vez por el grupo, si tenían disco...
Pero ni el trasiego ni el bullicio de la noche hizo que Martín pasara  por alto las  miradas de Ágata, su coqueteo y flirteo. Estaba muy bonita con el vestido plateado, su melena ondulada y aquel perfume que lo hipnotizaba cada vez que pasaba por su lado.
Todos terminaron un tanto achispado...
Sobre las cuatro y media de la madrugada los tres amigos y Ágata volvieron andando a casa, tan sólo había tres calles de distancia.
Cuando llegaron las risas y las bromas aún estaban en auge.  Apenas unos minutos después todos estaban en sus camas,  a cada rato se escuchaba una risa de Viky,  otra de Damián.
Ágata quedó dormida tan pronto se tumbó en su cama...   Ya con las luces del alba la luz de la mañana la despertó  porque olvidó bajar las persianas la noche antes, después de un rato dando vueltas en la cama se levantó para bajar las persianas,  también fue al baño,  al pasar por la puerta del dormitorio rosa no pudo evitar mirar dentro para ver dormir a Martín... "No estaba en la cama". Al salir del baño y de vuelta a su cama se dio cuenta que su hermana tampoco bajó las persianas y decidió entrar para bajarlas y evitar que la luz los despertara, fue al entrar y llegar a la ventana cuando vio que Martín también dormía junto a la pareja, jamás hubiera imaginado ver aquello, no estaba acostumbrada a aquellas actitudes, ni a esos tipos de relaciones... antes de salir de la habitación se acercó a Martín y le besó, él se despertó, volvieron juntos a la habitación rosa y pasaron la fría mañana acurrucados bajos las mantas. Cuando escucharon que despertaban sus vecinos de dormitorio decidieron levantarse ellos.

Un par de días después se marcharon del pueblo, tras los primero momentos de incertidumbres y llenos de dudas, alcanzaron un acuerdo táctico.
Los padres de Viky, tío pedro y Ágata fueron los que se despidieron en ese momento en que vuelves al coche para emprender el camino de vuelta.  Nadie pudo darse cuenta de nada especial entre Martín y la joven, nadie excepto él,  que fue el que notó como al darse los dos besos de despedida cogió su mano y la presionó delicadamente con una complicidad silenciosa.
En el recuerdo quedarán esos días de encanto, los arrebatadores momentos cargados de pasiones y alegrías, una vez más volvía  a alejarse de sentimientos verdaderos y puros, como siempre sucedía con las cosas importantes de su vida... seguía practicando el auto engaño.
El coche arrancó, Martín no pudo evitar mirar atrás y ver como la muchacha  se quedada en  la acera, cada vez mas lejana, mas pequeña, mas lejana...  vio como ella le dijo adiós con la mano alzada justo antes de girar a la izquierda y dejar de verla.




martes, 24 de diciembre de 2013

Navidad






Una Navidad más a vuestro lado,
Vuestro cariño y compañía diaria hace que en un día como hoy os tenga tan presente como a cualquier amigo,
porque lo sois,
siempre estáis ahí leyendo mis cosas para animar y aconsejar, 
sois fantásticos de verdad...
hoy 
 no puedo pasar sin dejar mis mejores deseos para todos, 
allá donde estéis,  estáis conmigo.


FELIZ NAVIDAD











domingo, 22 de diciembre de 2013

Incrédulos

¿Sabes la historia del hombre del hacha?

No...


Hace varias décadas, no sabría decirte cuantas,  hubo una serie de asesinatos,  alguien entraba en las casas y mataba a sus habitantes.
La ciudad estaba sumida en el miedo, todos se encerraban en casa tan pronto oscurecía aunque supieran que ni en ellas podrían sentirse a salvo.
De pronto los asesinatos se detuvieron, no hubo más, la policía archivó el caso,  pero aquello nunca desapareció del todo de las mentes de las personas. 
Un día en el periódico de mas tirada de la provincia apareció un anuncio, de esos de contactos, compra-ventas y demás.

"Estimado mortal:
Nunca me han cogido y nunca lo harán, nunca me han visto porque soy invisible como el éter que rodea vuestra tierra.  No soy un ser humano sino un espíritu, un demonio venido del mas ardiente infierno.
Soy el hombre del hacha. Cuando lo crea oportuno volveré y me cobraré nuevas victimas. Sólo yo se quienes serán y no dejaré mas rastro que mi hacha ensangrentada.
Bien, a las 0:10 hora terrestre del próximo Sábado pasaré por vuestra ciudad y haciendo alarde de mi infinita misericordia haré una propuesta a la gente.
Como gran aficionado a la música country, juro por todos los demonios del inframundo que se salvará toda persona  que en su casa esté sonando dicha música.
Alguno de los que no pongan música en casa  probarán  mi hacha"

... Y qué pasó.


Pues que las ventas de ese estilo musical subió como la espuma,  todo el mundo que valoraba su vida tuvo preparado un cd. Aquella noche quien paseó por las calles podía escuchar música a un volumen razonable para atestiguar que aceptaba la propuesta y fuera quien fuera aquel demonio debería pasar de largo.

¿Nadie probó su hacha entonces?

Claro que si... Siempre hay algún incauto, incrédulo o valiente que no cree, o  piensa que nunca será a él / ella a quien le toque, que se convence  que son tretas de algún tarado.  Sin embargo  El brillo del acero es lo último que ven  sus ojos.

¿Dónde has escuchado esta historia?

No sé.. por ahí, quizás  la trajo el viento para que no se olvide...




viernes, 20 de diciembre de 2013

Contracorriente



Hubo un tiempo en el un te quiero suyo
hubiese detenido su marcha, 
hoy se alivia escribiendo esas cosas que pensaba decirle
y va contracorriente por miedo a que el viento le lleve hacia él.

*   *   *





lunes, 16 de diciembre de 2013

Desesperanzas

Era un Martes cualquiera de principios de Diciembre.  Como de costumbre había tomado un café y se incorporó a su puesto de trabajo, se encasquetó el gorro de lana y comenzó a ubicar los coches que iban llegando,  él ponía su papelito en el coche para justificar que era vigilante oficial del aparcamiento  y esperaba que el dueño del vehículo le diera unas monedas. Así durante ocho horas  seis días a la semana.
Todos los que allí aparcan su coche cada día le tienen un aprecio especial.
Aquella mañana no era distinta a otra cualquiera... de vez en cuando todos los huecos se ocupan y eso hace que descanse un poco  y pueda observar los movimientos de la ciudad, gente que va y viene sin prestar atención a nada, ensimismados en su trayecto, en sus cosas...  él sabe bien cuando tienen prisa, o van de compras, si vienen de recibir alguna  noticia, si están preocupados o alegres.  Observa  la ciudad y sus gentes como si fuera un teatro que se pasea cada día ante sus ojos.

Cuando  piensa qué le hizo subir la mirada hacía el puente peatonal, te cuenta que NO  sabría explicarlo, lo hizo sin más, de pronto miró hacia aquel hombre que estaba mirando desde la barandilla  del puente las vistas de los aparcamientos y uno de los juzgados de la ciudad.  Una escena sin importancia;  esperaba a alguien, descansaba un rato...   pero a pesar de la nimiedad del momento el aparcacoches siguió observándolo, a pesar de que el sol le molestaba.  

La escena comenzó a tomar un cariz dramático, en los primeros  momentos confiesa que no sabía muy bien que era lo que veía.
El hombre del puente sacó no sabría decir de donde una cuerda, la amarró a uno de los barrotes de hierro forjado...  ¡Dios MIO, que podía hacer! cogió el móvil y llamó a la policía,  él tenía un teléfono directo con ellos al ser trabajador del ayuntamiento, en caso de urgencias no le pasaban  a ninguna centralita.  
El hombre se colocó la cuerda alrededor de su cuello... el aparcacoches reaccionó, no creía tener tiempo, debía ir al encuentro de aquel hombre desesperado,  estaba corriendo tanto como  podía cuando le descolgaron el teléfono, sin aliento y sin parar de correr explicó lo que estaba sucediendo.  
Había subido unos metros del puente cuando llevando la vista al frente descubrió que el hombre no se veía,  estaba tan estresado que no había escuchado los gritos y llantos de los viandantes.   Cuando llegó el hombre pendulaba,  lo intentó subir...  no tenía fuerzas, un joven llegó tras él y entre los dos lo subieron dejándolo con cuidado en el suelo del puente,  el joven hizo todo lo que pudo para reanimarlo...  Cuando la policía  llegó apenas cinco  minutos después solo pudieron certificar su muerte...



~~~~~~~~~~~~~

En memoria de todas las víctimas que está dejando esto que llaman crisis...






viernes, 13 de diciembre de 2013

Honestidades y triunfos

Era uno de esos días oscuros, en que no puedes pensar y sientes que todo ha acabado, que el camino equivocado llegó a su fin...


La había estado observando desde hacía días y la verdad se reflejaba en su mirada, mirada mate sin expresión.
Aaron miraba por la ventana, esperando una respuesta en un horizonte inexistente.

Seguía siendo la misma mujer,
 con su misma piel blanquecina y suave,
 la de la sonrisa fácil,
la que se achispa con cualquier licor,
 la misma que sobrevivió a un infierno de infancia sin machacar su alma.
Si...  era la misma,
 la que le gustaba leer medio desnuda sin pudor,
 la que lo enamoró a carcajadas,
la que lo amó sin dejar nada para mañana.

La había estado observando desde hacía días y  descubrió que ya no la reconocía, siendo la misma mujer  sentía un muro invisible, cada vez mas difícil de traspasar.

Ella se acercó al apesadumbrado Aaron, que seguía apoyado en la ventana, preguntó que ocurría.

"Siempre estoy dispuesto a empezar, cuando las cosas no van bien se deben intentar arreglar.  Si tienes algo que decirme me lo tienes que decir,  le daremos una solución sea cual sea"

Ella deambuló por la estancia hasta terminar  en el sillón sentada sobre sus piernas. Él la siguió con la mirada, se acercó a ella y le dijo que la quería.
- Gracias... nunca me voy a acostumbrar a que alguien me diga eso sintiéndolo de verdad.

Aaron terminó diciendo en voz alta lo que su mente llevaba tiempo susurrándole;  "siento que esto se acaba".  Ella agachó la mirada.  "No quiero que me des las gracias por quererte, quiero que me digas si me quieres, aquí y ahora"
Mirando a los ojos a su querido Aaron se le llenaron los ojos de lágrimas y sin dejarlas salir decidió contarle que no lo quería.

- Se puede saber que te pasa...  es que no te entiendo.  Su voz se mezclaba entre tristeza, enfado, nerviosismo, derrota...

- Espera vamos a hablar tranquilamente.

- De qué quieres que hablemos.  ¿ Cuánto tiempo hace que has dejado de quererme,  me has querido en algún momento?  ¿Cuánto tiempo hubieras esperado sin decir nada sino hubiese sido yo el que dijera algo sobre esto? No creo que haya mucho que hablar,  Yo te quiero y tu a  mi no. No veo mucho que añadir a eso... no sé.

- Es que no es tan sencillo, no creas que no me gustaría quererte, pero es que... simplemente, no me sale.

Aaron sentía como su amor gritaba ser quemado, y se quemaba, y ardía consumiéndose en fría perplejidad. Fingió  no importarle demasiado. Preguntó que deberían hacer, cosa que ella sin demasiados argumentos no pudo responder,  ya que las lágrimas comenzaron a brotar por sus mejillas.
Él se sentó un instante junto a ella y le pidió que no llorara,  no debía de llorar sino todo lo contrario, ya no tendría que fingir más, a partir de ese momento sería libre en sus pensamientos, en sus actos.
Se marcharía al campo.  Aaron  trabajaba en una  zona agrícola propiedad de su hermano y sabía que  tenía bastante espacio para acogerle, no la llamaría, dejaría reposar todo aquello durante una temporada, pero tampoco se marcharía demasiado lejos.  En el fondo tenía miedo a alejarse tanto como para que cuando se diera cuenta hubiera otro hombre en sus brazos.  La amaba sinceramente, y quería ser el hombre que llenara su corazón, pero hasta que ella no lo llamara o fuera en su busca no la molestaría. Eso fue lo último que le dijo antes de cerrar  la puerta  y marcharse en la motocicleta.

...


Los días fueron pasando... primero lentamente, podía contar los minutos que pasaba alejado de ella, se preguntaba constantemente como estaría, porqué no llamaba.   Después los pensamientos fueron expandiéndose en el tiempo, los días de trabajo en el campo fueron pasando, la cosecha que recogían terminó... y llegaron otras, otras y otras.... las horas se hicieron días, los días meses,  el tiempo pasó y ella nunca llamó.


Ahora cuándo Aaron lleva a su hijo David a entrenar  al campo de fútbol suele encontrarse con ella, la observa a distancia, sentado en la grada, mientras anima a su David (Delantero del equipo Junior del pueblo)
Apenas se hablan, a veces es ella la que a distancia le levanta discretamente la mano para saludarle, él le devuelve el gesto y la sonríe,  observa a la niña que corretea a su alrededor, ve como se despide de la pequeña que sale al trote directa a las clases de atletismo.  Hay días que viene acompañada de Juan, el hombre que llegó de lejos y terminó casándose con ella.
Los años han sido como una estrella fugaz, tan pronto la descubres termina desapareciendo... y su recuerdo es tan efímero que piensas si en verdad la viste o fue un simple destello... -así es como recordaba aquellos días tan lejanos y perdidos en el tiempo-

Da palmas y anima a grito limpio a su niño mientras su mirada se desvía hacia ella, que sigue recogiéndose el pelo con la misma soltura, sigue utilizando aquellos zarcillos que tuvo perdido durante meses y que él encontró detrás del mueble azul.

Todo se desvanece...  como agua que se la lleva la corriente.  Cuando Ana aparece por el recinto es a ella a quien dirige su mirada, todo desaparece...  Que diferente hubiera sido su vida sin ella, le devolvió la luz en una vida que quedó a oscuras, cuanto miedo tenía y que grande era el abismo en que se encontraba...
Ana fue valiente, y paciente, sabía que Aaron era el hombre de su vida. Cuando llega a su lado siempre se deja caer entre sus brazos y le da un beso, le atusa el pelo para arreglarle el flequillo porque siempre  dice que anda despeinado. A veces esperan un rato en las gradas, es muy delgada y apenas le pesa cuando se sienta en su rodillas, le gusta su olor y el tacto de su mano.
David siempre llega agitado y sudado, ella le da un beso y le dice que es un gran deportista mientras que volvemos los tres a casa,  ya apenas pienso en ello pero a veces recuerdo que...

Fui yo quien hice saltar la chispa 
para ver cómo todo se destruía
y acabé quemándome...
en su fuego


Ana me quería, me quería sinceramente, curó mi corazón y lo llenó de vida y risas, cuando la miro, descubro el verdadero  significado del amor, ese que no se puede explicar, que simplemente se siente,  ese que se convierte en el primero porque todos los demás desaparecen sin más.
... Y Aaron la quiere, la quiere sinceramente, llevan una vida sencilla,  familiar y sin demasiados lujos. El trabajo de sol a sol y las atenciones de su hijo apenas le dejan momentos para disfrutar de ratos de soledad...  pero él siempre  busca ese momento para cantarle su canción, esa que cuenta todo lo que siente y que nunca cree saber expresarle.









Tú llenas todos mis sentidos 
Como una noche en el bosque 
Como las montañas en primavera 
Como un paseo bajo la lluvia 
Como una tormenta en el desierto 
Como el tranquilo oceano azul 
Llenas todos mis sentidos 
Ven, vuelve a llenarme de nuevo 

Ven, déjame amarte 
Déjame darte toda mi vida 
Déjame ahogarme en tu risa 
Déjame morir en tus brazos 
Déjame permanecer a tu lado 
Déjame estar siempre contigo 
Ven, déjame amarte 
Vuelve a amarme de nuevo 

Tú llenas todos mis sentidos 
Como una noche en el bosque 
Como las montañas en primavera 
Como un paseo bajo la lluvia 
Como una tormenta en el desierto 
Como el tranquilo oceano azul 
Llenas todos mis sentido 
Ven, vuelve a llenarme de nuevo

martes, 10 de diciembre de 2013

Ed

Era costumbre ir a correos una vez al mes. 
Desde hacía ocho años cada vez que abría el buzón de apartado de correos tenía el pensamiento de encontrar su carta, al principio era intenso pero con el tiempo se convirtió en una   banal  idea.

Unos imprevistos hicieron que aquel mes tardara unos días en abrir el buzón.  El corazón dio un brinco al ver el sobre color azul, ese detalle descartaba cualquier duda, se trataba de la carta que estaba esperando casi una década.

No quiso abrirla hasta llegar a casa,  tener todas las puertas y ventanas cerradas, sentado en una silla de su hogar  sintiéndose a salvo.


" No voy a andar con rodeos, sé que estas esperando esta carta desde hace muchos años.
El tiempo se ha cumplido  y por fin saldaremos nuestras deudas, estoy agradecido por tu trabajo. Tu silencio ha sido  gratificante y satisfactorio para todos.

A 238 km. al norte  de donde estás,  hay  un lugar llamado Colina Blanca,  deberás andar un rato después de llegar al desvío.  Sabrás donde dirigirte porque el edificio aunque en ruinas se ve a distancia. Una vez allí sube hasta la segunda planta, tranquilo, las escaleras aguantan, cuando las subas  sólo tienes que dirigirte a la habitación 267.
Espero que no tuvieras planes para el puente festivo, nos veremos el día 7 a las cinco de la tarde. "
La firma le trasladó a tiempos olvidados...       firmaba como Ed.


...

Al bajar de su Volvo 4x4 sintió el frío. No le gustó tener que andar el embarrado trayecto y manchar sus zapatos.  Sabía bien donde dirigirse, no tardó demasiado, posiblemente porque su paso era acelerado...

El edificio era un viejo geriátrico u hospital  que  fue cerrado hace años, lo conocía porque había escuchado historias de maldiciones y fantasmas, un lugar perfecto alejado de todo e ideal  para un encuentro que nunca sería confesado.  
Entró en un demolido edificio. Subió con cierto temor las escaleras llenas de escombros y desechos, paseo por el pasillo hasta encontrar la habitación 267.   Aunque era un hombre frío y curtido,  el estómago se le removió al dar el primer paso  justo al entrar a la habitación y ver su silueta a contra luz.

- Puntual como siempre.  Aquella frase fue el saludo del firmante Ed.

- La ocasión  lo merece.

Apenas lo reconocía, demasiado delgado, demasiadas arrugas... demasiados años pasados.  Al llegar junto a  Ed le brindó la mano para estrecharlas a modo de saludo.
Ed se levantó, el apretón de manos fue enérgico, efusivo.  "Dame un abrazo joder"   El abrazo de lo mas masculino y bruto dejaba claro que pese a todo su amistad perduraba.

- Bueno...    -sacó unos documentos del bolsillo interno de su chamarreta-  aquí lo tienes, hay un poco más en agradecimiento.

- Esto no era lo acordado...

- Que quieres que llegara con un baúl, dos baúles de dinero...  los tiempos cambian, estas cuentas son seguras, tranquilo... de echo llevan allí un par de años.

Ojeó los documentos. - Eduardo... siento que tuvieras que pasar tantos años en la cárcel, intenté hacerte llegar todo lo que pudiera hacerte la vida mas cómoda allí dentro.

- No te preocupes, lo sé y te lo agradezco, has sido de gran ayuda y no lo olvidaré nunca.

Hubo un instante de silencio.

-Espero que no lo malgastes Alejandro...  Se levantó de la silla intuyendo que se acercaba el momento de despedirse.

- No lo haré, ahora soy un tipo respetable. 

-  Te has casado?
Alejandro simplemente asintió con la cabeza mientras metía los documentos en su bolsillo interior.

- Pues trátala bien y hazle un buen regalo, gasta un poco de dinero en diversión.

Alejandro carraspeó un poco y decidió aclarar algo.

- No es ella, es él.

Eduardo que parecía tener toda la intención  de haber comenzado a salir por la puerta paso a paso, se paró  en saco, sus ojos expresaron sorpresa.

- Nunca pensé que decidieras vivir con la verdad, entonces... ¿te has casado?

- Si.

- Pues Si que has cambiado Alex, siempre pensé que vivirías en tu nube de mentiras,  encontrarías una mujer con la que casarte y un hombre a quien amar.  Me alegro mucho por ti.  -Volvió el silencio- Bueno... yo también voy a celebrarlo pero antes debo coger un avión.

-Donde vas?

- Voy a perderme en algún lugar de los Mares del sur, siempre he pensado que es un buen lugar para que un pirata se retire,  así que desembarcaré en cualquier playa y gastaré todo mi tesoro. Aunque debería vivir mas de una vida para poderlo gastar.  Le dio la mano para estrecharlas esta vez a modo de despedida.

Sus manos se estrecharon con efusividad, con fuerza y aparente masculinidad. "Nunca olvidé al primer hombre que amé"  El abrazo llegó esta vez de forma espontanea,  "Te llevo siempre en mi recuerdo, nunca he dejado de quererte, pero esto es lo mejor, todo lo que no sea poner distancia por medio sería un riesgo.  Al menos hasta que tus cosas prescriban porque las mías ya las he saldado "

Eduardo reconoció en ese momento al mismo joven alocado, sin prejuicios ni miedos que conoció cuando trabajaban en el negocio que les hizo tener baúles de dinero,  a ese jovencito que le miraba distinto, y que en un par de años se convirtió en el amor que no se olvida, el que se queda impregnado en ti formando parte de ti mismo.  Quizás no debería haberlo hecho, pero... acercó sus labios a los de Alex y le dio un beso en la comisura de la boca, Alex reacción lentamente,  le besó,  se fundieron en un beso que ya conocían,  que ninguno había olvidado, que ninguno quería olvidar.

- Lo siento.  No se sintió bien pensando en que Alex tenía pareja. Alejandro hizo un gesto de complicidad para dejar claro que aquel beso también lo deseaba él.

- Bueno, deberíamos marchar, está oscureciendo.

- Si, marcha tu primero,  yo lo haré después, es mejor así,  nunca se sabe donde puede haber ojos mirando.

...

Varios días después todo volvió a la  normalidad,  ese paréntesis en su vida había convulsionado sus sentimientos durante algunos días,  a pesar de ello actuó con cabeza, metió en su caja fuerte bancaria aquellos documentos,  arregló con su abogado  los trámites y vio que todo estaba en orden tal y como le anunció Eduardo.

Roberto, el compañero de Alejandro no pasó desapercibido  un cambio en el humor de  su amado. Pensaba que era a causa del trabajo, de la melancolía de las fechas que se acercaban,  pensaba que si él no contaba lo que le rondaba por la cabeza  no sería de vital importancia, pero a pesar de ello no podía evitar mimarle especialmente.  Lo conocía lo suficiente como para sorprenderle cada día con algún detalle, pequeño, sencillo pero de los que se quedan en el corazón y en el recuerdo perpetuo.
Faltaba algunos días para Navidad cuando Roberto recibió un regalo que difícilmente olvidaría en muchos años.
Alejandro le pidió que fuera al garaje para reponer algunos botellines de cerveza y meterlos en el frigorífico,  cuando al entrar descubrió una impresionante y flamante motocicleta ... la moto de su sueños le esperaba en el (hasta ahora) solitario garaje.

- Te has vuelto loco, es demasiado, vas a estar pagándola durante años, es demasiado cara cariño.

- Ya está pagada, es tuya.

Roberto  le abrazó efusivo, y se lo agradeció repetidamente una y otra vez...  Se puso el casco y le dio otro a Alejandro para dar una vuelta;  en ese momento, ya! sin esperar.   Alejandro le dijo que fuera a probarla solo, sabía que en soledad la moto se probaba mejor.
Insistió pero al final Roberto  arrancó la moto y se dirigió él solo a la carretera nacional para hacer kilómetros...
En el trayecto pensó que posiblemente su cambio de humor, aquellas rarezas que había tenido en las últimas dos semanas se debía a aquello,  no tenía claro de donde podía haber sacado todo el dinero que costaba la moto... pero por otro lado podría haber estado ahorrando, Alejandro trabajaba, trabajaba mucho, no tenía un gran sueldo pero era bastante para vivir muy bien.
Tres horas después Roberto estaba en casa.
Alejandro le vio llegar, estaba tan guapo, sonrió cuando lo vio bajar de la moto y quitarse el casco, se dirigía a casa con su mejor sonrisa, con los ojos iluminados,  sabía que era feliz, y eso lo hacía feliz a él.  Lo amaba de todo corazón...  nada impediría que pasara toda la vida a su lado.








viernes, 6 de diciembre de 2013

Saudades II



La melancolía contaba lentamente las horas,
retales de un pasado repleto de vivencias y emociones,
recuerdos de una vida que antes se pintaba en colores,
A pesar de todo continuaba hacia  adelante,
con la cabeza agachada y mirada perdida en un horizonte que se adivina del mismo color que la arena que pisaban los zapatos.
Tenía la sensación de estar dando vueltas a un circulo diabólico.

Entonces el tiempo se detuvo, y algo surgió desde mis adentros,
Comencé a elevarme del suelo, a flotar en el aire,
podía ver los rayos de sol paralizados en el espacio...
cada brizna de aire se mostraba ante mis ojos con una claridad que jamás creí contemplar,
contemplé el camino que había recorrido;  cada piedra, cada flor...
Recordé cada beso, todas las sonrisas, y los llantos. Lo comprendí.
Tenía la sensación de estar dando vueltas a un circulo diabólico.

Anduve  tan perdida, descuidada, confundida,
tan seco el corazón,
Tan ciega anduve que a punto estuve de no ver tu brillo entre toda la oscuridad.
Tenía la sensación de estar dando vueltas a un circulo diabólico.


... Y entonces  encontré la tarde de sol que guardé en el bolsillo, la sonrisa risueña que nada pretendía,
tesoro que nadie podrá arrebatarme...
Guardaré el calor de mi piel por si vinieses...






miércoles, 4 de diciembre de 2013

Extraordinariamente divertido III

Las luces de la Navidad habían llegado a la calle de los Robles al igual que en toda la ciudad.  La nieve había hecho acto de presencia y se posaba por los árboles, los quicios de las ventanas, las fuentes de los parques y los bancos de los jardines...

Faltaban pocos días para noche buena y eso parecía provocar en todos un peculiar estado de nerviosismo. El bullicio de las calles  era a ciertas horas insoportable, todos querían tener sus compras preparadas, todos parecían reunirse con los amigos sólo en aquellos últimos días del año.

En el ático de Marisa era todo paz y sosiego. Hacía un par de días que Eusebio había desembalado el árbol navideño y lo había montado en un rincón del salón,  junto a la ventana, Marisa  ponía pocos adornos en él, algún dorado, muchas luces blancas  y todas las postales  que sus amigos le mandaban en el año. Eusebio estuvo largo rato leyéndolas y mirando las fotos de todos los rincones del mundo donde Marisa tenía amigos.

Una de esas mañanas planearon ir juntos a  casa de Eusebio,  se levantaron temprano para no llegar demasiado tarde.  Sería sobre las 11 de la mañana cuando introdujo las llaves en la puerta. Era una casa grande, Marisa se sorprendió al verla.  Se notaba que era muy antigua pero se conservaba muy bien. Estaba bien pintada, bien decorada,  no muy moderna pero tampoco desfasada en el tiempo, digamos que con estilo personal y funcional.

- Ven, quiero enseñarte una cosa.  Cogió de la mano a Marisa y recorrieron un largo pasillo, al final,  una puerta a la izquierda.

Eusebio abrió la puerta y sin encender las luces dieron un par de pasos hacia dentro.  Marisa enmudeció. "nunca me dijiste que tenías esto".    El habitáculo era grande, no demasiado pero lo suficiente, enfrente,  un amplio e inmenso espacio central de la pared estaba ocupado por una lona blanca muy  similar por  no decir exactas a las de las salas de cine,  alineados (no  más de veinte),   unos butacones con aspecto de ser de lo más cómodos, junto a ellos, a la izquierda, un reproductor de cine, una amplia estantería donde se intuía había una  gama cinematográfica nada despreciable.

- Aproveché un trozo de lona rota que iban a tirar. El proyector se quemó... se supone que iba para la chatarra pero mira... sólo tuve que comprar un par de piezas y mira, apenas lo he probado, un par de veces, me fui contigo y lo olvidé.


Este hombre era una pura sorpresa, cuando parecía que no había mucho más que saber de él te ponían ante tus ojos una nueva faceta, un nuevo capítulo de su vida.
Recorrió varias estancias de la casa y fue recogiendo cositas de aquí y allá... mientras,  Marisa fue paseando por la casa, sin mas intención de mirar los pequeños detalles, las fotos y los cuadros de las paredes, las vistas de las ventanas...  hasta que decidió sentarse en el salón.

Abrió la ventana, el sol entró y regaló un poco de su calor,  era ya casi la hora del almuerzo,  habían quedado en llamar a uno de esos establecimientos de comida rápida.
El hombre se sentó un momento en uno de los sillones del salón, se incorporó y fue abriendo algunas de las cajas de maderas que a modo decorativo descansaban sobre una mesita baja...  barajas de cartas, libritos de teléfonos personales, bolígrafos... un paquete de cigarros...  lo cogió entre sus manos y observó que aún quedaba alguno, lo lanzó a la mesita.  Junto al sillón, de rinconera había un mueble con algún libro y álbumes de fotos, Marisa los había estado mirando hacía unos minutos.
Eusebió cogió uno de los álbumes...


Marisa recorrió presurosa el pasillo al oírle  llorar.

- ¡¡ QUÉ PASÓ !!

Se sentó junto a él buscando una explicación a su llanto.

- Hoy no estaba preparado para verlos.  Tenía el álbum de fotos cerrado entre  sus manos.

- ¿ A quién ?

Buscó con las manos temblorosas el paquete de cigarrillos y encendió uno, a Marisa le sorprendió, nunca lo había visto fumar más que en la cena de Navidad de la empresa hacía un año.

- A Sveta  -balbuceó, se retiró las lágrimas del rostro, volvió a abrir el álbum y se lo cedió a Marisa-

Marisa miró las fotos  mientras que el desconsolado hombre le narró una historia que ocurrió hace años en un lugar con nombre impronunciable para ella. Sveta era la madre de su hijo  Nikolay, la conoció porque trabajaba en una tienda de discos  en la que solía comprar.  Él trabajaba  en un bar cercano, tuvieron una relación de siete años... un día Sveta volvía con Nikolay a casa,  la carretera tenía demasiado hielo, el coche patinó y no pudo controlarlo, cayeron por un puente  a un río helado.

- Hoy no estaba preparado para verles, hacía mucho que no veía estas fotos,  he pensado en quemarlas, en destruirlas...  porque el verlas es un constante martirio.



 Nació un Viernes a las cinco y cuarto de la tarde.
Tenía los  ojos de su madre, y sus pies eran iguales que los míos. 
No lloraba nada, era un bebé muy bueno, a veces lo cogía en brazos para darle vueltas por la plaza.




A los tres años lo llevaba mucho al zoo, le gustaban los gorros,  no podíamos salir sin ellos.
Siempre quería que nos hiciéramos fotos con ellos puestos.
Le gustaban las piruletas, a Sveta no le gustaba que comiera chucherias, y se las compraba en secreto, nos hacíamos fotos comiéndolas para que cuando Sveta fuera a recogerlas del rebelado descubriera nuestro secreto.



Aunque no te lo creas fue mi primera relación, la quise tanto...  pensé que enloquecía en aquellos días, no pude marcharme de Rusia, tenía la extraña sensación de que si me marchaba los olvidaría...
 - Acarició la foto-
Han pasado seis años, creí que no volvería a vivir más, desde entonces estaba tan cansado,  la pena pesa mucho, mucho, demasiado, te agota, te machaca el alma, estaba convencido de que no amaría a ninguna otra  mujer ...  estaba tan  equivocado...  Nunca hubiera imaginado que tenía que volver,  que tenía que hacer justo lo contrario de lo que mi corazón me mandaba para seguir adelante, para encontrar a la mujer que me resucitaría.




Marisa estaba atónita, paralizada, lo que estaba escuchando sonaba hueco en su cabeza, se sentía aturdida, qué  podía decirle que no sonara a frases hechas, ella tampoco estaba preparada para escuchar algo así, las fotos tomaron un cariz fantasmagórico, triste,  mirar esas fotos hacía que tu alma se rompiera y ese peso del que hablaba Eusebio se asentaba en tu pecho, casi no podía hablar por la congoja.

- No sé que decir para consolarte, me gustaría desear que estuvieran aquí contigo, que no hubieras tenido que pasar por esta tortura,  pero no puede ser, no puedo ni imaginar el dolor que sientes y la pesadilla que has  tenido que vivir. Sólo quiero que sepas que si te puedo ayudar en lo que sea, cuenta conmigo.    -Le retiró los restos le lágrimas mudas que aún recorrían  su rostro, de esas que caen sin apenas quererlo-  ¿Sabes lo que vamos a hacer? Vamos a comer fuera, al bar de los candelabros azules, pasaremos el resto del día por ahí haber a donde nos lleva.

Así lo hicieron, almorzaron en el bar favorito de Eusebio,  después pasearon un rato por el parque hasta llegar a "Roca dura" un bareto donde había billares, juego de dardos ...  Llevaban un rato cuando entraron  Antonio y Carmen por la puerta, Eusebio miró a Marisa cómplice,  teniendo la certeza que había sido ella quien los había llamado.  Finalmente pasaron una tarde divertida los cuatro jugando al billar y tomando alguna que otra cevecita.
Antonio los llevó a casa, antes de que cerraran la puerta del vehículo, les recordó que en dos días era su barbacoa.

...

Cuando llegaron a la casa de Antonio y Carmen todos habían llegado, el ruido de las risas se escuchaban en el patio trasero, casi todos eran familias con hijos.  Carmen le presentó a las chicas a Marisa.
Ella y Eusebio apenas se vieron en toda la tarde, ella con las mujeres hablando de los niños, los colegios y de recetas caseras,  él con los hombres hablando de  fútbol, política,  y de motores.  Ella descubrió que los tiempos no cambian y que aquella escena era gemela a cualquiera de las que recordaba de sus padres cuando ella era pequeña y se juntaban con amigos.
Todos se fueron marchando y cuando se dieron cuenta eran ellos los últimos en marcharse, "quedarse a cenar, además podéis quedaros en el sofá-cama".
A ambos le pareció  bien,  los amigos tenían confianza para ello. La chimenea iluminó y dio calor a la velada, que en su mayoría del tiempo se enfocó a contar las viejas historias de adolescencia, antes de marcharse con el circo. Esas viejas historias los hizo llorar, pero esta vez de risa. Marisa estaba tan contenta que tenía la sensación de que el día se le había escapado demasiado rápido.

El reloj de cuco marcó las dos de la madrugada cuando ya estaban en el estrecho sofá-cama.
Eusebio se arrinconó para dejar más espacio a ella.

- Te lo has pasado bien?
- Siiii -susurró- y tú
-Si.  Has hecho buenas migas con las chicas eh?,  ¿de que hablabais tanto?
- Pues que quiere que te diga, mejor que no lo sepas, sé todos los entresijos de todos los matrimonios...  -ambos rieron-  ¿ De quien era la moto en la que te vi montado?  Se te veía muy bien subido en ella.
- Era de... creo que le llamaban Álvarez, estuvimos apretándole unas pocas tuercas, era una buena máquina.

Se quedaron en silencio,  minutos de silencio, se escuchaba el crepitar de la hoguera que a la vez iluminaba el salón con doradas tonalidades.  Él le preguntó si tenía frío y ella le respondió que no, gracias al calor de la chimenea. Ella le preguntó si estaba cómodo, él se quedó un momento parado, mudo, entonces él la agarró por la cintura y la acercó a su cuerpo, "ahora estoy mejor"  se sonriendo y él le dio un beso esquimal,  "te amo".  Ella acercó sus labios,  deseaba tanto un beso suyo...  él seguía inmóvil, con su sonrisa en penumbra dorada, "bésame" .  Solo entonces él se acercó lo suficiente y la besó,  un beso que se alargó  mucho más de lo que hubieran imaginado.

- ¿Me quieres? - susurró-
Asintió con la cabeza y siguió hablando con el mismo tono de susurro - Claro que si.  Lo que siento por ti no lo he sentido nunca, te quiero, siiii , te quiero.
- ¿  Me aceptarías como compañero, cogerme de la mano y seguir adelante juntos toda la vida ?   le cogió la mano a ella y las enlazaron.
- Si.  Viviría mil años como el que hemos vivido,  hace mucho tiempo que no imagino mi mundo sin ti. Ya  formas parte de mi vida, ya te sentía mi compañero. 

Él le dio un beso en la frente,  la volvió a besar,  acariciándola, envolviéndola entre sus amorosos brazos.  Habiendo tenido mil  momentos de soledad e intimida, resultaba irónico que aquella situación tan esperada como deseada para ambos desde hacía mucho tiempo,  surgiera  fuera de su hogar, donde  la casa ajena debía respetarse sobre toda las cosas.
 Dejaron pasar parte de la madrugada,  mudos, mirándose a los ojos, acurrucados... hasta que el sueño los venció.





domingo, 1 de diciembre de 2013

Extraordinariamente divertido II

Eusebio siempre fue un hombre de mundo. 
A los 19 años como si fuera el guión de esas viejas películas de aventuras, un circo llegó junto a la casa de sus padre. Cuando el circo se despidió de la ciudad él se marchó con el espectáculo. 
Diez años mas tarde el circo quebró justo en las antípodas de su hogar,  desde ese momento estuvo dando tumbos por el mundo, gracias a Internet mantenía cierto contacto con su hermano mayor. Andaba por algún rincón de Rusia cuando leyó un correo de su hermano contando que su padre iba a morir pronto. 
Eso fue lo que le hizo volver a casa.
Ya... rosando los cuarenta, esperó en su hogar el fatal desenlace de su padre y decidió quedarse en la casa familiar, su hermano había creado su propia familia; una exuberante mujer de pueblo, tres niños brutos y dos princesas refinadas. 
No tardó demasiado en ser el proyeccionista de uno de los cinco cines de la ciudad... Tampoco tardó demasiado en ser amigo de la mujer que trabajaba en la taquilla, Marisa.

Le gustó desde el primer día que habló con ella,  pero de sobra sabía que las prisas no eran buenas. Al principio se fijaba en ella como mujer... mujer hermosa, mujer graciosa, le gustaba su larga melena cobriza, sus uñas llenas de color, y ese perfume tan sutil como delisioso.  Con el tiempo todo se fue disipando y se convirtió en una amiga, con la que compartía horas  de trabajos, alguna que otra cena, y muchas conversaciones. 

A Marisa le gustaba el cine,  se sentaba en la silla y no despegaba la vista del hueco de la pared de proyección. A veces le preguntaba por alguna frase que no escuchó bien, y él se la repetía, ella le sonreía y no era de  extrañar que le preguntara  "¿Acaba bien?"  Eusebio siempre le respondía que no sabía...

A pesar de ser un hombre  que había conocido a toda clase de personas, malas y buenas, no pudo evitar sorprenderse cuando Marisa  le brindó su piso para que no tuviera que pasar frío camino al trabajo, el coche lo había dejado en la estacada, a pesar de ser un buen mecánico no puedo hacer nada por su viejo Ford, el motor había muerto.
Se sentía cómodo con ella, desde el primer momento le dio confianza para que se sintiera en su propia casa,  el primer día le cedió una copia de las llaves de la puerta.   Los Lunes y Martes no trabajaban y eran esos días cuando aprovechaban para hacer cosas especiales, Eusebio conocía a mucha gente, al menos eso parecía, cada semana tenían algún proyecto, puenting, senderismo,  incluso se tiraron  con paracaídas juntos.  Él veía en los ojos de Marisa la expectación, el miedo, los nervios de lo desconocido,  pero siempre se animaba hasta llegar al final y eso que él le recalcaba que si no quería no tenía porqué hacerlo, pero para ella eran experiencias extraordinarias que nunca se hubiera atrevido a realizar sino fuera por la confianza y el sentimiento de protección de le daba aquel hombre.



Eusebio hablaba por teléfono cuando Marisa  entró en casa, observó que dejaba las compras en la cocina y abría la ventana,  él se quedó junto al frigo y le anunció que debía salir, pero claro, habían planeado almorzar juntos y eso era sagrado para él, a las 14:30 h. volvería a casa.


Tan sólo tuvo que andar un par de manzanas, su amigo Antonio con el que había estado hablando por teléfono minutos antes lo esperaba junto a la cochera, hacía tiempo mientras lo esperaba mirando el motor del coche.   "Que hay... "

Antonio le explicó lo que parecía ser una avería no muy grave pero él nunca fue manitas en esto del motor, Eusebio en cambio tan pronto dio una ojeada a las tripas del auto supo que tenía arreglo, y lo mejor es que en un par de horas estaría solucionado.
Hacia demasiado frío aquella mañana de principios de Diciembre, empujaron el coche dentro del garaje y trabajaron dentro.   El coche arrancó mucho antes de lo previsto, incluso dieron una vuelta por la manzana para ver si todo fusionaba bien...
Volvieron a aparcarlo dentro del garaje.

- No dejes el coche fuera Antonio, el frío no es nada bueno para estos coches tan viejos.

- Quédate un rato. Le ofreció un cigarrillo, Eusebio no era de mucho fumar pero en aquella ocasión lo aceptó.

- Sigues en los Robles? -acercó el mechero a Eusebio y después encendió su cigarro-. Esto marcha no?  que al final vas a asentar la cabeza y a dejar de dar tumbos. 

Eusebio dio una calaba y se sentó en el suelo apoyado en la pared.


- No hay nada de lo que piensas. Al principio pensé en enredarme pero la fui conociendo y no sé, es demasiado divertida, conectamos bastante, - dio una calada al cigarro y siguió hablando con la mirada en el suelo-  no quiero estropearlo con amoríos.

- El amor no estropea nada amigo, sólo lo mejora. Si te gusta esa mujer debes ir a por ella.

- Puedes que tengas razón, pero nunca he sentido que ella tuviera alguna intensión mas allá de la amistad,  y esas cosas se notan... ya lo sabes ...  -miró el reloj, eran las 14:05 min. -
Me marcho que tengo que estar en casa a la media.

Antonio se rió ampliamente.

-  ¿ No te das cuenta?  Ya estas enredado amigo, a la media tienes que estar en casa... 

- No hay ningún tipo de enredo Antonio, no me gusta hacerla esperar.  Tiró el cigarrillo y se despidió de su amigo, volviendo presuroso a la paradisíaca calle de los Robles.




Cuando llegó,   Marisa estaba terminando de poner la mesa, le sonrió al verlo entrar y él dijo que iba a darse una ducha super rápida.

Cinco minutos después  estaban almorzando, Eusebio le dijo lo deliciosa que estaba toda la comida, y preguntó que había hecho en la mañana.

- Celeste me llamó, bajé un rato con ella y estuvimos charlando...

-De qué? 

- De nada importante, del trabajo, de las vacaciones de navidad, estaba preocupada porque hacía mucho que no coincidíamos.   Y tú donde fuiste, marchaste sin decir donde ibas.

- Con Antonio, el coche le ha dejado tirado otra vez, él ha tenido mas suerte que yo, hemos podido arreglarlo.

- Y qué se cuenta, ¿ el pequeño está mejor?

- Puf , que fallo...  no le he preguntado... pero si no me ha comentado nada es que todo estará bien.

- Y de qué hablasteis?

- Pues la verdad de poco, con el tema del coche no hablamos de mucho, no sé cuando va a hacer una  barbacoa y me ha invitado, quiere que vayas tu también. 

- Y para cuando es?

- Pues,  lo olvidé... ya lo llamaré!!


Eusebio la observó, silencioso  mientras almorzaba, recordaba las palabras de su amigo Antonio, pensaba que debería dar un poco mas  de tiempo, era bonita, era buena, le gustaba, se sentía muy bien viviendo con ella,  pero... ¿ aceptaría a un hombre como él ?  quizás como le dijo Antonio, ya lo había aceptado hacía meses, y el último en darse cuenta era él.

Marisa disfrutaba verle rebañar el plato, parecía tener la misión de equilibrar con aquellos suculentos platos todo el hambre que había pasado en tierras Rusas.  Recordó el veredicto final que había sentenciado su amiga Celeste,  " No sé si eres consiente de lo que me estás contando pero a mi me dejas claro que estás enamorada de esa maravilla de hombre, no lo dejes escapar" .   No se lo había planteado seriamente, sólo sabía que la convivencia con él le estaba aportando más que cualquiera de las historias que había tenido antes,  le gustaba tenerlo en su vida y si algo tenía claro es que ya no imaginaba su vida sin tenerlo cerca, puede que ese fuera un importante punto de partida.

De forma excepcional pasaron aquella tarde en casa,  a media tarde comenzó a llover y eso hizo dejar para mañana los planes de  aquella tarde.

Se fueron a dormir pronto aquella noche.  Curiosamente a pesar de llevar meses viviendo juntos, no habían  solucionado el tema de la cama, o quizás si...
Los primeros dos meses Eusebio durmió en el  sillón  a pesar de que Marisa tenía una hermosa cama de matrimonio, herencia de  haber tenido pareja tiempo ha...   un día ella dijo no importarle  compartir la cama, era demasiado grande para ella sola. Él lo vio razonable,  desde entonces hacía ya muchas lunas dormían uno junto al otro. Se enfundaban  sus pijamas y ninguno invadía el espacio del otro, sólo en verano Eusebio se permitía la licencia de dormir a pecho descubierto.

- ¿ Duermes ?

- No

-Aquella noche los pensamientos no les dejaban descansar, los amigos agitaron ideas dormidas, ideas que habían descartado o ni siquiera se habían planteado -

Eusebio decidió aclarar un poco sus ideas...

- Mañana me vuelvo a casa.

- pero... ¿pero porqué?

- Bueno, no quiero abusar de tu hospitalidad ni de tu generosidad, me iba a quedar unas semanas para evitar el frío del invierno y si no te has dado cuenta voy a pasar aquí el segundo invierno, hasta dentro de tres o cuatro meses no tendré dinero para el coche.  Y bueno,  algún día tendría que marcharme.

Marisa enmudeció, aquél silencio empezaba a aclararle  cosas a Eusebio.

- ¿No dices nada?

- No se qué decir, no me esperaba escuchar esto hoy...  me he acostumbrado a que estés en casa, me siento cómoda contigo, tu compañía no es ningún acto de generosidad sino un regalo que la providencia me ha dado,  te echaré de menos.   - su voz se notaba temblorosa, la oscuridad de la habitación provocaba que no pudiera ver su rostro-

- Yo también te echaré de menos, me estoy acostumbrando a una vida fácil.

-  ¿Entonces porqué te marchas?


- Pues porque creo que ha llegado el momento. Aunque tienes razón, no sé... yo también estoy bien contigo, demasiado bien diría a veces, quizás debería habértelo planteado de otra forma, puede que estuviera hablando en voz alta sin saber muy bien lo que quería en verdad...

- Espera a tener el coche,  aquí estamos a quince minutos del trabajo.

-Esta bien, pasaré un invierno más comiendo tus deliciosos caldos y con tus cariñosos  cuidados.


Aquella noche en mitad de la madrugada Eusebio despertó, dormía como de costumbre dando la espalda a su compañera de sueños,  por primera vez ella había invadido su espacio de la cama, acurrucada en él había pasado su brazo por encima hasta apoyarlo en su pecho.  Él no movió ni un músculo, permaneció inmóvil, volvió a cerrar los ojos teniendo  su vieja y casi olvidada sensación de Macho Alfa...   Aunque con ella todo iba a ser distinto.